Una mente entretenida

¿Tan vacía se siente la gente que necesita entretenerse todo el tiempo? ¿Por qué tanta gente necesita rellenar todos los huecos con banales actividades que les hagan olvidar la misma vida, hasta que llegue la inevitable muerte?

Móvil, películas, series, ocio, deporte… El gran engaño de la gran industria del entretenimiento para quitarle sentido y trascendencia a la vida humana.

Lamentablemente solo sabremos el objetivo del inmenso gasto de energía, recursos y dinero en el entretenimiento humano, cuando comprendamos el auténtico poder de un solo ser humano.

Pero, independientemente de todo el esfuerzo por atontar a la masa, un solo acto de valentía y originalidad genera un acto extraordinario, y un acto extraordinario de un ser humano puede cambiar el rumbo de la historia.

Nos hablan de hacer el bien, de hacer lo correcto, de hacer lo que «toca hacer», pero lo cierto es que lo más trascendental es hacer algo único.

¿Acaso te has dado cuenta de que no hay dos seres humanos iguales? Eso significa que cada mente, cada vida, cada ser humano es único.

El entretenimiento te transforma en masa, en grupo social, y dirige los pasos hacia un lugar que tú no has elegido. El valor y la voluntad te conducirán hacia un lugar nuevo, único, solo tuyo, y no importa si te equivocas mil veces: lo único importante es que lo sigas intentando.

Así, sin darnos cuenta, el entretenimiento se convirtió en una de las armas más poderosas, actuando como un mecanismo de control social, dirigiendo la atención a lo trivial y potenciando la falta de razonamiento, de pensamiento propio y de individualismo.

La ignorancia colectiva hace pensar que una película, una serie, un telediario, un móvil «no nos puede cambiar», pero esta absurda creencia no tiene sentido. La gente invierte gran cantidad de su espacio mental en debatir todos los contenidos que les muestran, olvidando pensar por sí misma.

Existe una verdad, y existe una mentira. Cuando acostumbras a las personas a debatir entre ambas, entregando la verdad por un lado y la mentira por el otro, de manera automática creerán que una de las dos opciones es la verdadera, y en el debate de definir cuál es la verdad y cuál es la mentira, diferenciando entre ambas, se entretendrán. Pero entonces solo necesitas entregarles dos mentiras para que debatan cuál de las dos es más verdadera, cuál se acerca más a la verdad, para que jamás se planteen siquiera que existe una tercera opción que es la única verdad.

Un ejemplo es la publicidad: eliges entre un refresco de limón o de naranja. Entonces la persona piensa que le gusta más uno que otro; tiene dos opciones, A y B, pero no se plantea que pueda haber otros refrescos.

En el campo de la política internacional se traduce en la visión de dos espectáculos aterradores: guerra o terrorismo, destrucción completa de la tierra o control climático. Son dos caminos aterradores, y la población, ignorando que puede pensar, elige ciegamente entre ambos; pero nadie imagina que el mejor camino es un tercero.

En comunicación de masas esto se llama la ventana de Overton, y se usa para limitar todas las ideas que pueden ser razonables para discutir. El objetivo es que la persona piense únicamente en esas dos opciones.

Los medios de comunicación de masas y el arte del entretenimiento son la ciencia más investigada y testada. Los experimentos sociales son constantes y la inmensa población vive ignorando el poder que entregamos a otros.

Entonces, la gente piensa en «desconectar» del trabajo o de los problemas de la vida, en «dejar de pensar», pero esto no es cierto: el hecho real e indiscutible es que, cuando uno desconecta, está permitiendo que «otros piensen por él».

El entretenimiento de masas no es una forma de diversión, no es un acto lúdico, es una cesión completa del poder personal, del individualismo y de la libertad.

Una mente entretenida es una mente vacía y sin dirección.

Recuperar el poder es pensar por uno mismo, actuar por y para uno mismo. Reflexionar y tener ganas de vivir.

Los conflictos, los retos, no son algo que debamos olvidar o apartar. No son una carga, no son un sufrimiento, son desafíos de la misma vida.

La expresión «necesito una copa» es perfecta para mostrar esta situación. Desde hace décadas, en casi cada película y serie de televisión, la escuchamos sin darle importancia. Pero esta expresión encierra una programación social inmensa: no solo nos dirige hacia la supuesta necesidad de desconectar de los problemas, sino que también nos programa para que tengamos una forma de evadirnos de ellos, embriagando la mente para no pensar.

El alcohol es una medicina sagrada que existe desde hace miles de años, pero el alcohol no sirve para evadirse de los problemas, igual que el juego, lo lúdico, la alegría, el festejo… El objetivo de todo esto no es dispersar la mente, atontarla e ignorar la vida, sino festejar la vida, reír y compartir en espontaneidad y felicidad.

En la vida el juego es algo esencial. Pero jugar no significa entretenerse. Jugar es algo más profundo con un significado completamente diferente del entretenimiento.

Jugar es algo precioso. Etimológicamente viene de iocus, y vendría a traducirse como hacer algo con alegría. El objetivo del juego es disfrutar de la vida, no olvidarla, sino aprender a ser un niño y gozar de todos los aspectos vitales. El juego clásico infantil nos ayuda a ser felices, a ser espontáneos, a improvisar y a desafiar cada día con ingenio y pasión.

El entretenimiento, por otro lado, es un atontamiento, y está dirigido a la dispersión mental. El objetivo del entretenimiento no es vivir con alegría, sino vivir atontado. Proviene del latín inter y tenere, y viene a significar sostener entre varios puntos. Consiste en mantener a una persona entre un estado u ocupación, o mantener sujeta la mente en una dirección concreta.

El juego te ayuda a crecer, a pensar, a explorar e investigar. El juego te hace más inteligente, audaz, positivo y enérgico.

El entretenimiento te bloquea, limita las posibilidades y te convierte en alguien más pasivo y, por ende, más juicioso.

La cultura del entretenimiento genera maltrato, sadismo y pasividad. La mente acostumbrada al entretenimiento deja de entusiasmarse, de emocionarse por los hermosos detalles de la vida, como una mariposa, un beso o un atardecer. La mente que tiende a entretenerse poco a poco deja de sentir alegría por vivir. Se torna más agresiva, codiciosa, juiciosa, negativa y dispersa. Pierde la pasión y pierde la sensación de que puede crecer.

La cultura del juego genera inteligencia, cooperación, alegría, espontaneidad. La mente acostumbrada al juego crece en los desafíos y encuentra lo positivo.

Los niños que juegan tienen una mente constructiva, inteligente, astuta, libre.

Los niños que se entretienen con una tablet tienen una mente obtusa, terca y negativa.

Aunque no nos guste admitirlo, vivimos en una sociedad del entretenimiento. No solo la cultura occidental, sino casi todas las culturas, se han visto absorbidas por los medios de comunicación de masas y por las técnicas de control de masas. El entretenimiento ha generado una forma de vida distinta, nuevas adicciones, nuevas formas de relaciones humanas, nuevas interacciones.

Entonces, solo cabe preguntarnos qué pasa cuando la mayoría de la humanidad no dirige conscientemente su pensamiento, sino que se deja arrastrar por la «masa» gobernada por las refinadas estrategias de manipulación de masas.

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