Le envidia

La envidia es una de las emociones que más daño hacen, tanto a quien la sufre como a quienes la dirigen.

Divide el mundo, convierte a tus amigos en enemigos y saca lo peor de cada persona.

A diferencia de otras emociones conflictivas, la envidia se esconde. Por eso muchas personas la sufren, la justifican y son incapaces de reconocerla.

La envidia hace que desees el mal, que odies, que te contradigas y que ataques incluso a tu propia familia o mejores amigos.

Mucha gente asegura ser víctima de envidias ajenas pero es incapaz de reconocer esta emoción en sí misma.

La energía contraria a la envidia es la admiración, y solo cuando una persona admira sinceramente a quienes le rodean, puede confirmar que está sanando y transformando la envidia.

Para superar la envidia es necesario, pues, desarrollar una admiración sincera hacia todas las personas.

Muchas personas esconden la envidia en una mirada juiciosa, oscura, que recalca los defectos o conflictos ajenos. Aseguran que quieren ayudar, que ven el dolor del otro desde el amor y quieren sanarlo, aunque realmente solo esconden la envidia, pues son incapaces de celebrar la dicha y felicidad ajena. Solo ven sufrimiento, ignorancia o defectos en sus allegados. Su envidia nace del orgullo, se sienten superiores y no aceptan cuando descubren a alguien a quien le va bien.

Otras personas, con su envidia, buscan enemigos o razones para odiar a otra persona. Creen sentir que el otro está mal, «su mala energía»; saben que el otro les cae mal pero no tienen idea de por qué. Solo rechazan a la otra persona por envidia. Piensan negativamente en ella, le desean el mal, la tienen en la cabeza y siempre de una forma negativa y oscura, aunque quieren creer que el otro es culpable, tras esto está la envidia.

La envidia, como toda emoción, busca extenderse y crecer. La persona que la sufre intentará meter veneno en otras personas, chismorreará, sacará a la luz los defectos ajenos, o se inventará y exagerará lo que sea para que otros sientan odio hacia la persona a quien envidian.

La envidia es la energía que más fácilmente se convierte en magia negra. Es la forma más simple de maleficio, donde toda la mente de alguien se centra de una forma oscura y negativa sobre alguien.

La persona que trabaja la luz, que realiza un trabajo personal, debería vigilar siempre su manera de mirar a otros: descubrir la luz, la sabiduría, el amor y el potencial de cada persona. Sin justificar sus defectos, no poner todo el foco en aquello que está mal, sino en la gran lucha vital que cada uno vive.

Cualquier trabajo de servicio espiritual que realice una persona que no ha superado su necesidad de ser mejor, de compararse, de ver los defectos ajenos, es un trabajo que puede fácilmente echarse a perder, porque cuando un sanador así se encuentra con una persona que brille, la menospreciará y buscará todos sus defectos.

El conflicto kármico llega cuando la mirada oscura se posa en otras personas, materializando y proyectando la propia sombra de la envidia sobre los demás. En ese momento, independientemente de todo el trabajo que se haya realizado, se puede echar a perder.

El trabajo de los valores humanos es, pues, esencial en el camino interior. Valores fundamentales de honestidad, con uno mismo y con el entorno, valores de equilibrio, ecuanimidad, de respeto y de honor. Sin un desarrollo de los valores humanos, la intención de sanar, ayudar a otros o incluso crecer, estará fundamentada sobre el propio ego. Y el ego te llevará lejos, muy lejos y muy alto, pero allí estarás muy solo.

¿Cómo superar la envidia propia o ajena?

Primero de todo es necesario reconocerla; tras eso, es importante aprender a ver la luz en todas las personas. Día a día buscamos admirar y sentir amor hacia los demás.

Cuando hablemos de otros podemos centrarnos en lo positivo, y evitar contar aquello que solo genera dolor, división o dualidad. Cuando hablamos desde el amor, construimos, nutrimos. Muchas personas confunden hablar de lo que sienten con atacar y confrontar a otros.

¿Por qué necesitas mostrar a otros ese pensamiento negativo? ¿Es real ese pensamiento o es un juicio?
Al atacar, juzgamos, negamos la luz y generamos dolor.

Por ejemplo, no tiene nada que ver decir «me siento triste cuando actúas así» que decir «haces que me sienta mal» o «tú eres así».

Muchas personas se centran en la otra persona, en lo que hace, en lo que es —o, mejor dicho, en lo que creen que es—. Sin embargo, no comprenden que eso son ataques y juicios, y que cuanto más miren a la otra persona, menos sanan su propio dolor.

Cuando la persona difumina esta emoción, cree que ayuda, pero en su acción hay veneno. Necesita hacer ver su superioridad, sacar a relucir todo lo que humille o avergüence al otro, aunque no sea cierto. Necesita demostrar que ella es mejor, que solo intenta ayudar, y suele justificar sus acciones, palabras y juicios detrás de una visión oscurecida del otro. Le ve orgulloso, enfermo, negativo, y proyecta en el otro sus peores venenos y defectos.

La persona pasiva ve a quienes tienen voluntad como agresivos.

Las personas con poco poder personal ven a los asertivos como egoístas y frías.

La envidia hace que no aceptes esas virtudes ajenas, y veas defectos en todo lo que realmente necesitas aprender. El pobre ve desgraciado y tacaño al rico; la persona insegura ve egocéntrico a quien es seguro de sí mismo; y quien es perezoso ve a la persona que se esfuerza como alguien a quien la vida se lo ha puesto fácil.

Cuando por fin la persona envidiosa acepta el esfuerzo, sacrificio y trabajo ajeno, considera que ella también pasó por lo mismo, comparándose e igualándose.

La envidia, en su aspecto más negativo, desea el mal ajeno, pero muchas veces lo hace de una forma sutil, por ejemplo deseando que la otra persona viva esa experiencia dolorosa para que aprenda o cambie.

Para sanar la envidia tenemos que dar la vuelta a esto, entendiendo que es una manera de esconder el problema que uno sufre.

Por último, para sanar la envidia, es necesario dejar de envenenar los pensamientos propios o ajenos. Aprender a respetar el criterio que cada uno tenga sin sacar a relucir aquello que hará que otros cambien su opinión.

Para sanar completamente hay que reparar todo lo proyectado en el pasado, pedir perdón y transformar el odio y pensamientos negativos generados, el veneno y el dolor creado. Se trata de empearr a desear el bien a aquellos a quien tanto daño hiciste envidiando. Con la misma fuerza y el mismo tiempo que deseaste el mal.

Muchas personas creen ue pedir disculpas, pedir perdón y perdonar es un instante, y lo es, pero reparar las heridas generadas puede llevar mucho más tiempo.

En resumen, la envidia genera muchos pensamientos negativos hacia otros, y la mente es poder, es creación y destrucción. Para dar la vuelta a esa magia generada, o que nos hayan generado, es necesario crear pensamientos positivos, con la misma intensidad emocional. Pensamientos de abundancia, amor, felicidad y éxito. Pensamientos positivos sin peros, sin ver los defectos, sin generar esa sombra final que, como un cuchillo, da la vuelta a todo.

Te deseo lo mejor del mundo, y no hace falta más. No hace falta añadir «para que superes…», «para que veas que no te guardo rencor…», «para que sanes tus problemas», «para que aprendas eso que aún no sabes…».

Desea el bien puro:

Te deseo todo el amor, la dicha, la felicidad, la salud del mundo, porque lo mereces, porque eres precioso, perfecto, porque eres dicha, amor, felicidad y salud.

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