Filosofía y enseñanzas espirituales

La visión de la vida

Imagina que tienes un óculo, una lente que filtra todo lo que ves. Desde que abres los ojos, todo cuanto observas está filtrado por esa lente.

En principio las lentes están diseñadas para ayudarnos a ver mejor, pero imagina que tu lente no está bien graduada y te hace verlo todo borroso, o que está teñida de algún color y tiñe todas las cosas que ves con ese color, o imagina que tu lente está sucia, o dañada.

Toda nuestra visión del mundo está distorsionada por el filtro de nuestra mente.

A veces nuestra mente puede distorsionar cada cosa que vemos, entonces actuaría igual que una lente mal graduada. La persona no sabe quién es, no tiene plena conciencia de sí mismo, o está situado en una posición incorrecta en la vida, entonces distorsiona todo cuanto le rodea. Le cuesta entender la vida, entender a las personas, se siente alejado de los demás o simplemente ni si quiera les ve. Pudiera ser que su reactividad ante las demás personas fuera exagerada, considerándose una persona muy sensible, pero realmente está en una posición incorrecta, tiene una visión borrosa de la vida, no alcanza a tener equilibrio, y todo lo que entiende es exagerado, desmesurado, disminuido, menospreciable o inconcreto. Habla de un tema cuando quiere expresar otra cosa, da una respuesta pero quiere dar otra respuesta diferente. Sus preguntas no son correctas. Su visión de la vida es borrosa.

Ante estas situaciones, simplemente tenemos que ir “encuadrando” nuestra visión. Aprender a estar donde nos corresponde. Si fuera una obra de teatro o un cine, bastaría con posicionarnos unos asientos atrás o adelante. Basta con tener la humildad para reconocer cuál es nuestra posición real.

Otras veces la persona lo ve todo distorsionado por algún color concreto. Pudiera ser que vea bien las cosas, pero teñidas por alguna emoción que transforman su visión. Aunque parezca menos malo que lo anterior, realmente es igual de malo o peor. La persona piensa que está viendo bien, pero existe un juicio emocional que transforma todo cuanto le rodea. Pudiera ser que viera miedo en todas las personas, o dolor, o crueldad. Pensaría que todas las personas viven las mismas emociones, y las mismas circunstancias. Su mente está atrapada en una emoción que transforma todo cuanto vive. Todo le recuerda a alguna cosa. Cada momento que vive es igual, o parecido, o señala lo mismo, que algo que ocurrió hace mucho tiempo. Una persona nueva le resulta “conocida”, el amor incluso no existe para esa persona de una forma completa, es un “reconocer, no puede vivir la sorpresa de la nuevo. No puede ver la vida con claridad. Algo del pasado enturbia todo el presente.

Cuando esto ocurre todos deberíamos comprender que no estamos viendo las cosas como son, sino atascados en una visión que ya fue, la cual está distorsionando el presente.

Algunas veces las personas ven a otras, las aman, las tiene presentes en sus vidas, pero no las pueden lograr ver, entonces el amor se va disipando. Ven en ellas las sombras de alguien del pasado. Les recuerdan a sus padres, o a sus exparejas, o a amigos lejanos. No pueden ver a la persona, sólo ven un recuerdo. Poco a poco el filtro empaña más y más y hasta los comentarios, los gestos, todo en la vida está distorsionado por un color lejano.

Y lo más complicado no es reconocer ese dolor, sino comprender que a veces ese conflicto, o ese pasado ni si quiera se originó en nuestra vida, sino que son sombras de pasados que no hemos vivido. Si observamos la historia, ante hechos que nadie ha vivido, como guerras, conquistas, reconquistas, invasiones o ingenios y evolución, cosas que nadie sabe a ciencia cierta si son reales o no, si fueron así o son un invento posterior, una película, podemos ver que las personas están tan empañadas por las impresiones de que y cómo se lo han contado, que todos se enfurecerán, o se sentirán dolidos, o revueltos, cuando otra visión o perspectiva amenace el filtro que tenemos de esa realidad. Las personas, cegadas por sus filtros emocionales, protegerán la historia que ni si quiera han vivido, por que no protegen esa historia, protegen la emoción que empaña su visión.

Cuando era niña y me probaba las gafas de colores pensaba que todo parecía algo de una película, o del pasado. Lo que veía no era real. Aun así, era divertido. Era emocionante por un instante verlo todo coloreado. Luego me quitaba las gafas y sentía tranquilidad. Las cosas parecían más vivas, más reales. Recuerdo que de niña tenía la creencia de que las personas malvadas, como los asesinos o ladrones, veían las cosas con gafas de colores rojos o negros y por eso actuaban así.

Cuando la persona supera el pasado, es como sentir que todo está más vivo. Todo es nuevo. Todo surge por primera vez. Como siempre ha sido. Sólo que ahora no hay ningún filtro en la mente que constantemente nos haga mirar hacia algo que ocurrió.

