Entrenar la mente para mirar hacia uno mismo, para autotransformarse es una de las claves que aprendemos en meditación. La meditación nos conduce a una mirada interna constante, pero una mirada llena de quietud y consciencia. Saber mirar hacia uno, saber aceptarse, conocerse, y mirarse con amor, es una clave esencial para vivir en paz.
Solo cuando nos autoobservamos comprendemos la necesidad que tiene el ser humano de autotransformarse. La consciencia comienza con la autoobservación.
Al observarnos, al conocernos, reconocemos patrones, pensamientos, aspectos ocultos para nosotros, y de manera natural aparece la comprensión. Poco a poco, según más nos conocemos, aparece un cambio interior que transformará la relación con el mundo.
Pero incluso esta mirada hacia uno mismo tenemos que saber realizarla con amor y sabiduría, y no con exigencia ni imposición.
Cuando la mirada hacia uno mismo está realizada desde la extrema disciplina, la necesidad de autoperfeccionarse o la ignorancia, se genera una hipervigilancia extrema, una autocrítica severa. La persona busca todos sus defectos, los errores, las debilidades, la persona poco a poco desconecta de su entorno y mira al resto desde el juicio.
Cuando, al contrario, la persona no tiene ninguna mirada hacia sí misma se genera un desequilibrio, una negación de sí misma, una falta de dominio y autocontrol. Se vuelve irracional, inconsciente y muy instintiva y emocional.
La mirada hacia uno mismo tal vez no sea exacta, el reflejo que nuestra mente nos devuelva, nuestra propia interpretación de lo que vemos, no será fiel a la realidad. Pero no importa tanto equivocarnos, sino mirar con amor. Como al contemplar un paisaje, mirar con paz y amor propio.
El equilibrio en la mirada interna es una clave que deberíamos aprender, pero también aprender cómo mirarnos.
Piensa en otra persona. Cuando la miras con extremo, buscando todos sus puntos débiles, buscando todos los detalles, se genera una mirada cruel, juiciosa, negativa. Cuando ni si quiera la miramos, cuando no nos damos cuenta de quién es, cómo es, se convierte en una conexión vacía, un desconocido. Por esto, para mirar al otro en equilibrio tenemos que hacerlo con amor.
De la misma forma, para mirar hacia uno mismo, tenemos que hacerlo con amor. Un amor equilibrado, con confianza en nosotros y con transparencia.
Mirarás al mundo con la misma transparencia, paz, equilibrio con el que te miras a ti mismo.
Tratarás al mundo con la misma transparencia, paz, equilibrio, con el que te tratas a ti mismo.
Es probable que acabaras en esta web, este grupo, buscando algo, no porque quieras conocerte. A lo mejor buscas fuera porque sientes que algo te falta dentro. Entonces analizas las palabras, la persona que las escribió, analizas todo con detalle o, engulles el contenido como si fuera maravilloso sin ni si quiera entenderlo bien. Es encontrar el punto medio. Ocurre algo fuera, este texto, el día de hoy, un sonido… entonces algo en ti reacciona suavemente, algo delicado y suave ocurre en ti, algo sencillo, natural. Y eso es lo que miras.
Hay un paisaje ante ti, y no lo miras con detalle como si fuera la última vez que pudieras disfrutarlo, ni lo miras por encima como si no significara nada, simplemente lo observas, lo contemplas con amor, y miras dentro de ti, sintiendo lo que te evoca ese paisaje. Tomas consciencia de esa sensación interna, que es sólo tuya.
Estamos en un punto del mundo donde todo pasa rápido, pasan muchas cosas, y nos acostumbramos a ello. En el mismo día vemos muchas cosas, muchas imágenes, escuchamos muchas músicas, leemos muchos textos, vemos personas distintas, personas que conocemos y que no. Constantemente hay estímulos nuevos, entonces no se trata de analizarlos todos, ni de engullirlos sin más, se trata de seguir viviendo, con calma, con plena consciencia de quién eres tú en este momento.
Parece que el peor enemigo de la humanidad es su propia mente. Es algo que queda claro cuando vemos tantas guerras, tantos conflictos, tanto odio, resentimiento, tantas opiniones y tanta supuesta sabiduría. La mente es enemiga porque es muy grande, es capaz de cosas increíbles, maravillosas, pero también es capaz de cosas horribles. Controlar la mente solo genera problemas. Desarrollarla es esencial. Aun así, comprendiendo que la mente, es capaz de crear y destruir. Fuera y dentro de nosotros.
La mente ha creado quien eres tú, es poderosa y fuerte. Por eso aprender a escucharla, a conocerla, es tan importante.
Tus opiniones, tus juicios, tus pensamientos, son importantes. Forman la estructura de tu mundo. Cambiarlos, cambiar tu manera de pensar es un desafío que puede poner todo patas arriba. Es probable que muchos estén equivocados, todos tenemos opiniones muy certeras sobre todas las cosas, y no es posible que todos tengamos razón a la vez, pero no es tan importante eso. No es tan importante que tengas razón en algo o estés equivocado. Es más importante comprender que lo que para ti es real, hace que el mundo sea como es. Te da seguridad, tranquilidad. Por eso, no intentes controlar tu mente para vivir “con la verdad” sino para vivir “en la verdad”: la verdad de la vida, la verdad del día a día.
Sin importar tanto quién tiene razón o quién está equivocado.
Es probable que yo esté equivocada en todo. Por que la verdad de la mente son opiniones, sensaciones, teorías, cosas que hemos escuchado, cosas sin más. Pero la vida es verdad, la experiencia es verdad. Es real.
Entonces la mente, buscando ser, buscando tener espacio por encima de todo lo demás, mira juzgando, analizando, engullendo, no sabe mirar con amor, porque la mente mira creando, construyendo, iluminando.
La mente es luz, y el corazón es amor. Entonces la mente quiere iluminar, y necesitas vivir en un mundo con luz. Aunque lo que veas y creas no sea tan certero. De entrada, no importa tanto. Importa más que haya coherencia, que sientas paz, que sientas que tu vida tiene sentido.
Los juicios son una forma de apagar la luz de tu mente. Apagar la consciencia de la vida. Porque cuando juzgamos, en vez de mirar con plena consciencia, estamos analizando y enjaulando una verdad, para darle forma. Utilizamos los juicios cuando intentamos esconder algo que no queremos ver.
Por ejemplo, sentiste algo hace tiempo, o tienes una opinión mala, una manera de pensar que no te gusta, algo que te afecta y quieres esconder. Entonces escondes ese pensamiento o ese sentir bajo los juicios. Juicios negativos y oscuros hacia el mundo. A lo mejor sientes que no has conseguido lo que mereces, o que no has logrado tus sueños, pero no te gusta sentir eso, y ves a alguien que ha logrado algo maravilloso, y en vez de celebrarlo, lo juzgas, juzgas a esa persona creyendo que lo ha tenido más fácil, que no se esforzó. Tu juicio está escondiendo algo, tu juicio te protege de sentir dolor, de enfrentarte a algo interno.
Entonces tu juicio te protege. Para alguien superficial, lo importante sería el juicio, pero cuando buscas aprender a contemplar el mundo con amor, no te importa tanto el juicio, sabes que el juicio lo usas para protegerte, pero sí quieres ver aquello que escondes.
Mirar hacia uno mismo, autoobservarse es muy saludable, te dará paz, confianza, te ayudará a conocerte, aunque siempre que lo hagas con amor, comprendiendo que tu mente ha creado la estructura de tu personalidad, del sentido de la vida, las tus relaciones, e incluso la conexión con el mundo invisible, o su negación.






