El éxito y el fracaso

En la realización personal, el concepto más importante que se generará en la infancia, el cuál fortalecerá nuestras decisiones más importantes, es la experiencia de éxito. La sensación de ser personas exitosas.

El éxito no es conseguir lo que uno pretende, no se trata de “ganar”, sino que es una sensación. El éxito es algo completamente subjetivo, personal, y si se forja bien, podemos sentir éxito incluso cuando todo ha salido del revés. Porque el éxito no define el resultado final, sino la experiencia con uno mismo y lo que hemos logrado, internamente, no externamente.

Muchas personas consideran que ese éxito es lograr algo y que el mundo externo lo aplauda. Entonces son dos desafíos: lograr algo concreto y determinado, y conseguir el aplauso ajeno. Esto hace que, en el mundo competitivo, la mayor parte de la gente sienta el fracaso como aliado. Incluso sea el miedo al fracaso lo que les haga moverse y esforzarse.

El mal concepto del éxito obliga a la gente a comprar ropa que no necesitan, a realizar dietas hasta dañarse, a lesionarse con deporte excesivo, a trabajar más de 10 horas al día, a esforzarse más y más, hasta que se rompen, no porque quieran sentirse bien, ni porque les guste lo que hacen, sino porque no soportarán la idea de vivir con el fracaso.

El joven arrogante llega a la cima de la montaña, más rápido que nadie. Pero llega agotado, y sobre todo solo, tan solo que no le quedará más que presume de su logro.

El mayor experimentado llega a la cima de la montaña lentamente, disfrutando del viaje, con la compañía de alguien, o de si mismo, que siempre es buena compañía. No necesita presumir porque no siente que haya sido un logro alcanzar la cima, sino que sintió el éxito en cada paso del camino.

El buen concepto del éxito te llevará a progresar, lenta y tranquilamente. A sentirte bien contigo mismo cada momento del viaje. Cuando te sientes exitoso con cada acto y decisión, simplemente disfrutas de la vida. No intentas llegar más lejos, porque ya estás allí, ya has alcanzado esa cima, porque sientes que tú y tu vida estáis bien.

El fracaso y la frustración acompaña a mucha gente que consideran que su vida no ha llegado donde debía llegar. Creen que su relación tiene que mejorar, que su salud no está perfecta, que su cuerpo no está como debería estar, o que no saben lo que necesitan o no ganan lo que necesitan. Es una frustración constante, vivir con el fracaso cada día, vivir con la sensación de no ser suficiente.

Pero el éxito es una experiencia con uno mismo, en la que no son los resultados los que nos definen, sino la forma de abrazar los momentos. Se puede sentir éxito llegando el último a una maratón, o ni si quiera llegando a la meta, y se puede sentir fracaso llegando el primero. Por eso no se trata de esforzarse tanto por llegar el primero, antes de nada, hay que desarrollar un buen equilibrio con uno mismo, un sentimiento de éxito personal independiente de los resultados.

Cuando el joven dibujante se equivoca, tiene tres posibilidades: sentir que no se ha equivocado, porque se considera perfecto, con lo cual no cambiará nada, no mejorará y mañana dibujará lo mismo y de la misma manera; sentir que ha fallado, sentir el fracaso, y no intentarlo mañana por miedo a esa sensación; observar el fallo, reconocerlo, y no sentir fracaso, sino simplemente aceptar el error y corregirlo, por lo que el día de mañana lo intentará de otra manera, y esto conducirá al desarrollo de una gran capacidad en su arte.

Esta diferencia es lo que define a un artista, un profesional, un virtuoso, de cualquier otra persona. El virtuoso la mayoría de las veces no nace con esa capacidad, la hace día a día, sin relacionar cada logro y cada fracaso a una emoción positiva y negativa, sino simplemente viendo lo que está mal, aceptándolo y cambiando. Si aparece la sensación de fracaso, sabe que se frustrará y no podrá avanzar, si aparece la sensación de éxito, repetirá lo mismo, de la misma manera y tampoco mejorará.

Cuando los niños nos enseñan sus deberes, sus dibujos, las cosas que hacen, los mayores proyectamos esa emoción sobre ellos: les mostramos lo que tienen que mejorar, donde han fallado, o les aplaudimos sin dudarlo, disimulando los mil errores que han cometido. Esto genera personas pasivas, incapaces de avanzar. Cuando le dices al niño que su dibujo es precioso, mañana intentará hacer el mismo dibujo, y así hay tantos niños que siempre dibujan lo mismo, con los mismos colores, sin poder salir de ahí, porque saben que eso salió bien. No quieren dibujar, quieren volver a tener esa sensación de éxito. Cuando le dices al niño que su dibujo es muy feo y tiene que cambiarlo o mejorarlo, o esforzarse más, mañana ni si quiera intentará dibujar, porque no querrá volver a tener esa sensación de fracaso.

No es una teoría, es una realidad contrastada en las diferentes formas de educación.

En ese tipo de educación en la que se permite a los alumnos explorar, ir a su ritmo, en las que no hay notas, ni exámenes, ni tantas correcciones, ni aplausos, los alumnos acaban con resultados excelentes, hablan más idiomas, tienen mayor base en todas las materias. En este tipo de educación, los alumnos estudian menos horas, por gusto y no por obligación, y consiguen resultados mucho mayores ¿Significa esto que les han enseñado más cosas? No, simplemente les han enseñado sin generar un sentimiento de fracaso ni éxito. No hay presión. No hay la necesidad de llegar a la cima de la montaña, ni de lograr una nota excelente, ni de conseguir un dibujo perfecto, simplemente se exploran las capacidades de la mente, se potencia la autocritica y la autoobservación.

No se trata de aportar más para lograr más, sino de permitir que la visión y concepto que todos tienen de si mismos se forje de manera natural, sin presión.

Entonces recuerda ¿qué alumno eras? ¿De suficiente? ¿De sobresaliente? ¿de suspensos?

El alumno de suspensos, por muy inteligente y capaz que sea, podrá sentirse que es un fracaso toda su vida. Las notas le definirán y definirán la visión que tiene de sí mismo. Suelen ser los primeros que abandonan, los primeros que dejan todo a medias. Aquellos que, tenían potencial, por no supieron sacarle provecho.

El alumno de sobresaliente tal vez llegará muy lejos, orgulloso de sí mismo, pero se quedará atascado en algún lugar, sin poder mejorar. Creyendo que sabe hacerlo bien, que sus respuestas son las correctas. Definirá el mundo en éxito y fracaso, y como es exitoso, ya no hará falta avanzar ni cambiar nada.

Desde el equilibrio, uno avanzar en la vida observándose a si mismo, por el placer de avanzar, sintiendo éxito en cada paso del camino. Desde el desequilibrio, nos guía esa lucha por el resultado, por el miedo al fracaso o por la necesidad de hacerlo bien.

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