Un día, con todo lo que conlleva, estamos en la agenda, el trabajo, las obligaciones, la familia, las relaciones, los problemas, el teléfono, lo que hicimos ayer y lo que dejamos por hacer, lo que nos duele, lo que nos agota, el diálogo interno… entonces ¿quién está viviendo este momento? ¿quién está viviendo nuestra vida?
Para esto sirve la meditación.
Meditar parece sencillo. Lo hemos escuchado muchas veces: pones toda la atención en la respiración, respiras conscientemente y descansas en ese espacio interno con plena atención en el ahora.
¿Realmente es sencillo? Si solo es esto ¿por qué fallamos? ¿por qué no logramos meditar?
Vamos a descubrir, parte por parte, dónde está el problema.
Atención
La primera parte es poner atención. Poner atención en uno mismo, en la respiración, poner atención en el ahora. La atención es la primera clave y la más importante para poder avanzar.
¿Dónde está tu atención normalmente?
Puede ser que tu atención no la dirijas tú, sino que sea tu entorno quien te llame, te invite a mirar a un lado y a otro. Tal vez no sea tú quien te enfoques y dirijas lo que quieres ver, sino tu entorno, que te guía y guía tus pensamientos, tus emociones, tus reacciones. No es ninguna locura, es una realidad.
Toda la comunicación de masas, todo internet, las redes, la propaganda, incluso los noticiarios, están diseñados para dirigir tu atención.
Antes había muchos momentos donde no había nada que mirar ni nada que hacer: esperando el autobús, esperando la comida, esperando en la vida. Antes, llegaba una hora en que la televisión se desconectaba y ya no había más programas que mirar hasta la mañana. Había tiempo libre, pero no era tiempo libre, sino tiempo en que nada te invitaba a pensar algo.
Recuerdo aquellos días aburridos en que el profesor no había venido y toda la clase teníamos que estar en nuestras sillas, en silencio, haciendo deberes. No había nadie para controlarnos, pero si hablábamos, un profesor de otra clase acudía corriendo a reñir. Parecía horrible, pero nuestra atención la teníamos que dirigir. Ahora, un grupo de niños solos en una clase, sin nadie que les diga qué hacer, hacia dónde mirar, qué pensar, es una auténtica locura. Entonces ¿hace cuánto tiempo vives rodeado de cosas que te dicen en qué pensar? ¿Eres capaz de estar un rato sin mirar un móvil, un libro, una pantalla, hablar con alguien, mirar, aprender, pensar en algo….? ¿Eres capaz de estar sólo disfrutando del momento, poniendo atención en lo que tú deseas y no en lo que el mundo desea que hagas?
Al ver una de esas extrañas películas o series podemos descubrir nuestra atención: puedes observar, mientras mirar la película, cómo es tu postura, y poner atención en tu postura. Puedes elegir poner atención en los diálogos, no tanto en las cosas que dicen, sino en cómo se expresan. Puedes poner atención en el mensaje oculto, en el significado de esa película. En lo que realmente el guionista quería expresar o en lo que la productora quiere conseguir con esa película. Puedes poner atención en los actores, o en la actuación que hacen. Puedes poner atención en la música, en la fotografía, en lo que rodea la pantalla, en el mueble de tu casa, en las personas que miran esa pantalla junto a ti. O … tal vez, estés cometiendo el error de no poner atención en absolutamente nada y permitir que sea la película la que decida dónde está tu atención, sumergiéndote en una experiencia visual más, qué te dice que sentir, qué pensar, hacia donde mirar… En este caso, ¿quién está viviendo tu vida?
