Cambios conscientes

Obviamente la rutina nos da tranquilidad. Los hábitos y la zona de confort reflejan un estado de equilibrio personal. Cuando este espacio está en armonía, toda nuestra vida lo está.

Algunas personas buscan cambiar su vida sin valorar la hermosa vida que tienen, sin embrago hay muchas que, aun viendo todas las necesidades de un cambio, no logran dar un paso adelante.

Existen montón de manuales de crecimiento personal que tratan cómo cambiar nuestra vida, salir de la zona de confort, pero tal vez no siempre sea lo más acertado, pues si esa zona, si ese espacio está bien, ¿por qué tenemos que cambiarlo?

Las rutinas entregan grandes beneficios, y dar pasos adelante cuidando lo que ya tenemos y merece la pena, es necesario.

Cuando una persona no para de cambiar su vida, de buscar dar la vuelta a todo, entonces vive en desequilibrio, está alterada y no logra la armonía personal ni vital.

Entonces, antes de dar un paso adelante, o de buscar ese añorado cambio, estaría bien meditar en aquello que ya tenemos y es mejor conservar.

Aunque, siendo realistas, cuando buscamos un cambio, no sabemos exactamente qué tenemos que cambiar ni qué implicaciones conlleva. Nos lanzamos a un abismo o forzamos situaciones en un entorno completamente desconocido.

En el centro estás tú, rodeado de hábitos, experiencias, situaciones que ya conoces que se llaman zona de confort. Un poco más allá de lo que ya conoces, hay una zona flexible, una zona de aventura, de cambio. Por último más allá de todo lo conocido y lo imaginado, hay un abismo, una zona de transformación personal completa.

La teoría dice que la zona de confort es todo aquello que ya conocemos, la zona neutra es una zona flexible, donde nos aventuramos a algo nuevo y distinto sin poner en riesgo la zona de confort, y la zona más alejada de lo conocido, la zona del abismo, es la que realmente provocará un cambio personal significativo y trascendental. Desde esta teoría, muchos libros de coaching, crecimiento personal y desarrollo interior, invitan a abandonar todo lo conocido y lanzarse a ese “abismo” que cambiará toda nuestra vida. Pero ¿merece la pena cambiarlo todo? ¿Merece la pena arriesgar las cosas que ya tenemos bien, nuestro propio equilibrio personal, nuestra brújula interior afinada con todas las experiencias de nuestra vida?

Aquí tenemos, en los extremos de la balanza, esas personas que viven en el estancamiento, y esas personas que viven en el completo caos personal. Son dos extremos cuando esa zona de confort está perfectamente definida, o cuando dicha zona ni si quiera existe.

Entonces, partiendo de aquí, es probable que a veces sea necesario flexibilizar, cambiar pequeñas cosas, abrirse a algo nuevo sin poner en riesgo lo que ya tenemos. Habrá veces que tengamos que poner todo en riesgo, intentar alterar y transformar nuestra vida al completo. Y habrá veces que lo más importante sea definir una zona de confort clara, que nos entregue armonía, paz, equilibrio.

Primero, tienes que comprender que llegar a esa zona que estoy denominando abismo, significa demasiados cambios, demasiada novedad, significa que todo cuanto conoces puede cambiar, y aunque uno crea que es lo que busca, lo normal es que movernos en lo desconocido genera desequilibrio, ruido interior, ansiedad, angustia, temor…. Es un movimiento arriesgado que genera una transformación personal completa. Es más, es tan intensa la sensación que muchas personas se vuelven adictas a una forma de vida sin control alguno.

Luego, tienes que comprender que esa zona intermedia reflejará pequeños cambios, pequeños hábitos personales, mejoras en la vida que ya tienes.

Y por último comprender que cuanto más busques controlar lo que ya tienes, más definida estará la zona de confort, sea positiva para ti o no. La pasividad, la falta de cambios, la tozudez y los hábitos, generarán que la vida que tienes tienda a ser la misma que fue ayer. Este tipo de vida también genera adicción, genera una sensación de control y estabilidad que conlleva que muchas personas no quieran cambiar absolutamente nada en toda su vida. Proporciona equilibrio, paz y confianza.

Si el cambio que buscas precisa, sí o sí, que des un vuelco a todo, y te reinventes completamente, adelante, pero si no es así, plantéate bien los siguientes pasos. ¿Cuánto sería bueno plantearnos un cambio de este tipo? Ante una enfermedad, una crisis existencial, un conflicto personal o laboral grave…Cuando nuestros hábitos ponen en riesgo nuestras relaciones, ante adiciones muy graves… Entonces, si queremos cambiar, no queda otra, hay que reinventarse al completo. Y esto generará un cambio completo en nuestra vida, nuestra percepción, nuestros hábitos, todo.

Pero a veces, lo único que buscamos es ser un poco más felices, tener mejor humor, cambiar nuestra letra o aprender un idioma. No son grandes cambios, son aperturas hacia algo nuevo. No es necesario que rompas con todos tus hábitos ni todo tu equilibrio personal, ni pongas en riesgo todas tus relaciones para aprender a meditar, ni para cambiar de profesión. Son pequeños hábitos, pequeños gestos que mejorarán nuestra vida sin dar la vuelta a todo. Debemos hacerlos conscientes de lo que ya tenemos y lo que queremos mantener, y debemos hacerlo con cuidado de que no afecte a lo que ya tenemos.

