Las enseñanzas de Krishnamurti

Jiddu Krishnamurti (1895-1986) fue un hindú adoptado cuando era niño junto con su hermano por la Sociedad Teosófica, y puesto bajo la tutela de Annie Besant y C.W. Leadbeater.

En su momento, la Sociedad Teosófica, fundada en 1875 por Madame H. P. Blavatsky, creía firmemente en la llegada al mundo de un gran mesías, un nuevo Cristo o Buda que consideraban sería Maitreya. A través de la clarividencia de Blavatsky junto con otros videntes de la sociedad, dieron con Krishnamurti a quien consideraron que podría ser el ser iluminado que buscaban.

Sin embargo, en cuanto tubo edad para salirse, Krishnamurti abandonó completamente la Sociedad Teosófica y emprendió un camino de enseñanza en solitario. Incluso cuando su hermano permaneció en la Sociedad que les había adoptado e intentando adoctrinar, Krishnamurti abandonó toda conexión con ellos.

Krishnamurti no escribió ningún libro, salvo uno que pertenecía al grupo que le adoptó y parece haber sido escrito cuando él tenía 14 años. Era contrario a los libros, a las enseñanzas, a la doctrinas y la autoridad. Todos los libros de Krishnamurti que podamos encontrar, son transcripciones de sus conferencias. Estas transcripciones de sus charlas, aun partiendo de una contradicción, realmente son exquisitas enseñanzas espirituales que pueden ponerse en práctica cada día de nuestra vida.

Personalmente he dedicado mucho tiempo en mi juventud a estudiar y profundizar en las palabras de Krishnamurti, y pudiera decirse que es el maestro que con más respeto y amor aborda todos los aspectos de la vida, desde los más superficiales, crudos, políticos o morales, hasta los más íntimos y personales.

En sus enseñanzas busca que el ser humano se libere de la manipulación mental, de la tradición, de la monotonía, que encuentre la paz interior, la atención plena y aprenda a vivir sin manipular ni juzgar. Considera que en la misma búsqueda de uno mismo, en el conocimiento interior, la conciencia sacará a relucir toda la belleza y perfección del ser humano. Considera que un ser humano no tiene que hacer nada para ser bueno, perfecto, maravilloso, sino simplemente conocerse a sí mismo, amarse y permitirse ser.

Criticó las instituciones, la educación, los gobiernos y todas las religiones.

Sus enseñanzas se centran en el conocimiento de uno mismo. Un conocimiento que llevará al autodescubrimiento y al conocimiento de la esencia del universo. Uno debe dejar de depender del tiempo, de la educación, de las ceremonias y rituales y de la experiencia externa, incluida la búsqueda de un maestro espiritual. Entonces sólo busca en él mismo, aprende a conocerse incluso cuando no quiera mirar hacia dentro, aprende a descubrir todo dentro de sí mismo, esa es la meditación, ese es el trabajo, mirar dentro de uno como si fuese el mejor y único libro de conocimiento que cada uno necesita tener.

Cada gesto, cada emoción, cada pensamiento, es contemplado con amor hacia uno mismo.

Krishnamurti no enseñó ninguna técnica, ningún ejercicio, simplemente abogaba por esta observación sin esfuerzo, sin intentar controlar nada, ni cambiar. Una observación de uno mismo con amor propio.

La sencillez en su forma es magnífica, y en ese camino de amor propio y autodescubrimiento, aflora un silencio interior espontáneo. El ser humano cuando se centra en observar, abandona el perseguir los pensamientos, las preocupaciones, las angustias y visiones, el ser humano deja de buscar, generar, destruir, cambiar, manipular, y entonces es, entonces surge una atención consciente, clara, enfocada. Poco a poco, este estado lleva a vivir con plena atención, sin fragmentación entre el observador y lo observado, mente y observador se integran en la plena consciencia.

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