Algunas personas piensan que está mal la tecnología, los móviles, porque nos quitan toda la atención, pero, no es así. Son herramientas, sólo hay que saber utilizarlas. Eres tú el responsable de dirigir tu atención. El veneno está en la medida. No solo en la medida de tiempo, también y sobre todo la concentración de ese veneno. Estás tomando un vino, pero si a la vez hablas, comes, haces más cosas, lo degustas y dejas de beber si no quieres, no es un veneno, es un digestivo, una bebida espiritual que lleva acompañando la humanidad miles de años. Pero si sólo bebes vino, si en una hora te bebes una botella entera, si todos los días bebes vino, si no puedes estar con amigos sin beber un vino, si cada día que sales tomas vino, si en tu casa siempre hay vino, entonces sí es un veneno. El móvil no es un veneno, si lo usas como herramienta de trabajo, para enviar y recibir mensajes y llamadas, acompañando los momentos que necesitas usarlo, es perfecto. Pero si no sabes salir de casa sin el móvil, si lo usas incluso cuando estás con gente, si siempre lo tienes a tu lado, lo usas para ir al baño, para dormir, y es lo primero que miras nada más despertar, si eres de los que pone el móvil sobre la mesa cuando tienes una conversación con alguien, como recordando a la otra persona que en cuanto la conversación no te guste o por fin se acabe volverás a tu amigo el móvil, tu mejor amigo, que es quien está más cerca de ti, que es tu prioridad y que la otra persona estará siempre en un segundo plano, que incluso cuando se te «muere» el móvil enseguida buscas otro, sin dejar pasar ni si quiera un día, porque no puedes vivir sin él, entonces, en estos casos, el móvil es un veneno.
Puedes meditar viendo una película, con un móvil, con un supuesto veneno, porque el veneno no es el problema, sino la falta de conciencia de cada uno.
Tu vida la vives cuando estás atento a ella, si no estás en ella, pasa rápido, como si nada ocurriera, como si nada te gustara. Luego, con el tiempo uno piensa que nada le llama la atención, que nada le llena, o que nada le gusta demasiado, pero no es real. La realidad es que nunca a puesto atención. Se sentó como un espectador esperando que la misma vida le sorprendiera.
Puede ser, en el opuesto, que pongas atención en demasiadas cosas a la vez. Hay gente que dice que les pasa esto y lo otro, pero no es posible, eso es que no sabes bien lo que te ocurre. Porque realmente es una cosa o la otra: o no pones atención en nada, o pones atención en demasiadas cosas. La atención la puedes entender como un músculo, requiere esfuerzo y entrenamiento. Si pones esfuerzo, estás atento, si no pones ningún esfuerzo, no hay ninguna atención y te estás convirtiendo en un fantasma en tu propia vida. Si pones entrenamiento o si has permitido que el mundo te entrene sin dirigir tú conscientemente ese enfoque, entonces sí, estás atento, pero no puedes controlar a qué ni en qué grado.
La atención la pones tú, y tienes que trabajarla. Tienes que esforzarte en dirigirla en un punto u otro. En los templos antiguos de meditación, la atención era la clave en el trabajo, igual que al estudiar, o leer un libro o aprender algo difícil, o dibujar, o tocar música. Poner atención significa poner toda tu energía, tu mirada, tus sentidos, todo, en una dirección que tú elijas.
Hay quienes dicen que se despistan con facilidad, y es posible, entonces, si eso te ocurre, ya sabes lo que tienes que trabajar, con paciencia. Un día y otro, puedes dibujar una linea y seguirla con el dedo. Puedes intentar leer todas las letras que están escritas en este texto o en cualquier otro, o intentar sentir la planta de los pies cuando caminas. Poner atención en tu postura corporal, o en tu tono de voz, no importa, pero día a día, cada vez que te acuerdes: trabajar la atención en algo concreto, en vez en todas las cosas a la vez.
El miedo a que pase algo desapercibido, la ansiedad, la necesidad de control, puede que te haya generado ese estado de hiperactividad mental y déficit de atención. No son enfermedades, ni problemas graves, son estados mentales que puedes corregir, o incluso utilizar a tu favor, entrenando y practicando.
Cuando la atención falla, el resto falla. Muchas personas entran en una meditación, o creen que entran: se sientan, tal vez ponen un incienso, una vela, ponen una música que consideran especial, cierran los ojos y respiran, y respiran. Entonces piensan que esto es meditar, pero tal vez en el único momento en que han meditado ha sido cuando encendieron el incienso y la vela con cuidado para no quemarse. El resto de tiempo o intentaron dormir su mente, o intentaron no quedarse dormidos. Eso no es meditar, no es descansar en la conciencia, no hay atención, la atención está sin entrenar, vacía o descontrolada.
