Antiguamente existían enseñanzas místicas mucho más avanzadas, enseñanzas espirituales que ayudan a comprender que todo es una ilusión. Hoy, sin embargo, las enseñanzas espirituales parecen limitadas, como si estuvieran explicadas a niños pequeños.
Cuando conoces a una persona con capacidades psíquicas o cuando investigas un poco, rápidamente llegas a la conclusión de que hay algo que no se te muestra, algo que no te enseñan. Intuyes que hay algo poderoso, espiritual, que poco a poco se pierde y se olvida, se ignora y se evita mencionar.
Las enseñanzas espirituales son completas en parte, no es real que exista algo secreto, sino que simplemente las sombras de tu propia mente no te permiten ni si quiera escucharlo.
La sabiduría no está oculta, ni es secreta, está ahí, al alcance de tu mano.
En los retiros a veces realizo prácticas en que cada uno pide algo que necesita en su vida, y observa su deseo, y trabajamos a partir de ello. La pregunta suele ser: ¿Hacia donde quieres ir? Entonces vamos viendo qué te obstaculiza en tu vida para llegar allí, o que pasos tienes que dar para lograrlo.
Para mí, el trabajo no es conseguir lo que uno desea, sino la comprensión de que eres capaz de lograr que tus sueños se hagan realidad, igual que eres la única persona capaz de sabotearlos.
Pero hoy, en este artículo, me gustaría que observáramos qué hay detrás de esos deseos para que estos no se manifiesten, o de aquellas manifestaciones doloras que hemos creado.
Los deseos del ego son limitantes, surgen del miedo, del dolor, de la separación.
El primer deseo interesante de observar es el amor. Cuando una persona “desea” una pareja, pocas veces anhela compartir el amor y la alegría, de hecho, lo normal es que esto ni se lo plantee, lo que realmente busca, es dejar de sentir soledad. Una pareja, para la mayoría, es una tirita que disimula la gran herida de la separación.
Entonces no se busca el amor desde la alegría, ni con el corazón abierto, sino desde el dolor, el miedo, el conflicto interno.
Algunos incluso, ni si quiera buscan el amor, sino un sustento material, una persona con una buena casa, una buena profesión, que ayude y de sostén en la vida.
Otros buscan pasión, emoción, entrega, sexualidad y placer. No les importa cómo es esa persona, ni lo que les aportará ni lo que les quitará, simplemente desean vivir el placer en la vida.
Puede ser que en el auto engaño alguien diga que quiere todo: que busca una pareja sentimental, romántica, un amigo con quien comunicarse bien, que además tenga una vida holgada y sea independiente…
A veces se busca alguien a quien cuidar para sentirse útil y necesario. Alguien que también haya sufrido, que se sienta como nosotros, a quien podamos cuidar y ayudar a crecer.
Entonces, ¿se busca vivir y compartir el amor, o alguien que arregle todos nuestros problemas?
Luego aparecen los problemas en las relaciones, pero nadie comprende porqué.
Cuando las personas lanzan ese deseo al aire de encontrar una nueva pareja, cuando mencionan lo escaldadas que están de su pasado, siempre se observan los mismos patrones, y pocas veces se encuentra aquella persona feliz, completa, que simplemente busque conectar con iguales y compartir el amor, la alegría, prosperar en equipo y crecer al lado de alguien.
¡Oh! Y qué rápido la persona que ayer deseaba una pareja para llenar el vacío de dolor y sufrimiento que vive, que mencionaba que no le importaba como fuera, transforma su deseo al darse cuenta del error. Rápidamente corrige sus palabras y piensa que realmente lo que quiere es lo otro: alguien con quien compartir su amor y crecer, alguien con quien compartir la alegría, la dicha, con quien prosperar a su lado. Cómo si un deseo fuera tan fácil borrarlo. Imagina que has estado repitiendo en tu mente durante años, cada día algo. Como si tu vida fuera una pizarra en blanco y escribes una y otra vez la misma frase, y de pronto, observar que te has equivocado en la petición y empiezas a escribir una frase nueva creyendo que eso es suficiente para borrar las miles de veces que repetiste en el pasado: “alguien que me ame, quien sea; no quiero sentir más soledad.”
No se borran esas frases, no se pueden ni si quiera difuminar. Los deseos que lanzas al universo regresan tarde o temprano, incluso y sobre todo los deseos que surgen del dolor. Porque estos deseos están cargados de emoción, de intensidad. Tienen mucho más poder que un deseo tranquilo y racional. Cuanta más emoción y pasión hayas dedicado a un deseo, con más fuerza llegará a tu vida para transformarla y formar parte de ti.
