La sociedad y la libertad personal

La sociedad en que vivimos intenta semejar un organismo, donde, de una forma u otra, cada pequeño aspecto está completamente relacionado con todos los demás. Y así, como un gran entramado, todo tiene sentido.

Cuando un organismo está en equilibrio, no sólo el organismo está sano, sino que su relación con el alrededor también lo está, más claramente nuestra sociedad no lo está, no es una sociedad sana. Y la razón de esto no es únicamente que no hay equilibrio con el alrededor, sino también que entre los diferentes aspectos de la sociedad tampoco hay equilibrio.

Cuando un cuerpo, se ataca a sí mismo, se dice que tiene una enfermedad autoinmune, y en este tiempo, cuando encontramos los distintos aspectos de la sociedad, completamente yuxtapuestos, enfrentados unos con otros, podemos decir que nos encontramos ante un problema serio, ¿pudiera ser que nuestra sociedad tiene una enfermedad autoinmune?.

Simplemente, cuando las profesiones diferentes diseñadas para dar forma a la estructura social: medicina, educación, seguridad, periodismo, derecho… en vez de trabajar por el bien común, trabajan por intereses aparentemente ajenos a los individuos del complejo social, entonces vemos un problema, no de intereses, ni de malas influencias, sino de quiebre social.

¿Qué sería del mundo si la ciencia, la educación, el derecho, el periodismo, la medicina, la farmacia, la política, estuvieran completamente en pro del desarrollo armónico humano? Si cada persona que trabajase en estas y todas las áreas trabajase para las mismas personas, y no por el dinero ni para el bien de unos pocos.

En un organismo, cada pequeño aspecto es necesario, es vital, y eso genera el perfecto equilibrio y la capacidad de adaptación, supervivencia. Más en la humanidad, hay grupos por encima de otros. Incluso aun, en el siglo XXI, quien paga más tiene mejor lugar en el avión. Que por muy normal que esto nos resulte, es una forma retorcida y primitiva de comportamiento que en ningún reino animal encontraríamos, pues en cualquier lugar, en cualquier sociedad sana, sería quien más aporta quien tendría derecho a un asiento mejor: abuelas, abuelos, trabajadores jornaleros que nos traen el alimento a casa, albañiles que nos construyen las casas, madres que cuidan de sus hijos, nunca políticos cuando su labor es únicamente gestionar nuestros recursos para que todos podamos disponer de todo y claramente esa labor aun no la han resuelto, o los adinerados gracias a contribuir para que el sistema que da tantos privilegios a unos pocos se mantenga.

Utilizamos la misma forma de institución, la misma política, las mismas secciones profesionales e incluso los mismos rituales, festejos y tradiciones que se usaban en babilonia, las cuales fueron heredadas por la antigua Grecia, quienes no distaban tanto de los primeros, y fueron absorbidas por Roma, y por otros y por otros. Y aunque creamos que existe una democracia superior y más moderna que en la antigua Grecia, lo cierto es que, en aquel entonces, cómo dato curioso, los políticos no ganaban dinero para impedir la corrupción. Los políticos en la antigua Grecia tenían la obligación de trabajar gratis durante dos años.

Sin saber aun cual es el “linaje divino” que se asignaban las diferentes monarquías en la antigüedad, hoy día continuamos respetando sus figuras de autoridad.

Lamentablemente para ellos, en este tiempo actual la antigua Babilonia se derrumba. Sus rituales, sus tradiciones, sus estructuras sociales. Se derrumba incluso el periodista que informa al pueblo para que aquellos que estén en el poder aparezcan superiores, tal cuál ocurría entonces. Posiblemente seamos testigos de sus últimos coletazos para intentar mantener su poder ante el pueblo.

Hoy en día emerge un pensamiento diferente que desarma el entramado social que hasta ahora conocemos, pudiendo dar la posibilidad de reconstruir una sociedad donde cada entidad, cada individuo, cada colectivo, esté completamente comprometido con el todo, y no con sus propios intereses o con el bien de unos pocos. Pudiéramos decir que estos próximos 20 años nos ayudarán a dar forma a esta realidad.