No necesitas entrenar la atención mientras meditas, es más, es mejor que evites meditar hasta que no hayas trabajado la atención, porque si no tienes buena atención, lo único que lograrás es dar la impresión de que estás meditando, mientras sólo estás sentado con los ojos cerrados. La atención la logras trabajando, concentrándote. En las escuelas antiguas se consideraba que tenían que ser algo difícil: físico o mental. Hay muchas tareas que si no estás concentrado puedes tener un accidente, o te van a salir mal y no lograrás nada. Esas tareas son esenciales para la atención, no las peligrosas, obvio, no estoy diciendo aquí que si no haces algo peligroso que pueda generar un accidente no lograrás tener buena atención, allá la atención de cada uno cuando interpreta lo contrario o lo que quiere de lo que uno expresa. Pues hay casos de personas que les hablas, con todo tu amor, implicándote en el mensaje, pero sólo ponen atención en tu edad, tu imagen física o tu apariencia, y cuando intentan recordar lo que les dijiste lo resumen en: me gustó, pero ¿entendiste? ¿estás de acuerdo? ¿te hizo reflexionar? ¿o tal vez te gustó la persona y no el mensaje?. Yo me refiero a tareas que requieren atención, como tocar un instrumento musical, escribir con la mano contraria a lo que lo haces normalmente, cambiar la letra, nadar o caminar en el mar o simplemente intentar recordar lo que comiste ayer.
Sin atención, el resto del trabajo falla, no hay cambio posible, no hay meditación alguna. Sin atención, meditar será igual que intentar seguir el hilo de una conversación de una persona que se ha puesto un sombrero muy chistoso y no puedes dejar de mirar su sombrero y reírte por dentro. Lo externo, lo aparente, lo sinsentido, guiará tu atención y como mucho lograrás instantes de lucidez en medio de una mente perdida que divaga sin rumbo.
Respiración
Puede que tu atención sea perfecta, y el problema esté en la respiración.
La respiración es rítmica, acompasada. No es esencial que meditemos en la respiración, puedes meditar en la respiración del cielo, en las olas del mar, tu corazón, tu felicidad e incluso en el dolor. Pones tu atención en algo rítmico, constante, que te invita a profundizar. La respiración, de echo, es el ejercicio previo, más adelante, el meditante experimentado, pone atención en el silencio pleno que surge más allá de la respiración.
Pero la respiración es tu manera de caminar, la forma en que tu cuerpo vive este instante. Normalmente se automatiza y no nos damos cuenta de que estamos respirando, simplemente lo hacemos.
La respiración es el espíritu, el soplo de dios, el vínculo entre el mundo material y el mundo espiritual. La respiración es un puente espiritual invisible que conecta el cielo y la cierra, permitiendo la vida y la conciencia en la vida. Además, en la inhalación, retención, exhalación, descanso, hay un ciclo perfecto reflejo del gran ciclo universal.
Hoy meditamos poniendo atención en la respiración, mañana meditamos contemplando la conciencia que respira.
Y si es algo natural, perfecto ¿es posible respirar mal? Pues claro que sí. La respiración está asociada a tu nacimiento, a tu vínculo con la vida, la nutrición celular, el pulso cardíaco… la respiración en equilibrio entrega una vida saludable y equilibrada.
A principios del siglo pasado, y hasta pasada la mitad de siglo, la preocupación por las enfermedades pulmonares como la gripe, neumonías y sobre todo tuberculosis, llegó a tal punto que la medicina se tubo que especializar en la respiración. Se comprendió que la clave para tener salud pulmonar era el sol y el aire puro. Entonces, todas las fábricas de Europa cambiaron sus diseños y crearon aquellos grandes ventanales, incluso las escuelas tenían grandes ventanales. Se intentaba pasar cuanto más tiempo en el exterior y sobre todo, al sol. Se invitó a la gente a dejar de vestir de negro, a tener una alimentación rica en grasas, y a vivir en alta montaña, donde el aire es más puro. Hospitales, colegios, fábricas, se construían con grandes patios, grandes terrazas, grandes ventanales y tragaluces, y se invitaba a las personas a pasar cuanto más tiempo en el exterior, con luz natural y aire puro. ¿Se aprendió la lección? Obviamente no.
Respirar bien es salud, es vida. Pero hasta aquí me he centrado en el aire que estás respirando: aire viciado, filtrado por maquinas artificiales, con luz artificial. Aire sin prana, sin vida, sin energía. En entornos con una humedad controlada donde las bacterias pueden proliferar o adaptarse mejor.
Ahora ¿cómo se respira?
