La ventana del corazón nos lleva a recordar a nuestros guías, a ver más allá, a encontrarnos con los que nos aman, a mirar una vez más el hogar y recuperar fuerzas para continuar en la vida.

Mirar a través de la ventana del alma es recordar y comprender nuestra historia personal, el sentido de la vida y el ciclo vital de  persona que regresa a la Tierra, una reencarnación más, una posibilidad nueva para vivir, amar, sentir al Universo.

Los ángeles, cada día apoyándonos en nuestro camino, nos hablan con un gesto bondadoso, de amor y crecimiento a través de la mirada a historias que nos elevan y nos permiten recordar.

La Ventana del Ser es un libro de pequeñas narraciones, leyendas e historias de poder que nos recordarán la trascendencia de las experiencias personales.

Autor: Altaïr García Alonso

ISBN: 978-84-616-1459-2

Nº Páginas: 238

Formato: PDF

Precio: 4€

 

Extracto “La Ventana del Ser”:

Consciente

Carmina tenía frío. Siempre tenía frío cuando iba a casa de su abuela. Parecía que el aire de aquella casa le molestaba. Sin embargo nadie más tenía frío, sólo ella. Se miraba la piel de gallina. A veces incluso se tenía que
poner una manta por encima de la chaqueta y otras veces empezaba a toser y tenía que irse. No quieres estar conmigo nietita, por eso tienes tantas ganas de salir de aquí. No es eso abuela, sólo es que tengo mucho
frío en esta casa, debe de haber una corriente de aire frío.

Cuando Carmina fue al curso de Flores de Bach, ella quería aprender alguna técnica para trabajar con niños, no pensó que le ayudaría tanto. El profesor sabía de muchas cosas, parecía que había leído muchos libros; además, decía que a veces les escuchaba, él aseguraba que todos podían escucharles.

-¿Cómo son? – le decían.

-Son ángeles, son maravillosos.

-Háblanos de ellos, háblanos, qué te dicen, cómo te lo dicen… Todos queremos aprender.

Carmina no sabía si creer o no creer, pero sentía tanto gusto escuchando sus palabras que no le importaba si era verdad o mentira.

-Dicen que es posible la paz en el planeta, que debemos trabajar más entre nosotros, juntos, en planes conjuntos, que debemos empezar a crear sociedades sin dinero, sin economía, y unir nuestras familias para que nuestros hijos crezcan y aprendan juntos. Hablan de que habrá un único pueblo en el futuro y que cuando morimos, todos nos reconocemos y recordamos todo, y entonces comprendemos lo breve que es esta vida, igual que un suspiro en el firmamento.

-¿Y por qué decidimos venir aquí? ¿Qué te dicen? ¿Por qué vivimos la vida?

-Buff, muchas cosas… A veces dicen que es una misión de luz, otras para amar a la humanidad, a otras personas les dicen que para aprender, pero hay algo en común. Venimos a sanar una herida muy antigua, una herida que todos tenemos, de estar separados del origen. De estar solos y apartados del padre.

Carmina no preguntaba nada, todos preguntaban menos ella. Le decían que preguntase, que no fuese tonta, que aprovechase el momento, que era una ocasión única… Y ella respondía que no tenía nada que preguntar. Ya casi al final se atrevió y dijo:

-En casa de mi abuelita siempre tengo frío, ¿por qué? ¿Ella se está muriendo?

-Sí y no. Tu abuelita está muy triste. Hace muchos años tuvo una hija enferma y murió, se quedó a su lado y no la deja irse. Ella quiere marchar a otro plano más elevado pero tu abuelita quiere que tu antigua tía se quede con ella.

-¿Y qué puedo hacer? Recuerdo a mi tía, ¡murió hace más de 20 años! ¿Cómo puede estar en esa casa todavía?

-Mientras tu abuela no le deje irse, allí se quedará.

-Ayúdale cantando una canción con ella, llévale alegría. Y un día dile al oído: “es tiempo de olvidar”. Ella lo entenderá.

-¿Cómo le voy a decir eso? Me da vergüenza, me da miedo lo que pensará. No me atrevo a decirle algo así.

-Haz una cosa, si te pregunta dile que no sabes cómo se te ocurrió, que querías decir otra cosa. Así se callará. Pero verás que no te preguntará nada y si lo hace no te dará miedo su pregunta.

Así lo hizo, fue a visitar a su abuelita. Ella estuvo con mucho catarro una semana y se sentía muy cansada.

Entonces se sentó con ella y le dijo:

-Mire abuela la canción que aprendí con los niños en la escuela:

Sube sube el sol en la mañana;

Baja baja el sol al atardecer;

Sube sube la luna cuando es de noche;

Y desaparece cuando es de día otra vez…

-¿Verdad que es una canción muy bonita?

A la abuela se le caían las lágrimas.

-¿Por qué llora, abuela?

