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Inteligencia emocional

Amando el cuerpo. Trastornos digestivos

Una manifestación notoria cuando una persona se siente vacía por dentro es la obsesión con el cuerpo.

Lo vemos claramente en aquellas personas que llegaron a desproporciones notorias en su cuerpo por dietas o por el deporte. E igual lo vemos en otras situaciones no tan notorias, pero sí síntomas de dietas a largo plazo como ralentizando el metabolismo del cuerpo, debilitamiento y caía de cabello, pérdida de la fuerza y flexibilidad en el cuerpo, disminución de la capacidad de oxigenación, falta de coordinación, deshidratación, mareos, desmayos, debilidad, reducción de ritmo cardíaco, etc.

Lo más importante para superar cualquier situación es aprender a amarnos, a aceptarnos, pero sobre todo, reconocer el problema.

¿Pero cómo comprobamos que nosotros tengamos un problema? Y podemos incluso pensar que hoy en día, ¿quién no tiene preocupación en exceso por su imagen?

Cuando sentimos un vacío por dentro nada nos satisface y necesitamos taparnos. La imagen es una forma de tapar aquello que sentimos que está mal en nuestro interior. Una persona llega a inventarse y distorsionar completamente la imagen que ve en el espejo, la cree más debilitada, o más gruesa o más delgada de lo que realmente es, porque no puede mirarse, pero no es verdad que no quiera mirar la imagen que muestra el espejo, lo que no quiere es mirarnos por dentro. Entonces todo lo que vemos de nosotros mismos estará en desequilibrio con la realidad.

Una persona que no se ama muchas veces se siente incómoda con su cuerpo o con partes de su cuerpo y a lo largo del día la obsesión con el cuerpo es continuada. Cuando conocen una persona no piensan en esa persona, no la sienten, simplemente miran su cuerpo; lo juzgan. No hay nada más importante.

La persona sufre amargamente porque no puede relacionarse, únicamente está obsesionada con unos cánones de belleza sin comprender el porqué de la obsesión.

Cuando alguna vez parece que comprende que es una obsesión lo que vive, que no importa en absoluto el cuerpo en la felicidad. Rápidamente la obsesión resurge con más fuerza. Es una adicción. Un dañino hábito y una forma de pensamiento y vida que pueden provocarle un constante sufrimiento.

En casos extremos la persona no puede salir a la calle ni puede permitir que lo miren cuando piensa que engordó unos kilos de más. Se tapa el cuerpo, la cara, se maquilla constantemente, se depila, busca esa imagen de revista y no comprende de su enfermedad. No puede ver enfermedad detrás de lo que vive.

A veces el problema llega a tal punto que la persona juzga a todos los que le rodean. Nadie hay dentro de los cánones de belleza excepto algunas personas como él, todos están terriblemente equivocados porque nadie está a régimen o nadie hace tanto ejercicio como debería hacer. Todos se ven feos, horribles. Siente asco hacia las personas y no puede acercarse a ellas, no las puede amar.

Algunos síntomas para comprobar que tenemos un problema grave en el trato del cuerpo:

  • Obsesión por la imagen
  • Preocupación constante por la alimentación y el peso
  • Deseo constante de estar más delgados o adquirir más peso en forma de musculatura en el caso de la vigorexia.
  • Percepción errónea del propio cuerpo. O verse siempre ante el espejo feo, débil, gordo…
  • Tendencia a juzgar el cuerpo de otras personas
  • Realizar alguna dieta restrictiva sin justificación alguna, sin problema de salud ni ningún motivo médico
  • Realización de ejercicio en exceso
  • Uso de laxantes, ayunos o dietas constantes para controlar el peso.
  • Cambios frecuentes de humor y autoengaños continuos
  • Cambios en la concentración visibles (en el trabajo o en los estudios)
  • Insatisfacción constante personal
  • Preferencia de alimentarse sólo y de no tener muchas relaciones sociales

Tenemos que comprender que muchos tratamientos se enfocan en los hábitos de vida: hábitos alimenticios, de sueño, de ejercicio… esto hace que el tratamiento de este tipo de trastornos sea muy largo y difícilmente se lleguen a superar.

Los trastornos con el cuerpo y la alimentación surgen de un problema emocional y es necesario tener un tratamiento que trabaje sobre nuestras emociones y carencias afectivas. Reforzar la autoestima y el autoconocimiento y en caso oportuno y posible, acceder a los conflictos que hayan podido originar el problema para superar totalmente el conflicto.