Si atendiéramos a la historia, cada vez que un ser de estos linajes, reyes de Babilonia, Persia, monarcas de diferentes linajes, dictadores, zares… , o una personalidad importante que actuaba en la sombra, políticos que aun hoy actúan en nombre de sociedades secretas por ese nuevo orden mundial que han inventado para seguir gobernando e imponiendo su poder, incluso su dinero, sus intereses, su familia pudieran correr peligro, rápidamente observaremos en la historia como había una gran guerra entre la población que dejaba tan mermado al pueblo, que tras esa guerra no quedaba más remedio que asumir cualquier mandato o situación, en la mayoría de las veces incluso olvidando quien estaba en el poder o cómo había llegado allí, sin entender que su libertad individual seguía siendo inexistente.

¿Seremos capaces de no caer en los errores del pasado? ¿Pudiera ser que lleguemos a una forma de sociedad donde no sea necesario que existan 1.000.000 pobres para generar un rico?

Sólo en armonía, igual que una familia unida, donde cada grupo, colectivo, organización y cada pequeño individuo comprende el valor de la humanidad como un todo, podremos escapar de esta triste situación donde, aparentemente hemos evolucionado, pero seguimos teniendo el mismo entramado social que hace siglos, los mismos hábitos y los mismos problemas.

Y llegará el día que saldrá a la luz como estos mismos gobernantes actuales, que son descendientes de los mismos antiguos, en la sombra, continúan realizan los mismos antiguos y perversos rituales mientras la gran mayoría de la gente, desconociendo esto, continúa dando su libertad desde el nacimiento sin saber si quiera que pueden elegir.

Entonces es tan sencillo como recordar que el periodismo está ahí para informar, su único objetivo es entregar la verdad; la educación está ahí para ayudar a desarrollar la inteligencia en el humano, no individuos trabajadores y sumisos; la medicina está ahí para generar salud, igual que la farmacia; y la política, mal que les pese, su único servicio es asegurar que todas las personas tienen comida y techo.

Lamentablemente, poco de lo que se diga ante esto genera un buen acogimiento, porque la sociedad Babilonia nos enseñó algo: el temor a lo desconocido. Con este temor, se aseguran que no haya posibilidad de crear nada nuevo, ni si quiera de imaginar una forma nueva de sociedad, de religión, ni si quiera un cambio en el rol social. Cualquier forma nueva es tachada de anarkismo, revolución, y es temida como una agresión a su sistema, el cual les permite esclavizarnos y dirigirnos.

La historia nos muestra como los mismos descendientes de estas sociedades inventaron la izquierda y la derecha para hacernos creer que unos u otros defenderían nuestros intereses, los intereses del pueblo y tener así entretenido al pueblo peleando por estos dos grupos, a la vez que creía que había personas luchando por ellas, cuando realmente esa izquierda y esa derecha continúan respondiendo a los mismos líderes y las mismas fuerzas que en el pasado.

Y, nos guste o no nos guste, el pueblo seguimos siendo esa manada sin derechos movidos a voluntad de los superiores, por miedos que nos infunden, creencias que nos entregan, incluso educación que ellos mismos definen como imprescindible para que podamos ser una herramienta útil para la sociedad, perdón, para “su sociedad”. Todo un entramado apoyado por funcionarios, tranquilos porque supuestamente hacen un bien útil a la sociedad a la vez que tienen “derechos”. Así se construyó pues una población atormentada con los mismos fantasmas que han construido para que tengamos temor, y entretenida a fin de no pensar y seguir moviéndonos como un rebaño sumiso y fácil de dirigir.

Mirándolo bien, lo más interesante que vemos en este sistema que asegura la obediencia de todos, son los derechos humanos. Los derechos, aunque creamos que nos dan libertad, son la excusa perfecta para generar obligaciones, cargas, responsabilidades. ¿Qué persona, que individuo tiene capacidad de otorgar libertades y normas a otro? ¿Gobernar a alguien es tan fácil como entregarle libertades que ya tiene por ser humano, y después oprimirle con obligaciones que no tenía antes?

Luego está la creencia, el fantasma, de que si una persona no tiene esos derechos y obligaciones, será un despropósito social, un peligro. Y todos, todos los que asumen los derechos humanos, asumen igualmente que la persona que los niegue, es peligrosa. ¿Pero porqué nos han enseñado que quien no asume esos derechos es peligros? Tal vez quien no asuma los derechos humanos, no es porque no asume los derechos o las normas, sino sencillamente porque no asume que le gobierne quien está detrás de esos derechos. Pero el fantasma creado, el miedo creado, es hacia quien los niega sin más, independientemente de sus motivos.

Cuando este fantasma toma vida, la sociedad se convierte en un instrumento represor al completo, el cual anula las libertades individuales a fin de protegerse.

