Vivir alineado con los valores humanos nos entrega la mayor de las felicidades. No es un sacrificio para otros, ni un esfuerzo por el mundo, sino una forma de vida que nos dará bienestar y equilibrio personal.
Cada persona debería replantearse la propia moral, no un día al azar, ni con un libro de ética, sino cada día de su vida, con sus actos, con sus decisiones.
La ética es universal, una reflexión filosófica sobre lo “bueno”. Es la teoría de aquello que haría a una persona ser mejor persona. La ética la aprendemos desde niños en nuestro entorno, con la familia, la escuela, la sociedad… Los principios éticos no son propios de cada ser humano, sino universales. Aunque es cierto que hay matices propios a cada cultura, sociedad, familia donde se pueden priorizar o flexibilizar lo que considera bien o mal.
Así puede haber culturas donde el respeto por la propiedad ajena es parte de la ética, y este principio está completamente integrado en los valores humanos de oda la sociedad. En estas culturas las personas pueden vivir con tranquilidad ya que nunca les han robado o ni si quiera han estado en situaciones donde corran peligro de que les roben sus bienes. Sociedades enteras donde a nadie se le ocurre robar, y a nadie se le ocurre si quiera que puedan robarles. Pero también hay otras sociedades donde los robos no sólo son comunes, sino que también se justifican y son habituales. Filosóficamente la dignidad es universal, y la dignidad a la propiedad ajena es parte de lo mismo, pero los matices de la experiencia, el aprendizaje, la herencia, lo cambian todo.
Por eso, en una cultura o en otra, puedes aprender unas normas de comportamiento esenciales, y con esas normas, esos principios, esos valores, uno se forja su propia moral.
En el pasado, la ética estaba alineada completamente con la religión, y en occidente esa religión basaba sus principios en aprender a ser siervo de Dios: servir, obedecer, y aprender a vivir sin orgullo ni ambición alguna, pues estaba considerado que una buena persona era: pobre, trabajadora y muy servil.
Cuando dos culturas con valores distintos se encuentran, se generan choques. Realmente los seres humanos son todos iguales, pero los valores, los principios, los hábitos… no siempre coinciden. Un ejemplo fue el hombre europeo cuando llegó a América, con su ambición, codicia, su poco respeto hacia el otro, a su propiedad, o sus valores… La historia cuenta como el hombre europeo no respetaba a los pueblos americanos, los consideraban primitivos, salvajes, los trataban como animales. El resultado de este choque aun se sufre, no fue un choque de pueblos, sino de ética y moral. Un choque ocasionado por una ética corrompida por la ambición política y religiosa. Por esto y tantos actos similares en la historia, podemos deducir que los genocidios que ha habido en la historia no son fruto de una persona, ni de la maldad humana, son fruto de grandes grupos de población y los valores humanos aprendidos. Hay culturas que abolieron la esclavitud, hay culturas que la consideraban natural.
Aun hoy escuchamos el mismo discurso previo a un acto de guerra. Los gobiernos, igual que en el pasado, siguen justificando que el otro, el «enemigo», es malo, hace cosas malas, es salvaje, contamina… entonces no se lucha contra ese país, se le «salva» de si mismo. Mismo discurso, mismos problemas éticos.
Un ejemplo del poder positivo de los valores humanos en la historia lo tenemos en Portugal, la Revolución de los claveles. En resumen, el 25 de abril de 1974 hubo un levantamiento militar pacífico que puso fin a casi 50 años de dictadura. Por la crisis económica y los problemas que vivía Portugal, el pueblo portugués se levantó contra el régimen. Entonces, como es de esperar, las tropas militares fueron enviadas a reprimir a los sublevados, pero los militares se negaron a atacar a los ciudadanos, no querían disparar contra su propio pueblo. Con este acto pacífico acabó la dictadura. Esta insubordinación nos enseñó algo muy importante: los valores humanos pueden cambiar la historia del mundo.
¿Qué puede hacer que todo un grupo militar se niegue a obedecer a su líder y no dispare contra su propio pueblo? Lo cierto es que la historia siempre muestra lo contrario. Este fue un acto sin precedentes. Cuando esto ocurre, solo puede ser porque las personas de esa cultura tienen una moral propia, forjada día a día, buscando ser personas de honor por encima de todo. Seguro que alguna vez conociste alguna persona de honor, de esas que nunca mienten, que su palabra es sagrada, que son justas, respetuosas, que mantienen la templanza y el equilibrio incluso en los peores momentos.
La ética actual está alineada con el dinero, y los principios fundamentales parecen ser justo lo contrario: ser más y tener más. Esto hace que actos imperdonables en el pasado sean ahora vistos como algo cotidiano.
Actualmente desde todos los sectores y ramas se observa la necesidad de generar una ética nueva, adaptada al momento presente. Es imperante que la sociedad, sobre todo los jóvenes, aprendan valores humanos que se adapten a su vida y sus necesidades vitales.