Algunos trastornos con el cuerpo y la alimentación:

Anorexia: Es la pérdida de apetito para perder peso de forma rápido. Es una restricción de ingesta de alimentos. Muchas veces usando laxantes o diuréticos. La persona con anorexia tiene una visión totalmente distorsionada de su propio cuerpo y al dejar de alimentarse consciente o inconscientemente se castiga a sí misma, lo cual le produce tranquilidad. Dejar de comer es separarse de la madre. Es separarse de la energía femenina materna, la cual nos alimenta y nos abraza. Es dejar de permitir que la vida nos abrace y nos ame. Significa sumirnos en el dolor, en la soledad y separarnos de la propia energía femenina que arropa, abraza, acoge y permite. Por ello en muchos casos este trastorno se torna con violencia y agresividad. Es algo secreto que duele, nadie puede acercarse. La energía femenina está dañada y se expresa con ira y violencia hacia el alrededor llegando a dañar, agredir o insultar a los seres queridos. La persona con anorexia vive en un castigo constante, no se permite, se restringe todo, no hay premio alguno, no hay posibilidad de consolarse. La vida se convierte en un castigo amargo y la persona debe aprender a ceder y permitirse, permitirse abrazar, llorar, equivocarse, ablandarse, para poder sanar.

Manorexia: Es la anorexia en hombres. En la mayoría de los casos se da en homosexuales y bisexuales. Igual que en el caso de la anorexia hay un conflicto con la energía femenina, con la madre, con el autocastigo.

Bulimia: Es un trastorno donde se come y bebe en exceso, con grandes y descontrolados atracones, seguidos de purgas autoinducidas como el vómito, laxantes, enemas, ayunos o medicamentos. En la ansiedad de la persona con bulimia, nada es suficiente. La persona necesita la seguridad y el cariño de la madre, pero este se le es arrebatado, y constantemente busca desesperadamente el cariño de la madre, en forma de alimento, y se lo arrebata bruscamente, vomitando a ser posible. La madre, al separarse del bebé, al romper el vínculo con su hijo o hija, se tornó irascible, o irritable con el mismo niño. Tal vez nació un hermano y el primer hijo suponía una carga física y emocional, entonces le trataba con rabia. Tal vez murió un hermano y la madre no perdonó a quien le acompañaba o le seguía. La persona con bulimia rompe constantemente los lazos más amorosos con la vida, se inhibe de sentir placer y amor. Busca la experiencia intensa, fuerte. Busca explotar y todo lo vive con intensidad. En sus relaciones se torna igual, al extremo de lo amoroso, a lo extremo de lo frío e hiriente. La persona que sufre bulimia tiende a guardar secretos más que ninguna otra, lo que hace está sucio, está mal, eso siente. Pues lo que hace no es “vomitar” es vomitar lo que su madre le entregó, es romper el vínculo con su madre, castigar a la madre que tiene dentro. Eso está mal, se siente terriblemente culpable, por eso lo esconde. Sin embargo, cuando la persona que sufre bulimia empieza a hacer notorio el problema que vive, es que inconscientemente ya necesita sacarlo a la luz para verlo.

Vigorexia: Es una preocupación obsesiva por estar musculado. La persona siempre se considera más delgada de lo que debería estar y dedica horas a ejercitarse en el gimnasio para subir la masa muscular. Esta forma de ejercitarse esconde desordenes emocionales fuertes y una gran insatisfacción consigo mismo. Lo normal es que junto con la vigorexia se dé la ingesta de exceso de proteínas, hidratos de carbono, la carencia de micronutrientes fundamentales o el consumo de anabolizantes, lo cual acaba dañando gravemente el organismo. En la vigorexia sobresale una percepción distorsionada de las características físicas, similar a la anorexia, pero a la inversa. Estas personas muestran: afán de superación; necesidad de romper barreras y establecer nuevos límites, necesidad de despertar deseo o envidia, obsesión por el espejo y la báscula, comparación constante con los demás. Cuando una persona sufre vigorexia siente el amor de la madre roto, partido. Siente que la madre no está ahí. Es un conflicto que crece cuando la sensación de pérdida de madre es mayor. Tal vez la madre estuvo gravemente deprimida en la infancia o tal vez fue hiriente y exigente hacia el niño. Entonces el niño siente que la madre no le puede ver. Es débil, es pequeño, no es fuerte. El niño no es suficiente para la madre, por ello necesita fortalecerse. Necesita que la madre le vea bello. Cuando se pesa, se mira al espejo, después del ejercicio, piensa: “mírame mamá, estoy fuerte y grande para ti. Ahora puedo lanzarme a la vida”. O piensa: “mira mamá, mírame, soy fuerte, puedo protegerte.” La madre en sus ojos está deprimida, dolida. No hay consuelo posible. Y el niño herido necesita fortalecerse para abrazar a su madre y darle el cariño que necesita. Pero igualmente necesita estar fuerte para que la madre confíe en que podrá sobrevivir y avanzar el sólo.