Digámoslo así, la carta de los derechos humanos, las constituciones, todos sabemos que no se aplican a todos los individuos, algunos, están por encima, incluso por encima de nuestros gobiernos, y sin embargo asumimos leyes por los supuestos privilegios que nos da, aunque más que privilegios son la justificación perfecta que tendrá un líder, para cambiar a su gusto y poner todas las obligaciones que desee.

En la antigüedad esto era así. El rey en Babilonia, puesto ahí supuestamente por ser linaje directo divino, decidía qué podía y qué no podía hacer el individuo pequeño. Tenía poder sobre el individuo e incluso cada persona, no nacía libre, sino que era propiedad del rey. Y esto se mantuvo así durante siglos. Era una realidad y todos eran conscientes. En Grecia, en una supuesta democracia, esos reyes estaban en su cultura dispuestos como dioses, quienes imponían las normas y derechos del pueblo, y los “ciudadanos privilegiados” tenían la capacidad de hacer cumplir esas leyes. Los ciudadanos privilegiados serían como hoy los funcionarios de esos dioses.

Y fue después, con Ciro el Grande, rey de Persia y el último gran rey de la antigua cultura Babilónica cuando se crearon los decretos de Ciro, la primera carta de los derechos humanos. Una estrategia impresionante que aseguraría a los babilónicos gobernar hasta la fecha. En aquel momento, Ciro, siguiendo los sabios consejos que la historia le entregó, con gran temor de no poder gobernar y tener esclavizado a su gusto el pueblo, decretó que desde aquel momento, se disolvía la esclavitud, las personas tenían derecho de elegir, decretó la igualdad entre razas. De pronto todos tenían derecho de caminar por cualquier calle y lugar, todos tenían derecho a ser. Hombres y mujeres, personas de todas las razas y de todas la religiones, en todo la extensión de sus tierras, tenían “derechos”, derechos y libertades que el mismo gobernador, amo de sus almas, había decretado.

Nadie comprendía que esos mismos derechos ya los tenían pues la misma naturaleza se los había entregado, todos asumían esa ley y ese gobierno con gratitud y orgullo.

Poco después, Alejandro Magno, aquel que la historia ha trasfigurado y ensombrecido enormemente, eterno rival por herencia de los descendientes de los babilónicos, retó a Ciro el Grande intentando acabar con los descendientes del imperio babilónico, y aunque en parte triunfó, más tarde, nuestra civilización nos muestra lo contrario.

Los derechos humanos son un simple gesto que aseguraba que los grandes reyes de Babilonia obtuvieran obediencia del pueblo por generaciones. Más adelante, este “truco” sería utilizado en repetidas ocasiones en el cuál una persona, por derecho divino, se otorga la libertad de definir las libertades ajenas, a fin claramente de describir en letra pequeña no sólo las obligaciones, sino que todas las personas, asumen sin duda, el derecho de gobernarlas, restringiendo toda libertad real y natural a fin de contentar con el espejismo de la aparente libertad.

Y aquí el actual temor, un temor constante en la sociedad actual, un temor en el rebaño de cada ganadero, aquél que se salga, aquel que vaya en contra de esto, no sólo pondrá en peligro su vida, sino que pondrá en peligro la de todos. El temor que te han enseñado de que si fueras libre y nadie te gobernaría, no sabrías respetar a nada ni a nadie. El mundo sería egoísta, un caos que hay que evitar. Pues ciertas personas, autodenominados dioses o hijos de los dioses, desde hace miles años, se han asegurado gracias a ese temor, gobernarnos con poderes ocultos que desconocemos y hacernos creer que sin su mandato, no podríamos vivir.

Pero hoy, claramente, sus rituales salen a la luz, sus dioses secretos salen a la luz, y una por una podremos descubrir como todas las culturas están enlazadas con los mismos poderes ocultos, con los mismos hilos, y los mismos temores. Podremos así cambiar nuestra historia de una forma pacífica y natural, hacia la libertad, el amor, el respeto y la cooperación.

Todas las personas nacen con derechos naturales, no es necesario un papel que nos recuerde esos derechos. Yo tengo flores en mi jardín, pero no les escribí ninguna carta de derechos entregándoles la libertad de oler bien o ser hermosas, y las obligaciones de no huir.