Respirar es inhalar, nutrirte de energía, recibir la energía del entorno, recoger hacia ti la vida. Llevarla al abdomen, sintiendo como se abre tu cuerpo, no a los pulmones, sino permitiendo que el diafragma entero se dilate.
Respirar es retener, sentir el aire en ti, sentir que estás lleno, que estás pleno de vida, que estás recargado, completo.
Respirar es exhalar, suave y lentamente, soltando todo aquello que te sobra, entregando al mundo lo que has vivido. Es soltar la presión y la tensión, muscular y mental. Es la vida manifiesta, el compartir y el dar.
Respirar es descansar, dejar ese momento en el que exhalaste todo tu aliento y todo se paraliza, un instante, todo se concentra, todo se acalla. Ese momento en el que sientes que lo has hecho todo, lo has dado todo, y sientes que falta algo y de forma natural, sin esfuerzo alguno, vuelves a inhalar.
Respirar es automático, natural, espontáneo. No hace falta controlar este proceso, lo hacemos desde el nacimiento, todos los seres vivientes. Entonces ¿por qué se respira mal?
A veces la prisa, el estar fuera de nosotros, un problema en el mismo nacimiento, la ansiedad… es como caminar. Aunque lo hacemos desde el primer año de vida, algunas personas pisan mal en cada paso que dan y sufren mucho en sus pies. O como iniciar el sueño, aunque es algo natural, muchas personas no se duermen con facilidad.
Si no sabes respirar, si el problema está en la respiración, entonces ya sabes: aire puro, ventila tu casa, abre las ventanas y deja que la luz entre. Sal a pasear o permite estar tiempo al aire libre. Duerme con las ventanas abiertas, ventilando tu dormitorio. Pon atención en tu respiración, y poco a poco toma cada vez más consciencia de tu respiración. Si tu vida es ajetreada, por ejemplo ahora, entre párrafo y párrafo: respira. Si miras mucho el móvil, entre mensaje y mensaje: respira. Si conduces mucho, en el Stop: respira. No esperes a tener un momento para respirar, hazlo durante el día, integra ese hábito, siendo consciente de todo ese proceso, una vez, solo has de ser consciente de una respiración para que todo se asiente y calme.
Algunos meditantes utilizan técnicas extrañas de respiración, hiperventilando o alterando la respiración. Funciona, pero es una locura en sí misma. La respiración es natural, no es necesario alterarla. Si elijes ejercicios donde la respiración se altere, se consciente de lo que se genera. He visto personas que hacen técnicas extremas de respiración, que alteran la percepción y la mente, y luego se van a la oficina a trabajar sin comprender lo que están haciendo. La respiración regula la sangre, la oxigenación, la vida, alterarla funciona, es más, es una vía rápida de lograr estados de conciencia alterados, sólo has de saber si estás preparado para asumir los riesgos, si es el momento de tu vida de hacerlo y sobre todo, si es la hora del día de hacer eso.
Cuando hablas con algunos meditantes que practican técnicas de respiración avanzadas puedes descubrir una paz en ellos singular, una armonía y una calma especial. Pero también, sino se hacen bien estas prácticas, quedan adormecidos, o “empanados”.
Las técnicas de meditación tienen miles de años, son especiales, son sagradas, y realmente son técnicas válidas que puedes utilizar cuando sepas cómo, para qué y cuándo. De la misma manera, comer manzana es sano, pero no por eso te vas a comer mil manzanas en un día, ni vas a cambiar tu dienta para comer sólo manzanas. Todo tiene su momento, su propósito.
Por ahora, se consciente de la respiración y recupera la respiración natural. Al principio, solo recupera la respiración natural, la misma que tendrías si tu vida estuviera en orden, en armonía emocional y mental, si hoy hubieras dormido bien, si llevaras un año sin discutir con nadie, si estuvieras en un bosque o si tuvieses energía para caminar 20 km sin cansarte.
Cuando esa respiración se de, entonces practica, si así lo deseas y lo consideras necesario, técnicas de respiración determinadas, conociendo cómo se usan, para qué y qué momento es el más adecuado para practicarlas.
Espaciosidad de la mente
Y ahora solo falta la última parte de la meditación. Has puesto la atención, estás respirando conscientemente, y ahora contemplas con plena conciencia, la espaciosidad de la mente.