Ortorexia: Preocupación obsesiva por comer sano. A veces la persona dedica horas de su vida a pensar y planificar la dieta para que sea completamente sana. Excluyen cualquier carne, grasa, alimentos tratados y procesados, buscan la ecológico e integral, llegan al veganismo o se hacen crudívoros no de forma natural, desde una petición natural del cuerpo, sino desde una obsesión, autocontrol y restricción constante. Cuando una persona sufre ortorexia es difícil que lo pueda identificar. Tal vez parezca que la persona se está cuidando o busca una alimentación más natural lo cual está muy bien, sin embargo la ortorexia se da cuando la persona busca esto desde la obsesión. A veces el mismo cuerpo te va pidiendo una alimentación más natural, no es algo obsesivo, no es algo restrictivo, es algo natural, poco a poco la persona en su propio proceso de evolución personal, prescinde de muchos alimentos porque no los necesita. En el caso de la ortorexia uno se alimenta desde la mente. Tal vez hubo tantos problemas de alimentación en su árbol genealógico que la persona se obsesiona con romper los vínculos con una alimentación insana. Entonces el recuerdo inconsciente es de la madre obligando al niño a comer aquello que no deseaba, obligándole a continuar tomando el pecho cuando el bebé estaba llorando por otros motivos o ya estaba saciado. El niño o la niña no puede más y su respuesta es limitarse, restringir muchos alimentos porque le sobran, porque no puede más. Se vuelve algo obsesivo todo lo que no puede llegar a tomar. No ruge de la naturaleza, sino del temor.

Diabulimia: Es un trastorno en algunas personas con diabetes tipo 1, quienes aprovechan su patología para rebajar su peso. Estas personas reducen la dosis de la insulina a costa de bajar de peso. Una práctica de llega a ser mortal.

Drunkorexia: Personas que dejan de comer supliendo la ingesta de alimentos por la toma de alcohol.

Pregorexia: Es un trastorno de nerviosismo que presentan personas con anorexia o manorexia u otros trastornos alimentarios.

Permarexia: Es un trastorno que lleva a estar pensando constantemente en las calorías de los alimentos. Estas personas analizan todos los alimentos y realizan muchas dietas sin revisión médica alguna a partir de sus propios conocimientos y datos, muchas veces cayendo en grandes equivocaciones.

Patomanía: Personas que ingieren grandes cantidades de agua generando problemas en el metabolismo. Algunas veces ocasionada por la diabetes, pero también en muchos casos como deseo de perder peso.

 

¿Y qué se esconde detrás de esta obsesión que tantas personas en pequeña o gran medida sufren? Es la falta de amor de madre. Una madre tóxica que envenenó a su hijo o hija con emociones conflictivas y formas de pensar errores sobre uno mismo y sobre el mundo.

A veces la madre sólo entregaba afecto en forma de premio. Por ejemplo, abrazar y trasmitir alegría y cariño a los hijos cuando estos se portan bien, cuando hacen los deberes, cuando logran éxitos en la vida, y no abrazarles ni transmitirles ningún cariño cuando están dolidos, cuando sufren o cuando tienen una pataleta. Entonces el hijo e hija crece creyendo que no merece el cariño de nadie a no ser que lo gane. No puede comprender que lo amen si no hace nada bueno. Cuando alguien lo ama incondicionalmente, llega a hacerle daño intentando comprender que realmente le estén amando, comprobando que el amor es falso pues debe ser falso, pues no concibe internamente que alguien pueda amarlo sin haber hecho nada para merecer afecto.