Todos nacemos libres ¿por qué debe existir una persona que decrete limitando los derechos naturales del individuo? Y si ese fuese el problema de nuestra falta de libertad sería fácil solucionarlo, pero realmente el problema son los millones de personas que trabajan para ejecutar ese plan por el temor de que unos pocos piensen diferente y destruyan su sociedad. Aunque hoy día, no hace falta nada externo para que esa sociedad se caiga, porque no es la sociedad en sí la que se está autodestruyendo, sino los hilos que la dirigen, las familias que por linaje, herencia, gobiernan desde la sombra, ellos son quienes que se han debilitado tanto que se están destruyendo, están en lucha entre ellos en su plan por crear un nuevo orden mundial.

Tenemos claro a estas alturas que ciertos individuos sólo buscan el poder, pero también existan muchas personas tan convencidas de ese poder que no les basta con obedecer esas esas leyes, obligaciones, con la simple tranquilidad de que tienen libertades y derechos porque lo pone en un papel, sino de trabajar para que esas normas se cumplan: profesores, fuerzas de seguridad, médicos, ingenieros, periodistas… no parece que trabajen por y para la naturaleza humana y la libertad o la verdad, sino para aquellos que imponen, gracias a los aparentes “privilegios” y derechos humanos, su poder sobre los demás. Aun a día de hoy, de cada constitución, pública o secreta, pues existen constituciones secretas de las que somos víctimas y actualmente han quedado demostradas con este cautiverio internacional impuesto y lo que ocurrió en los países que se han negado a ello, encontramos la letra pequeña en la que ningún individuo es libre de elegir si quiere o no quiere ser gobernado. Dicho lo cual, cada persona pierde el derecho de gobernarse a sí misma y pasa inmediatamente a ser “propiedad” de los herederos de los antiguos llamados dioses, que aun hoy se les menciona en los títulos de nuestros gobernantes, en el dinero, en las constituciones, en las instituciones, incluso en la agenda y en los días de la semana. Les nombramos a diario sin saberlo y sin conocerlos. Nombramos y participamos en rituales de dioses y seres que no me atrevo ni a mencionar.

Seguimos lamentablemente, rezando y nutriendo, a través de nuestro día a día, a dioses y entidades que desconocemos, y hoy, claramente, ese extraño sistema político se tambalea. Y como en el pasado, pudiera ser que estos poderes ocultos que mueven esta situación generación a generación, por linaje según ellos mismos aseguran divino, o crearan un nuevo espejismo de derechos humanos a fin de tranquilizar al organismo que están controlando, o asfixiarlo más. Pudiera ser como hicieron en el pasado que generen una guerra. Pues el error en la historia fue la revolución. La guerra no es más que un instrumento para perder la libertad humana. Hoy vemos cuán frágil seríamos los humanos de caer en ese error. Pero recordemos día a día que tan sólo en el amor y la cooperación encontramos respuestas y prosperidad.

La libertad, la inteligencia y la evolución surge claramente cuando cada persona lucha y trabaja por y para ella misma, lo cual inmediatamente la sitúa en equilibrio con la naturaleza y con su entorno. Una persona que actúa por y para sí misma, es libre porque no trabaja por el dinero, ni trabaja para ser mejor que otros, ni trabaja para obligar nada a nadie, ni busca dañar a otros, al contrario, cuando desde la infancia aprendemos a aprender, por y para nosotros mismos, a comer, a trabajar a vivir por y para nosotros mismos, el egoísmo, la tiranía y las injusticias desaparecen, y a la vez, aparece la comprensión clara de lo que es esclavitud y lo que es libertad. Entonces el individuo no sólo es respetuoso, si no también que su vida estará dirigida a construir algo común, pues las personas somos individuos sociales.

Yo sólo soy una pequeña persona, insignificante pero completa. Ingobernable por otros, que obedezco a las leyes del Universo.

Me declaro un ser libre. Elijo mi destino, que es mío, y me responsabilizo de él. Me declaro libre, y dejo de ser propiedad de los gobiernos, dejo de ser propiedad de sus intereses, dejo de ser ese número que me han asignado al nacer. Por tanto, como una flor, la lluvia, las olas del mar, la montaña o el manantial, vivo en armonía con mi entorno, pero no bajo el yugo de aquellos que se creen dioses.

1 comentario en “La sociedad y la libertad personal”

  1. Altair, me ha encantado..estoy de acuerdo en todo lo que dices, cuantas verdades..me has emocionado con el párrafo final..muchas gracias

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