Vemos esta necesidad cuando observamos como tantas parejas discuten porque no quieren hacer las tareas del hogar, por egoísmo, por deslealtad, cuando el sueño de tanta gente consiste en poder tener tanto dinero que ya no tengan que trabajar nunca más, o vemos que hay quien se suicida por deudas económicas, o que existe “odio” a otras personas por ser diferentes, incluso de un género distinto al propio. El rencor, la envidia, la violencia, la mentira… Hemos normalizado la falta de valores humanos.
Por eso es imperante replantearse los valores humanos, no sólo para evitar tanta delincuencia, agresividad, depresión… sino también para aprender a vivir más felices, más agradecidos, más libres, conscientes, plenos.
La moral es personal. Son las normas concretas que guían el comportamiento de cada ser humano en función de la ética aprendida e integrada. Mientras la ética nos la enseñan, la moralidad es individual.
La moral es práctica, cada ser humano la construye integrando la herencia, la reflexión ética y la experiencia. Es un mapa personal, una brújula para nuestro comportamiento. Todos tienen un baremo personal de lo que está bien o mal, y cuando vamos en contra de esta brújula, genera remordimientos de conciencia, baja autoestima y problemas de autoliderazgo.
Cuando vivimos en función de lo que consideramos correcto, nos volvemos más fuertes de carácter, desarrollamos la capacidad de juicio, de toma de decisiones, desarrollamos el autoliderazgo, autocrítica saludable y una forma de vida que proporciona un crecimiento constante.
No podemos comenzar a ser respetuosos sin habernos planteado antes qué significa el respeto para nosotros, cómo es una persona respetuosa, qué beneficios genera ser respetuoso. No podemos ser personas equilibradas si no hemos reflexionado antes sobre qué es el equilibrio y la templanza, cómo es una persona equilibrada, qué beneficios genera vivir con equilibrio. No podemos ser honestos hasta que no hemos reflexionado lo que genera en el ser humano la falta de honestidad, cómo es una persona honesta, qué beneficios genera ser honestos….
Sabemos lo que beneficia actuar de cierta manera, y entonces lo practicamos.
Así, muchas personas han integrado juicios y creencias limitantes en base a los valores. Por ejemplo, que las personas exitosas son tramposas, que las personas honradas siempre pierden, que las personas generosas siempre son engañados… juicios limitantes que no conducen a tener una moral contradictoria, anclada en experiencias dolorosas y que justifica comportamientos mezquinos.
En estos casos, las creencias limitantes enseñan que «actuar bien», sólo trae perjuicio.
Sin embargo, vivir afín a los propios valores, genera la mayor de las dichas. Y aprender a vivir sin culpa, en equilibrio con uno mismo, con los propios valores, discerniendo y definiendo nuestros propios pasos en la vida, hace que sobre todo, seamos más felices.
Ahora, muchas personas pueden sentirse frustradas consigo mismas cuando intentan ser “el prototipo perfecto” de ser humano de un día para otro. Cuando la sociedad y las experiencias te conducen a las creencias limitantes que tienes, junto con toda una vida con patrones deshonestos, necios o egoístas ¿Cómo podemos dar la vuelta a esto?
Un truco es dejar de enfocarte en ser el “humano perfecto”, pues cada vez que regreses a una actitud que consideras negativas, te sentirás incoherente y fracasado. Mejor, enfócate en vivir sintiéndote bien contigo mismo. Comienza con la honestidad. En el día a día busca ser honesto y esto te transformará en una persona íntegra, equilibrada, respetuosa, noble… Así, poco a poco, desarrollarás la fortaleza moral y personal.
Antiguamente la contradicción de la mente y la búsqueda de la propia moral, se señalaba con la conciencia pintada como un ángel y un demonio interno. Aunque la imagen en sí es mucho anterior, en el s IV, el filósofo griego Platón realizaba la alegoría al carro alado, donde el auriga o la razón, guiaba un caballo blanco que representaba el espíritu noble y un caballo negro que representaba las pasiones terrenales. La razón tenía que pasar toda su vida controlando ambos caballos.
Antes, ya fuera por la religión o la filosofía, en todo el mundo, todo ser humano crecía con la idea clara de que cada día de su vida, momento a momento, debía reconocer y discernir la voz de su conciencia y elegir cada pensamiento y acto en función de la persona que uno quería ser. No era una idea etérea, era una realidad la comprensión de que en la mente está nuestro mayor aliado y nuestro peor enemigo, y todo depende de qué elijamos.
Con el tiempo este concepto se asocia a la religión, pero está en todas las culturas, más allá de las religiones, y es real. Los deseos y pasiones humanas, muchas veces van en contra de la razón y el corazón. El valor de una persona no está en todo lo que ha logrado en la vida, sino en función de lo que ha elegido cada día, qué pensamientos, qué actos, que pasos da.
Pensamos que en el fondo el ser humano es “bueno”. Y es cierto: la bondad es intrínseca a la humanidad, pero la capacidad de ser buena persona no te convierte en buena persona. Igual que la capacidad de ser agradecido no te convierte en una persona agradecida.
Tienes la capacidad de elegir dentro de ti, los pasos que quieres dar, los pensamientos que quieres tener, los juicios y hábitos que quieres mantener… No se trata de las posibilidades, si no de las elecciones. Día a día, paso a paso.






