El concepto de uno mismo

La visión del YO, el concepto del yo, es como la semilla de la que surgen todas nuestras creaciones, nuestras decisiones, cada pensamiento y cada palabra, todo cuanto somos, se construye desde la visión de uno mismo, la idea que tenemos de quienes somos.

Por esta razón, lo más importante que formaremos a lo largo de la infancia y la adolescencia, es el autoconcepto, la autoestima, desde la cuál realizaremos todos los demás pasos en la vida.

Cuando una persona forja un autoconcepto excesivamente alto, creyéndose más que otros, mejor que otros, acabará desarrollando soberbia, orgullo, arrogancia. Con el tiempo puede acabar despreciando a los demás, siendo más egoísta, egocéntrico, manipulador…

Cuando una persona forja un autoconcepto excesivamente bajo, creyéndose incapaz, débil, fracasado, acabará desarrollando frustración, dolor, miedo. Con el tiempo podrá generar relaciones de dependencia emocional y se autosaboteará.

Una visión de uno mismo clara, humilde y honesta, generará una vida en equilibrio, donde podamos sacar el máximo potencial de nuestras capacidades, sin excedernos ni dañarnos, donde podremos convivir y tener relaciones sanas y equilibradas.

Este exceso y defecto, esta forma de mirarnos, es la que ha generado lo que somos, por ello, para cambiar nuestra vida, o para comprender, es vital ser transparentes y volver a observar hacia dentro, hacia lo que somos, y entendernos. Comprender quienes somos, qué consideración tenemos de nosotros mismos, y cómo actuamos o tomamos decisiones desde esta visión de nosotros mismos.

Normalmente las personas consideran que tienen mal concepto de sí mismos, que se menosprecian y se identifican con el defecto de fe, la falta de poder personal, y el desprecio hacia uno mismo. Es curioso cómo se disimula el ego, y como se transforma la soberbia en victimismo, sin embargo, la falta de aceptación de nuestra realidad, y la justificación de nuestros actos, no eximen la responsabilidad de los mismos.

Por ello, no importa tanto si uno se cree más víctima o agresor, lo cierto es que es el concepto de sí mismo lo que genera su personalidad, sus pensamientos, sus decisiones y sus actos. Incluso la justificación en las experiencias dolorosas del pasado. Sea como fuere, no son las experiencias que hayamos tenido, sino la visión de quienes somos y quienes hemos sido: superhéroes, víctimas, personas rotas, personas capaces, miedosas… lo que servirá como motor y volante de nuestros pasos.

A los jóvenes les suelo decir que lo más importante es la idea que estén generando de ellos mismos. Pues a veces dejamos algo a medias, pensando que no somos capaces, o pensando que no es el momento. Entonces se genera una idea nueva de nosotros, en la que nos vemos como la persona que abandona, la que no persevera, la que se ve incapaz. También a veces llegamos tarde, o no somos puntuales, y aunque sólo sea una vez, esto genera una idea de uno mismo como la persona impuntual, la persona que se centra demasiado en “su tiempo” y se olvida del tiempo de los demás. A veces decimos que vamos a hacer una cosa y no la hacemos, y esto no es un problema para mucha gente, pero la visión que se genera de uno mismo cuando rompemos nuestra palabra es que somos personas que no cumplimos nuestras promesas. Así, una cosa y otra y otra, generan la visión que tenemos de nosotros. No tanto una experiencia dolorosa que hayamos vivido, sino una suma de acciones y de cosas a las que no hemos dado importancia, las cuales generarán un personaje, una identidad, un concepto propio que nos podrá acompañar toda la vida.

¿Cuántas veces hemos roto nuestras promesas, hemos mentido, hemos dicho que haríamos algo y no lo hemos hecho, hemos dejado algo a medias, o simplemente hemos sido impuntuales?

Es probable que creas que la visión de uno mismo se genera por cómo te han tratado otros, pero el autoconcepto va mucho más allá de las relaciones personales, es la relación con uno mismo, la sinceridad con uno mismo. No se trata de cómo te ha tratado la vida, sino de cómo te has tratado tú.

Si has respetado tus ritmos, si has intentado ser sincero, si te alimentas de alegría, si te agradeces, reconoces y celebras tus triunfos. Si aceptas y asumes las consecuencias de tus actos, si te responsabilizas de ti.

Queremos cambiar, conseguir logros en la vida, conseguir avanzar o superarnos, pero lo primero es cambiar la visión de nosotros. No hace falta exaltarla, ni buscar todas las virtudes, ni intentar demostrarnos que somos capaces de todo, sólo es necesario ser sinceros y coherentes con nosotros.

Aquí tenemos dos tipos de sabiduría: la sabiduría que surge de uno mismo, y la sabiduría que surge del mundo que nos rodea.

La sabiduría de uno mismo es como las raíces de un árbol, cuanto más fuertes y más profundas, más podremos crecer en la vida.

La sabiduría del mundo que nos rodea es como el tronco y las ramas, que nos permitirán la experiencia con la vida.

En la vida prestamos mucha atención sobre la sabiduría del mundo externo, intentamos cambiar adaptándonos a lo que nos rodea, o aprender todo sobre un tema o sobre algo en concreto, pero a veces obviamos la sabiduría y el conocimiento de uno mismo.

Observa ahora tu postura, ¿por qué elijes esa postura? ¿qué significa esa postura para ti? ¿Quién eres cuando asumes esa postura?

Observa algún juicio que tengas sobre algo, alguna idea preconcebida sobre cualquier tema ¿por qué ese juicio? ¿quién eres cuando piensas así? ¿en quién te conviertes cuando piensas así? ¿qué ocurre en ti cuando tienes ese pensamiento? ¿qué opinión tienes de ti mismo cuando estás pensando así?

El trabajo no se trata de cambiar pensamiento a pensamiento, ni tampoco cada movimiento de tu vida. Eso sería una disciplina muy dura. El trabajo interior consiste en comprender por qué eliges ser lo que eres, cómo eres, como piensas.

Cuando nuestras decisiones nos dañan, entonces se puede profundizar en observar en qué te beneficia o afecta lo que decides en la vida.

¿Se puede cambiar sin más, sin cambiar la visión que tenemos de nosotros mismos? Por su puesto que sí, los hábitos también ayudarán a que integremos cambios importantes en nuestra vida, pero a la larga, es probable que acabemos en el mismo lugar que empezamos, porque simplemente falta una base esencial, la experiencia de uno mismo.

Imagina un día y otro y otro que miras hacia ti mismo y te conoces. Que escuchas el silencio de tu mente y te conoces. Estar con uno mismo se convierte en un refugio, en una calma. Deja de haber una lucha, y sientes paz. No porque hayas alcanzado algo imposible, sino porque te conoces, no necesitas esforzarse en ser diferente, ni ser otra persona, te ves y te conoces tal cuál eres. ¡Eso es realización personal!.

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