Los deseos del ser humano parten casi siempre de esa ignorancia, de ese dolor, de la carencia y el sufrimiento, pues cuando estamos bien, pocas veces deseamos algo.
Entonces, aunque parezca paradójico, el deseo del amor casi siempre atrae soledad y dolor, el deseo de dinero casi siempre trae carencia, el deseo de salud casi siempre trae problemas de salud.
En los encuentros de la escuela buscamos aprender a manejar nuestra mente para dirigir nuestros deseos de una forma completamente distinta, comprendiendo la ley de la atracción y la espiritualidad observando la energía que conforma e impulsa la vida, y decretando con fuerza, emoción, intensidad, alegría, en armonía y amor, con dicha y equilibrio interior.
Entonces, imagina la persona que está deseando desde su dolor, que cree que necesita algo o alguien para vivir, o que no puede vivir sin aquello que justamente es lo que le causaría más dolor. Imagina qué pasaría si tuviera más capacidades psíquicas, más poder de manifestación. En ese caso se crea lo que se conoce como magia negra.
El mago es la figura capaz de manifestar con plena consciencia.
La idea inocente es que la magia o las capacidades psíquicas están asociadas a personas con buen corazón, o con buenos valores, pero no son los valores humanos los que definen esa capacidad, sino el conocimiento de que existe. Es así de fácil. Cuando sabes que eres capaz, lo eres. Cuando sabes que tienes el poder de manifestar, puedes manifestar. Lamentablemente no tiene nada que ver con los valores humanos, ni con la bondad en el corazón.
Pues todos merecen aquello que está en su corazón, sin embargo obtienen lo que está en su mente. Y quien conoce el potencial de la mente, lo podrá usar, aunque su corazón esté turbio y oscuro.
La única diferencia entre un mago blanco y un mago negro es la mente. Una mente perturbada, dolorida, rencorosa, envidiosa, generará dolor en sí mismo y en el entorno. Existen muchos pseudo magos que creen actuar con todo su corazón pero viven haciendo magia negra, no a otros, sino a si mismos. Sus pensamientos, su autorrechazo, sus miedos, sus conflictos personales los llevan a dañar sus vidas. Creen que hacen el bien porque sus valores son positivos, porque son buenas personas: son generosas, humildes, desean que el mundo crezca, prospere, sin embargo guardan mucho dolor en su corazón, no sonríen, no cantan, no danzan…
Con el tiempo, cuando trabajas con mucha gente, descubres que hay dones que no se pueden trasmitir a la persona que es incapaz de bailar y reír. La alegría señala ese corazón alegre y abierto que abrirá caminos llenos de felicidad. Y el baile es clave para derrotar la vergüenza, la comparación y la competitividad propias del ego. Porque no se trata de bailar bien o mal, sino de sentirse libre y dichoso, de danzar con la vida y ser flexible en el pensamiento.
Esa danza, esa alegría, transforma tus deseos, transforma tu mente y todo aquello que piensas. Cuando estás feliz los deseos cambian de tal forma que se hacen mucho más poderosos y sinceros. Hablan de amor, de entrega, de compasión, de más dicha, de generosidad. Son deseos que surgen de la mirada más hermosa hacia uno mismo y hacia la vida.
Porque si lloras por dentro o sufres cuando miras hacia ti mismo ¿qué tipo de deseos tendrás en la vida? Y si cuando miras hacia ti mismo te sientes feliz, te aceptas, te quieres ¿qué tipo de deseos tendrás?
El mago que mira hacia dentro y ve luz, alegría, dicha, equilibrio… creará desde ese lugar. Y el mago que cuando mire al mundo vea luz, alegría, dicha, equilibrio, creará desde ese lugar.
El mago que al mirar hacia dentro vea dolor y al mirar hacia fuera vea dolor, creará desde ese dolor.
Así de sencillo.
Por esta razón hay gran sabiduría que muchas personas son incapaces de captar, porque miran el mundo o miran su interior desde las sombras de su mente, juzgando y analizando, creyendo en la carencia y generando sufrimiento, y por suerte, esas sombras no son capaces de integrar tanta sabiduría que brota del amor incondicional.
¿Por qué por suerte? Porque utilizarían esa sabiduría para crear más sufrimiento, en vez de más virtud y felicidad.
Es imprescindible valorar y respetar las herramientas que dispones para crear tu realidad. El poder de manifestación humano es impresionante, no lo menosprecios.
Aprende a usar tu palabra, tu voz, como una fuerza creativa para generar amor, alegría, paz. Aprende a usar tu mente para generar una visión positiva y productiva del mundo. Aprende a usar tu cuerpo para generar más salud. Son tus herramientas más básicas, úsalas. Y poco a poco descubras el asombro poder de la manifestación que reside en ti y en el mundo.