También se da el caso de la madre que no se ama a sí misma, que se odia y odia su cuerpo, y así trasmite inconscientemente a sus hijos la relación con su propio cuerpo. A veces se vuelve dura, hiriente, dañina y tacaña con el afecto. Los hijos de una madre así pueden crecer sin aceptar la energía femenina. A las niñas les costará de mayores aceptar su feminidad, y esta, en vez de ser una feminidad auténtica y natural, estará basada en la necesidad constante de seducción del hombre, de demostrarle su fuerza y su autonomía, en demostrar al hombre que ella es la más bella, la más importante, la más fácil. Otras veces huyendo de todo contacto físico, evitando las relaciones y el cariño en cualquier forma y aborreciendo las relaciones, evitándolas o enamorándose de personas inaccesibles con tal de no vivir ese contacto. En caso de los hombres muchas veces rechazando su propia masculinidad y con gran temor a enamorarse de una mujer auténtica, maternal, fémina, dulce, dócil. Sintiendo deseo en situaciones y formas extrañas, a veces masoquistas o en relaciones con violencia, con fuertes apegos y discusiones constantes, buscando lo morboso y sexual y no por lo amoroso y sensitivo. Ellos abandonan la masculinidad, tal vez piensan que la potencian, pero al contrario temen tanto la energía femenina en equilibrio que para alejarse de ella se tornan cada vez más femeninos.

La sanación es sencilla. En todos los casos, la persona simplemente necesita recibir amor sin deseo sexual detrás de él. De hombres y mujeres que no se sientan heridos ni en su cuerpo ni en su sexualidad. Y es un proceso tan largo o tan corto como la persona se permita recibir dicho amor.

Se rompe la sanación cuando regresa a las formas de relaciones donde el catalizador sea un componente sexual.

Por ejemplo, aquella persona que está en tratamiento durante dos meses, aislada de sus relaciones comunes del instituto o del trabajo, en un entorno comprensivo y de amor. Tal vez su pareja esté allí, pero sin provocar o con una sexualidad basada en el amor y el cariño y no en el deseo y la búsqueda del placer. Entonces la mujer tras estos dos meses con un resultado muy positivo regresa a las relaciones comunes y vuelve a surgir la necesidad de provocar, la sensación de fealdad, la obsesión con el cuerpo, con la alimentación, con el deporte, con ir al baño, las comparaciones y el miedo a engordar….

Un tratamiento bueno no puede romperse hasta que no pase el tiempo adecuado y la persona comprende que es infinitamente amada. Debe comprender que no tiene que hacer nada para ser amada. Y más allá de eso, que comprenda que su forma de mirar a las demás personas, de sentirlas y juzgarlas, surge de su error, de su conflicto, surge de una mente envenenada y con odio a sí misma. Y debe aprender a mirar a las personas con admiración, respeto y empatía. Debe comprender que mientras se centre en mirar el físico de los demás y juzgarlos, será incapaz de recibir y dar amor. Y cambiar la prioridad de su vida de verse “perfecto” a aprender a vivir feliz, con gratitud y con amor.

Habrá momentos en la vida en que su cuerpo engorde, en otros momentos adelgace, otros esté más fuerte, otros esté menos fuerte, y está bien, está igual de bien. Esos kilogramos de más o de menos no es tan importante ni algo para obsesionarse, sino la misma obsesión es algo para preocuparse y tratar.

El amor no cambia cuando el peso cambia. La mente cambia. Este es el veneno que en la infancia el niño o niña recibió y aún continúa en su mente, el afecto recibido por sus padres no era constante, cambiaba. Sólo sentía el afecto de los padres cuando lucía bien, o cuando hacía bien las cosas, o cuando era mejor que los demás. Estaba el veneno en el afecto como premio o la falta de afecto y desaprobación continua, y aun está ahí, y se manifiesta en el juicio al mundo, en la incapacidad de amarlo, en el castigo a la otra persona.

La mente enferma en ese nivel no puede amar a otra persona. Pues su amor es con chantaje: te amo si eres…. Eso no es amor. Eso es cualquier cosa menos amor. El amor no tiene ningún tipo de chantaje. Te amo si eres joven, te amo si te mantienes joven, te amo si eres delgado, te amo si tienes dinero, te amo si eres… lo que yo quiero que seas. Eso no es amor, eso es manipulación, chantaje. El amor no tiene compromiso, pero tampoco tiene chantaje. Es o no es. Cuando uno ama, ama por igual.