No puede surgir esto sin todo lo anterior. Puedes tener instantes de claridad, instantes de belleza y epifanías, pero eso no indica que sepas lo que te haces, ni que puedas repetirlo.
La espaciosidad es la misma conciencia expresándose dentro de ti. Es el microcosmo, es el espacio interior.
La mente es espacio, el alma es espacio. No puede perderse porque es espacio, no puede llenarse porque lo llena todo y no puede vaciarse porque ya está vacía. Espaciosidad es tomar conciencia de ese espacio y descansar con plena conciencia en él.
Surge natural, como una visión clara de la esencia de todas las cosas.
Es una meditación que no puede forzarse, un estado de conciencia que no puedes dirigir.
Por ejemplo, puedes señalar un dedo del pie, y pondrás atención en él, y puedes señalar una sonrisa, y pondrás atención en ella, y puedes señalar un dolor de cabeza y pondrás atención en ese dolor. Incluso puedes señalar cosas abstractas, como reflexiones, conceptos o arquetipos. Puedes pensar en tu madre o en la mujer que es tu madre, puedes pensar en el árbol, o en la vida del árbol. Pero hay algo que no puedes señalar, no puedes buscar, solo se puede encontrar cuando ya no se busca. No hay camino, ni dirección hacia ello. Existe, pero no existe. Por eso no hay ejercicio, ni práctica posible que te guíe hacia la visión de la esencia de la mente. Has de vivirlo, sin forzarlo.
Cuando lo vivas y descubras que lo estás viviendo, no habrá palabras, ni si quiera habrá duda, ni certeza. Será como intentar vivir si ya estás vivo, o intentar respirar si ya estás respirando. Tan obvio, tan sencillo, que no comprenderás como lo has complicado tanto. Y a la vez tan puro y completo que sentirás una dicha plena en tu corazón y en tu ser.
Hay estados falsos de esta sensación. Muchas personas creen haber alcanzado esa dicha pero sólo han dibujado vagamente en su mente un estado transitorio más, como un reflejo en el agua en calma. Tocando solo la superficie, pero sin zambullirse completamente en la totalidad de la experiencia interna. Las personas que lo tocan creen haber despertado, creen estar iluminadas. Creen haber vivido un satori, o haber comprendido la totalidad del universo, sin embargo, son estos falsos que dan resultados ilusorios de la mente.
¿Cómo saber la diferencia?
¿Acaso un libro puedes describir el amor? Se habla de química, de deseo, de apego, pero el amor es mucho más que todo eso, y no hay palabras para describirlo, es una vivencia clara, interna, personal. Además, el amor no proyecta sombra ninguna, ni deseo, ni angustia, ni dolor. El amor es puro y conecta, no divide. El amor no deja deuda, ni miedo, ni se olvida. Se mantiene y existe más allá de todo intento por dejar de sentirlo. No se puede controlar, solo se puede aceptar y aprender a vivir con él.
La plena conciencia del espacio interior, de la espaciosidad de la mente, es un estado igual, es real, y no se puede medir, ni controlar, ni definir, ni analizar. No es de una persona, no es propio, no es un logro, ha ocurrido, siempre ha estado ahí pero de pronto un día lo descubres, y lo único que queda es descansar en la percepción plena de la esencia.
Entonces estas tres cosas son meditar: atención – respiración – espaciosidad
Es sencillo, es un instante. Puedes hacerlo ahora mismo, con una única respiración.
A veces te preguntarás ¿por qué todos los que meditan intentan convencer al resto del mundo de que también lo hagan? No buscan que uno se siente y medite, ni nada parecido. Simplemente es un acto de egoísmo.
Cuando meditas vives plenamente, estás presente, en tu vida, en tu cuerpo, en tus experiencias. Pero la gente no está en su vida. No vive su vida. Viven fuera de sí. Deambulan como dormidos sin saber de dónde vienen ni a dónde van.
Cuando un día y otro practicas la atención en la respiración, estás más en tu vida, tú, completo, y toda tu experiencia vital se transforma y te transforma. Entonces miras afuera y sólo ves personas que no son del todo ellas, que no saben porqué sienten lo que sienten, sólo son espectadores pasivos de su propia realidad. Y quien medita, quizá, se siente un poco solo. Sólo busque compartir esa experiencia. No la experiencia de la meditación, eso es algo muy personal, sino la experiencia de la vida misma.





