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Filosofía y enseñanzas espirituales

La materia viva

Cuando las personas descubrimos qué está vivo en el planeta, diferenciamos entre lo que tiene voz, ojos, cara. No nos gusta aceptar que una piedra pueda estar viva o contener alguna pizca de vida. Pero la piedra, en su idioma, también habla.

Las plantas se emocionan, las piedras nos hablan e incluso el océano se entristece y grita. El planeta está lleno de vida, no sólo de organismos multicelulares sino también de todo lo que hay sobre él.
Nuestra pequeña mente, cerrada a un mundo donde todo pueda ser más consciente que ella, no es capaz de percibir esta realidad fácilmente y por ésto me veo intentándolo explicar. Creemos que sólo puede hablar o ser consciente una pequeña parte, separemos nuestra creencia ciega y abramos el corazón a lo que realmente vivimos y sentimos.

¿No es verdad que las plantas, las aves, todos los animales e incluso los más pequeños insectos saben exactamente de qué se tienen que alimentar? Lo hacen de un modo natural. El agua fluye hacia su purificación y cuando se estanca poco a poco se filtra bajo tierra de manera natural para que sea la misma tierra quien la proteja hasta que vuelva a ser agua purificada. Incluso las aves emigran durante meses para conseguir su equilibrio, su alimento, saben perfectamente dónde han de viajar; y guiadas por un instinto natural que no somos capaces de reconocer, ellas encuentran su lugar, su nuevo hogar, su alimento. No se detienen en lugares hostiles. Directamente saben dónde deben ir.

¿Pero qué pasa con el hombre? ¿Por qué si dejamos un hombre, varón, fuerte, de mediana edad, en medio de una selva tropical, donde abunda el alimento; o si dejamos a un hombre inteligente y capaz en medio de un desierto; o ya sea una mujer joven con un instinto agudo en medio del polo norte, no sabrán lo que deben comer? ¿Por qué si de manera natural todos los animales, seres, plantas, incluso el aire y el agua saben exactamente de qué deben alimentarse el hombre y la mujer no tiene ni idea?

¿Tan desconectado de la realidad puede estar un ser que habita un planeta que ni si quiera sepa cuál es el alimento, el aire o los lugares donde debería habitar o que debería tomar?

El hombre se ha alejado de la realidad. Vive en sus “casas”, se alimenta de su “comida” que la ha fabricado él. Durante siglos se separó de la tierra y modificó poco a poco plantas para que sirviesen de alimento tal y como él quería, modificó animales para que fuesen mansos y le siguiesen. Modificó tierra y aire para que le sirviesen en “su vida”, una vida ajena a la realidad.

Pero lo que es cierto es que el hombre no sabe en absoluto cuáles son sus necesidades básicas, son otros hombres quienes se lo dicen y se las colocan delante.

En el Universo, en cualquier planeta, en cualquier ecosistema, todos los animales viven en armonía con el entorno, saben que es sagrado este entorno. ¿Cuándo el hombre dejará de alimentarse de animales artificiales, de plantas artificiales y empezará a comprender que es parte del planeta?

Desde la realidad humana sólo es inteligente aquello que el mismo hombre ha cultivado, ha enseñado y domesticado y ha preparado para que obedientemente le siga. Todo aquello que no le “pertenece” no puede ser inteligente ni capaz. ¿No será ésto un poco de orgullo para no ver la auténtica realidad?

Os invito a recapacitar sobre ello y mirar más allá de esa vida tan artificial en la que todos vivimos. Observad la Naturaleza en su estado más puro y salvaje y admiradla como algo inteligente y capaz, mucho más allá de lo que una mente humana pequeña pueda construir. Ecosistemas adaptados durante milenios al entorno, al clima, a la fauna. Y hoy entramos en una era donde aprendemos a vivir dentro de ecosistemas naturales. Hoy queremos ser libres. Miles de personas, millares de personas, en todo el planeta quieren abandonar esta vida artificial y comprenden que ya no les sirve.

Los pasos que han de dar son: primero, comprender que la Naturaleza es más inteligente que ellos.

Segundo, abrir el corazón a una experiencia inolvidable donde la propia Naturaleza interna, la sabiduría de nuestra alma, reconoce cada Ser que habita el espacio.

Ya no habrá atacantes ni víctimas en la Naturaleza, no habrá aire sucio ni limpio, solo habrá belleza y equilibrio.

Las plantas hablan a quienes quieren escucharlas. Dicen palabras de amor al viento. Son sutiles. Cantan y a veces sonríen suavemente, pero su risa, a diferencia de la risa humana, puede durar horas y días; y es más armónica y espectacular.

Las piedras también hablan, hablan de movimientos, de cambios, de quietud, hablan de paz y silencio absoluto. Hablan de consciencia.

El viento habla, trae pensamientos lejanos, guía, empuja y se endulza cuando hay enamorados cerca.

Los animales, todos hablan. Algunos no saben qué decir porque llevan muchos años atados o encerrados, se sienten deprimidos. Otros cantan, se ríen de los humanos e incluso cantan al cielo en forma de rezos. Ellos también admiran, temen, sienten, intuyen, escuchan cosas que nosotros no escuchamos.

Los ríos cantan y susurran, tienen pensamientos sutiles, abstractos, son arte y movimiento constante. Les gusta sentirse bellos y se admiran a sí mismos.

A estas voces, a estos sentimientos, se les llamó siempre los devas y elementales de la naturaleza. Nuestra mente los apartó de la materia para comprender su inteligencia. Así, para un hombre normal, “una piedra no piensa, no puede pensar, no puede hablar, pero un espíritu de la naturaleza que la ronda, es posible, de todas formas si él no lo ha escuchado, ¿de qué le sirve saber esto?”

Ahora imaginad que está unido, que el espíritu de la piedra es la misma piedra, no hay diferencia. ¿Qué ocurriría si un hombre aplastase esa piedra? El espíritu desaparecería igualmente. Y si el espíritu desaparece, ¿dónde va esa energía de temor que la piedra sintió al ser atacada? Los hombres y mujeres del planeta no saben, ellos aplastan piedras, arrancan árboles, contaminan ríos y mares, ensucian el aire. No saben que la Naturaleza grita, teme o se entristece. Se han olvidado.

Y entonces, si es así: ¿Quién es ahora el demente? ¿Quién perdió la inteligencia natural? ¿Quién olvidó su origen? ¿El hombre, las plantas, la naturaleza?

Escuché tantos hombres y mujeres decir que no se puede hacer nada, que son otros los que castigan…. Pero somos todos nosotros, cada vez que olvidamos que no son seres entregados para nosotros, que la naturaleza no está a nuestra disposición, que es materia viva, que piensa, siente, recuerda. Olvidamos eso y olvidamos respetar lo más básico, la vida del Universo.

Podemos recuperar esa consciencia de inteligencia comenzando a respetarnos unos a otros, respetar el aire. Dejar de fumar, no por uno mismo, sino por el mismo planeta. Dejar de comer animales por el mismo planeta, por los mismos animales, dejar atrás los productos contaminantes, tantos productos contaminantes, geles, cremas, champús, jabones… no somos conscientes de lo que hacemos, hemos olvidado quiénes somos pero en nuestra mano está el poder cambiarlo.

Y ahora, si las plantas, los ríos, los mares, el viento, los animales y todo lo que podemos y no podemos ver piensa, si es inteligente, si es sabio ¿qué pensarán esos seres del hombre, que se cree Dios porque sabe matar?

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