La persona que no se ama a sí misma. Que continuamente busca adelgazar, o tener una buena figura, o ser la persona más buena del mundo, tal vez haya experimentado ese tipo de dolor en la infancia y de una forma u otra necesite aprender a amarse para poder recibir amor del alrededor.

¿Cómo evitar la anorexia, bulimia, vigorexia y otros trastornos desde la infancia?

  • Trata a tu cuerpo con equilibrio y enseña a tus hijos a tratarlo con equilibrio. El cuerpo cambia a lo largo de la vida. Es importante cuidarlo en función de cada etapa que vivamos.
  • Enséñales a tus hijos a valorar su cuerpo y amarlo tal y como es. Ayuda a tus hijos a comprender lo hermoso del cuerpo a lo largo de la vida. Desde la tierna infancia hasta la vejez el cuerpo vive maravillosos cambios que todos debemos conocer.
  • Enseña movimiento y deporte con plena conciencia de lo que se realiza. Busca que realicen deportes que les ayuden en la vida y tengan una utilidad personal y lúdica, y no deportes cuyo único objetivo sea la búsqueda de una figura física perfecta.
  • Abraza, ama y sonríe a tus hijos cada día, en diferentes momentos.
  • Cuando se decide criar a unos hijos vegetarianos o con una forma de alimentación más saludable, también es bueno hacerles entender que cuando el cuerpo pide y necesita ciertos minerales, proteínas, no deben negarlo. Que es sabio alimentarse con más conciencia y respeto al cuerpo y al planeta, pero mucho más sabio es saber escuchar al cuerpo en cada momento y en cada etapa de la vida.
  • Enseña a tus hijos a superarse por la propia realización personal y no por el reconocimiento.
  • Cuando riñas a tus hijos, intenta hacerlo desde el respeto y el amor. Si les castigas abrázales y háblales igual que cuando no lo hagas. El castigo, la discusión o los conflictos que puedan surgir en la convivencia no deberían hacer que el cariño, el amor, y los abrazos desaparezcan sino al contrario, que crezcan.
  • Cuando un niño o niña tiene una pataleta, un capricho o una frustración, recuerda primero lo que tú has sentido cuando has deseado algo en la vida y no lo has logrado, recuerda tu propia frustración y ayúdale a sanar su sentimiento de frustración. Evita ignorar o tratar mal a un niño o niña sólo porque llore y no encuentres el sentido a su llanto.
  • Analiza si cambia tu actitud y cariño hacia ellos cuando comen o no comen, cuando se hacen daño, cuando sufren por problemas con las amistades, o cuando tienen un disgusto o un berrinche. Analiza tus propias emociones y si tu actitud es hiriente, dura o cambia hacia ellos. En caso de problemas de convivencia graves puedes intentar “teatralizar” para no entrar en la emoción. Y de utilizar una técnica conductista para superar una situación determinada, hazla con plena conciencia de la técnica, los objetivos y los pasos que vas a utilizar. Recuerda que “educar” no significa domesticar la personalidad, sino abrazar la vida y potenciar las posibilidades que permitirán a tu hijo ser feliz, y vivir la vida con integridad y plenitud.
  • Por muy inteligente, creativo y capaz que veas a tu hijo, no se lo hagas creer que es el más listo, ni el más creativo ni el más bello, ni se lo hagas saber continuamente. Evita compararle o hacerle creer que le amas porque es más “listo” que otros niños, pues algún día crecerá, y descubrirá que no es el más listo, ni el más guapo, e inconscientemente pensará que no puede ser amado por no ser el mejor.
  • El cuerpo de tu hijo es perfecto y está en desarrollo. Si crees que es más delgado o más pesa más de lo que debería, no se lo hagas saber, puedes variar su alimentación sin que él se dé cuenta, llevarle a un especialista. No estés cada día mencionado que está más gordo, más delgado o más bajo de lo que debería, pues le ocasionarás un trauma grave en el futuro.
  • Si sientes que hay conflictos graves en el hogar, en la convivencia, contigo como padre o madre, pide ayuda. No enfrentes solo conflictos emocionales graves sin ayuda. Pide ayuda a la familia, a amistades a servicios sociales. Muchas veces esto ayuda a prevenir a tiempo problemas mayores que generarán conflictos más graves a largo plazo.

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