Es muy común que una persona que parte de un equilibrio personal muy fuerte, de una forma de vida muy bien establecida, a la hora de cambiar una pequeña cosa, aparentemente insignificante, tenga mal humor o se sienta alterada. Igual que los niños que no se saltan la siesta o cuando tienen hambre. Ilógicamente se alteran y se ponen testarudas. No pienses que esto sólo le ocurre a los niños, los adultos también somos propensos de alterarnos sin motivo cuando algo a lo que estamos acostumbrados cambia.  

Por otro lado, aprender a diferenciar cuando toda tu vida está alterada, cuando vives en esa zona que he denominado de abismo, en un cambio constante. Una forma de vida inestable, que puede parecer egoísta porque no te adaptas a lo que te rodea, sino al contrario, vives como sientes, haces lo que sientes, sin importar el mañana ni lo que te rodea. Donde tus hábitos, tus ideas e incluso tus sentimientos, te alejan de los demás. Sin compromiso ni responsabilidad, en lo bueno y en lo malo. Pues no tiene por qué sentirse esa sensación de libertad exclusivamente, sino también una sensación de rareza, de ser peculiar, de no encajar, de no saber formar parte del mundo.

Nuestras emociones y pensamientos equilibrados, generan una vida equilibrada. Equilibrados con nosotros mismos y equilibrados con nuestro entorno. Al contrario, cuando nuestras emociones y pensamientos no encajan, se contradicen, o se contradicen con nuestro entorno, vivimos en desequilibrio y no encontramos paz ni armonía.

Parece sencillo, pero uno se puede sentir muy perdido sobre lo que siente, piensa y su relación con el mundo. Hay miles de libros y métodos de crecimiento personal, cada día hay más terapeutas y psicólogos, especialistas que nos muestran que la vida es complicada, que tenemos que “sanarnos”, o cambiar o mejorar… Pero antes de avanzar, antes de cambiar algo ¿qué es lo que realmente necesitas cambiar? Y ¿qué es aquello que hay en ti que merece la pena proteger y cuidar?

Hace décadas la sociedad entera sufrió una urbanización, abandonaron sus tierras, sus casas, vendiéndolas por una miseria, para ir a las ciudades. Todo lo que esas personas escuchaban era que en la ciudad había más oportunidades, más trabajo, mejor vida… Sin embargo, nada más vender sus tierras, los campesinos encontraron una vida muy dura en la ciudad, trabajaron en fábricas, vivían en pequeños pisos, con hipotecas imposibles de pagar. Hace décadas casi todo el mundo tenía una casa en el campo, con un pequeño terreno y, en muchas ocasiones, lo cambiaron por un piso en la ciudad. Salieron de la zona de confort, completamente convencidos de ellos ¿Supieron valorar lo que tenían y abandonaban? Hoy día ese piso no vale nada, y aquella casa que malvendieron, es oro.

A veces vemos matrimonios que llevan décadas juntos y rompen por una relación temporal, pasional, sin profundidad. Tal vez un amorío o una aventura. Aquello que tenía amor, cariño, experiencias compartidas, amistad, se pierde por un momento de placer. ¿Merece la pena? ¿Saben valorar esas personas lo que ya tenían?

Entonces ¿qué merece la pena conservar, valorar, cuidar? ¿Qué merece la pena cambiar?

Genera emoción y dicha saltar hacia la transformación, es intenso y da mucha energía. No debes frenarte ante un cambio que sientes que hay que realizar, sino, sólo plantearte en qué punto estás y qué necesitas realmente cambiar y mejorar, qué necesitas conservar, qué conlleva el cambio y el movimiento que estás buscando.

La persona egoísta va a centrarse en lo que siente y lo que quiere sentir. La persona “conectada” con su entorno y con su vida, va a sentir lo que tiene y lo que necesitas que cambie.

En una conversación dificil, la persona egoísta dirá lo que se le pase por la cabeza, se desahoga, porque siente que necesita soltar todo eso, necesita decirlo para sentirse tranquila. No le importa las consecuencias, solo se desahoga porque siente que necesita hacerlo. La persona conectada, en armonía con su vida, en equilibrio, no dirá lo que piensa y siente sin pensar, dirá aquello que necesita que el otro escuche, escuchando al otro y sus necesidades, sin desahogarse, sino dirigiendo constantemente la energía hacia un cambio consciente. Se comportará con equilibrio, con diplomacia, porque prefiere conservar y cuidar cosas que para esa persona son importantes: la relación, la diplomacia, el equilibrio emocional…

Entonces son tres movimientos distintos: conservar lo que ya tenemos, mejorar lo que ya tenemos, dar la vuelta a todo lo que tenemos. Esta diferencia depende de cada uno, es una elección de vida, y nuestros actos nos dirigen hacia uno u otro de estos caminos.

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