-Recordé algo nietita, no ocurre nada, es sólo que había una muchacha que me cantaba canciones hace mucho tiempo y la recordé ahora escuchándote cantar. Siempre cantaba canciones diferentes, igual que tú hiciste ahora. Gracias por recordarme.

-Ay, abuela, qué cosas tiene. Ya me tengo que ir, déjeme que le dé un beso.

Carmina se levantó y se fue hacia su abuela, por detrás de la silla le dio un abrazo rodeándola desde su espalda y le dijo muy bajito, susurrando:

-Es tiempo de olvidar…

-No te escuché nietita, ¿has dicho algo?

-Digo que es tiempo de olvidar. Las cosas viejas es bueno olvidarlas abuela, para dejarlas ir. Es tiempo de olvidar.

Lo dijo alto, con fuerza, con miedo, con vergüenza, pero claramente. Y la abuela le dijo:

-Claro que sí nietita, claro que es tiempo de olvidar. No sé cómo no me di cuenta.

Al día siguiente llamaron por teléfono a Carmina, la abuela había ido al hospital. Su catarro se había puesto mucho peor y estaba ingresada, no se sabía que pasaría. Carmina estaba asustada, se sentía culpable.

Fue al hospital y nada más llegar, la médico avisó que a la abuela le quedaban unas horas de vida, estaba despidiéndose del cuerpo. La familia emocionada entró a la habitación y se despidieron con mucho cariño, estuvieron con ella toda la tarde y al entrar la noche la sintieron abandonar su cuerpo.

A la semana Carmina fue a casa de su abuela. Estaba vacía. Su madre y su hermana mayor habían limpiado rápido la casa de todos los recuerdos que las asustaban, recuerdos de su tía sobre todo. Pero Carmina era más joven, apenas lo recordaba. Su tía murió con una enfermedad muy rápido, la abuela sufrió mucho y guardaba todo de ella.

Cuando Carmina pasó por la casa sintió calor, no sentía frío. Había incluso una energía muy bella, muy dulce, como si un ángel mirase la casa. Y Carmina escuchó claramente:

-Sé que estás aquí Carmina, buscándome. Ya me fui y estoy en paz.

Carmina se puso nerviosa. Esa no era la voz ni la sensación de su abuelita, sino de su tía. El ángel de su
tía había limpiado la casa de su abuela, y como la abuela le había permitido irse, la había ayudado también
a morir en paz.

Carmina regresó a su casa asustada. Esa noche tenía miedo de otros seres de otros planos, y al día siguiente se despertó sintiendo todo mucho más, los seres sutiles, los planos, los ángeles.

Regresó en dos días a ver al profesor de Flores de Bach, a preguntarle qué le ocurría.

-No te ocurre nada, Carmina, sólo que has aprendido a escuchar. Aprendiste a diferenciar tu voz de la de ellos.

-¿Y dejaré de escucharla algún día?

-A veces será una voz más fuerte, otras veces más suave, pero debes aprender a vivir escuchando, ahora es parte de ti esa sensibilidad.

-¿Y qué puedo hacer? Me asusta. Oigo y siento cosas que no quiero oír y sólo llevo dos días percibiendo esto. ¿Qué tengo que hacer? Pensé que me ayudarías.

-Mira, Carmina, este camino es muy largo, sólo diste unos pasos para entrar en él. Ten calma, ten paciencia. Pide a tus guías que te acompañen y te guíen en cada paso que des, y ellos estarán contigo. Te aman, te entienden, te escuchan. Ellos te apoyarán en el camino que has iniciado. Yo puedo enseñarte lo que sé, pero no es mucho. Algún día tú sabrás mucho más de lo que yo sé, y ese día no está muy lejos. Es mejor que inicies este camino comprendiendo que hay gente como tú, que no eres única, pero tampoco que pienses que puedes detenerte o apartarte de él. Ahora puedes ayudar a la gente, escucharla, hablarles desde el corazón. Es un trabajo de luz que no puedes dejar de hacer por más que quieras. Es una responsabilidad.

-Gracias, pero tengo tanto miedo… Tengo tantas dudas de mí.

-Puedes dudar de tu miedo, de tu ego, pero de ti misma, ¿cómo? Tú te has traído aquí.

-Carmina, escucha: siento mucho lo de tu abuela. Ella tenía que partir ya, tenía mucho dolor en la vida y ahora
está en paz.

-Gracias -Decía Carmina llorando-. No sé por qué pero lo sabía. Gracias. Necesitaba escucharlo.

-Pronto éste será tu trabajo. Si quieres puedes comenzar ayudándome, escuchándome, pero tú lo harás
a tu modo, en tu tiempo, a tu manera. ¿Entiendes? Todo se dará en su forma.

Carmina regresó a su casa, habló con su abuela y su tía mentalmente y lloró emocionada de saber que estaban bien. Al día siguiente estaba feliz, como si un ángel le hubiese estado hablando toda la noche. Se sentía en paz y con el corazón abierto. Ya no volvió a dudar de que pudiesen existir ángeles o seres en otros planos, cada día vivía sintiéndolos con más fuerza.