Algunas veces encuentras personas que tienen sus lentes rotas. Su filtro de la vida quebró. Su visión de la vida no está distorsionado, está completamente roto. Y cada imagen, cada momento nuevo, está lleno de dolor y resentimiento. Algo les ocurrió, algún golpe en la vida, que rompió toda visión de vida. Constantemente inventan nuevas excusas para no “ver” que son ellos los que no están comprendiendo la vida.

Aseguran que la vida es cruel, o mala. Que la vida trata mal a la gente. Se apoyan en que tienen fuerza y por eso resisten.

En seguida se empecinan en ver dolor en las demás personas, y su visión, aunque rota, es la única que guardan de la realidad, por lo que sus recuerdos quedan también quebrados. Si la lente se rompió con un golpe limpio, la persona pudiera ver una realidad alterada parcialmente. Entonces la necesidad de orden, justicia, de claridad, es impresionante. Personas con obsesión por las normas, por lo correcto, por lo real. Personas que no son capaces de perdonar, o que su tiempo libre consiste en limpiar y ordenar todo una y otra vez. Personas que se alejan de la alegría o sienten paz cuando no hay ningún tipo de conflicto.

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Todos los días a las mismas horas, de la misma forma, surgen las mismas cosas. Están necesitadas de control. A veces se creen abiertas a lo nuevo, aunque realmente nunca viajan, ni salen de su zona de confort, o lo hacen con cierta disciplina y orden.

Se burlan y menosprecian la libertad. No comprenden el proceso creativo, o lo confunden con el perfeccionamiento y la estética refinada.

Aquellos que viven comprendiendo la vida desde un filtro rotos necesitan tener las cosas muy claras porque su visión de la vida está quebrada por algún lugar. Por ello sus casas, sus agendas, su economía, sus relaciones, su intelecto, incluso sus emociones, están totalmente controladas. Se sienten aterrorizados ante quien es imprevisible. Juzgan la persona que hoy se emociona sin razón, mañana ríe sólo porque tiene ganas, pasado está en silencio y se siente en paz aunque su alrededor esté en caos. Su cristal está roto y es difícil arreglar.

Una forma de entender la vida distorsionada o borrosa, o un filtro emocional, es algo fácil de comprender y solucionar, pero una forma de entender la vida quebrada es muy difícil de aceptar. Estas personas asegurarán que lo ven todo tal cual es, y por eso les duele, o por eso necesitan ayudar a los demás, ven sufrimiento donde no lo hay, ven dolor, ven quiebre y angustia. Están totalmente conmovidas por ese dolor y su objetivo de vida muchas veces es solucionar y ayudar a que ese dolor desaparezca. Llegan a matar si es preciso, o ayudando con su vida, entregándose día y noche a los demás.

Su visión rota no les permite comprender que siempre habrá dolor en lo que ven. No se dan cuenta que los momentos que tienen de mayor alegría y amor, son aquellos en que se sienten reconfortados por haber ayudado a otros, y no por la inmensa alegría de simplemente respirar, o de estar vivos, o de comprender que todo es perfecto.

Un cristal roto se soluciona cambiando el cristal. La mente sufrió un shock, hay que remodelar, hay que renovar el pensamiento al completo. Por más que duela, la persona debería aprender desde cero. Aprender a vivir en el desorden, aprender a vestirse, a lavarse los dientes, a comer, a leer, a jugar, sin intentar hacerlo correcto. Necesita aprender que la vida es un juego para dejar de intentar reparar la forma de vivir de todos cuanto les rodean.

También nos encontramos que, en otro defecto de ver la vida, algunos tienen un filtro que empequeñece el campo de visión. Es como si su lente sólo les dejase ver una parte muy pequeña de la vida. Con cariño miramos a esas personas que no logran comprender muchas cosas que no son ni si quiera capaces de ver. No las intentamos forzar a que vean lo que uno ve, ni menospreciamos a quien no ve algo que nosotros sí podemos ver.

Ocurre desde siempre que los niños que son capaces de ver cosas que nadie más ve, que hacen preguntas que nadie comprende, son niños de quienes la sociedad se burla, y con los años estas burlas y juicios crecen. También ocurre que estas personas desarrollan una visión de sí mismas muy negativa, o que dejan de creer en todo, porque ellas ven algo que nadie más ve, o su visión de vida es completamente diferente. Se les llama disléxicos, o se piensa que están desenfocados, aunque tal vez tengan una capacidad que todos aquellos, con sus formas correctas, con su distorsión de la realidad, no logran ni si quiera soñar que existe. Y es más, en esas formas de ver la vida, aparecen los milagros que cada poco tiempo cambian el planeta.

A veces, algunas veces, encontramos personas que tienen una forma de ver la vida inclasificable, única, espontánea. Sin juicios, sin deudas, sin pasado, sin expectativas. Ven la vida ahora. Entonces no hay juicio, ni distorsión. Puede que no guste, pero es una forma de ver la vida lúcida y completa.

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