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Filosofía y enseñanzas espirituales

La Shanga o la familia de desarrollo espiritual

Hay un detalle interesante y profundo en los sutras de Budha, un detalle que podemos encontrar en el Sutra del loto que podría hacernos descubrir un requisito indispensable y previo a las prácticas avanzadas. En las primeras frases del Prajna Paramita del Sutra del Corazón del Loto descubrimos una pregunta que Shariputra le hace al noble Avalokiteshvara:

¿Cómo debería proceder un hijo o hija de noble familia que desea ejercitar la profunda Prajnaparamita?

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Al ver esta pregunta comprobamos que sería mucho más sencillo preguntar: “¿Cómo se debería proceder para ejercitar la profunda Prajnaparamita?” Sin embargo, en la pregunta clave del Sutra del Corazón del Loto antecede un requisito que muchas veces pasamos por alto, habla de “un hijo o hija de una noble familia”. ¿Qué significa esto? Esto señala la importancia innegable de la Shanga.

Una familia de crecimiento, noble, esto es, que actúe desde la verdad del corazón, con noble y pureza en sus sentimientos y en sus intenciones, sin mácula ni defecto, sin ambiciones personales, otorgará a una persona la posibilidad de profundizar en un trabajo que le ayude a iniciarse en la enseñanza. Y tampoco habla de introducirse como maestro, hermano mayor, sino hijo o hija, alguien que surge, que nace de la unión de la Shanga. El sentimiento grupal y compasivo debe ser completo, así como el sentimiento de pertenencia, pero más que este, el sentimiento de ser hijo, de ser el resultado de la Shanga, y no el generador.

En las enseñanzas grupales he descubierto como para algunas personas es un desafío desarrollar un sentir grupal, lo cual genera muchos problemas para ellos y para el alrededor. Algunas personas se niegan la posibilidad de abrazar al grupo, salvo en ejercicios particulares, olvidando en el día a día lo valioso y necesario de la familia espiritual.

Las relaciones individualizadas. Uno de los primeros problemas lo encontramos con aquellas personas que manipulan, abusan, roban energía y buscan un lugar privilegiado desde donde situarse. Con aparente buena intención, se sitúan siempre como veteranos, guías, compañeros experimentados, o bien realizan más preguntas que los demás, o bien gozan de ciertos privilegios que no son capaces de ceder.  Entonces estamos en un conflicto por la necesidad de exclusividad e individualización. El trabajo grupal no se convierte en un trabajo de familia, sino en un trabajo de empoderamiento personal y diferenciación. El ego se alimenta de los trabajos de familia cuando estas personas no son conscientes de lo que les ocurre. Tal vez crecen, incluso obtienen logros, más poco a poco, cada uno de estos logros les aparta más y más de los demás. Desde esta perspectiva cuando se inician ciertos trabajos, la persona no tiene una mira profunda grupal o familiar, sino que observando con necedad y desprecio a sus compañeros, tal vez con pena, su visión de la práctica es completamente personal. Su objetivo es ambicioso.

Este tipo de personas en un grupo tienden a romper y sabotear el trabajo grupal, tienden a alejar, a dividir. Cuando se encuentran en duda son los principales distractores. Cuando se encuentran con problemas buscan una atención exagerada.

La única forma de actuar de una forma grupal con personas que sutilmente o desde una supuesta sabiduría, con una máscara de bondad, crecen en exceso a costa de los demás, demuestran de más lo que saben, se enorgullecen de sí mismos, utilizan cualquier situación para hacer notar su superioridad y su sabiduría, o simplemente gozan de privilegios materiales o espirituales, rápidamente habrá que doblegar esta actitud. Con completa conciencia habrá que igualar el foco de atención y apartar cualquier tentativa que se realice de exclusividad hacia cualquier persona. Debemos notar que alguien así, cuando no consiga sus privilegios, cuando no sea escuchado, admirado, tenido en cuenta como individuo, posiblmenente empezará a generar problemas y división, y no es más que lo mismo desde otro lugar, habrá que aprender a mirar hacia otro sitio. Evitar en todo lo posible una atención personalizada.

Veamos con un ejemplo. Algunos niños no saben disfrutar ni jugar. No saben reír, realmente muchos niños tienen una atrofia emocional que no les permite ser libres en su juego. Entonces cuando aparentemente juegan, intentan generar admiración en el adulto, el niño o la niña querrá hacerlo bien, es más, en vez de jugar muy probablemente realice un dibujo para ilustrar sus mayores potenciales artísticos o no, adulando al adulto al que desea manipular, y entregará el dibujo al adulto. El niño carente de la espantaneidad, la risa y el juego propia de la infancia no comprende que está manipulando al adulto y que su único objetivo no es disfrutar ni ser libre, sino acaparar la atención del adulto. Sus dibujos con colores brillantes, corazones y palabras de amor, no buscan generar en absoluto un regalo de amor desinteresado, sino reclaman un vinculo mayor, una exclusividad en el trato, esperan un favoritismo y una atención basada en esta manipulación. Cuando el adulto observa esto, mirará el dibujo y no prestará atención, entonces el niño empezará a generar otras estrategias para lograr la atención personalizada, incluso no podrá jugar si el adulto no juega con él o ella, o jugará delante del adulto con miradas constantes y búsquedas de atención hasta lograr situarse en el lugar principal de la atención de quien desee. Es mucho más notorio cuando hay otros niños y niñas y el menor en particular, en vez de jugar libremente con los niños de su edad, busca la atención de los adultos, manipulándolos y haciendose notar más inteligente, más adulto, más astuto, con tal de lograr ser “el favorito”. Muchos adultos con gran ingenuidad piensan que esto es madurez, observan al niño y a la niña, sus hermosos dibujos, sus intentos de manipulación emocional y su deseo de acaparar con aparente bondad, frases que entusiasman y deseos de humanidad o ecología, y no ven un niño incapaz de jugar, incapaz de emocinoarse libre, no ven la necesidad de amparo y atención, de exlcusividad, no logran observar la tremenda soledad y dolor que vivirá un niño para cada día realizar tantos esfuerzos por manipular la atención de los adultos y ser así “el preferido” en cada momento, sino que, ingenuos los adultos ven en ese niño o niña, un ejemplo de madurez. Entonces empiezan los problemas, se le sitúa en un lugar privilegiado, se le entregan trabajos y ejercicios privilegiados, atención privilegiada, no porque la merezca, sino porque sitúa la atención a su alrededor para estar en ese lugar. Y así continúa hasta que esta persona, de adulta, es incapaz de sentir el amor en el grupo, de jugar en el grupo, y continúa creciendo en comparación, en exclusividad y con individualismo. Esto mismo ocurre en el grupo espiritual. Tal vez algunas personas estén haciéndose notar, manipulando su postura para verse mejor, buscando ser amadas, aceptadas, ser guías, consejeros, pero realmente no saben disfrutar y soltarse en la libertad del amor y la familia espiritual.

Entonces la práctica desde el grupo es notar esta carencia de amor y ayudar a la persona a integrarse, ignorando cada una de las actitudes que lleven a atraer una atención en particular. Sería incluso en algunos casos necesario dejar de contar con esa persona para preparar, organizar o inciar trabajos o cerrarlos, pues de la misma forma en el colegio son los niños “preferidos” los más adultos los que conocen detalles de organización, iniciacin y cierran los trabajos, y muchas veces pertenecer al grupo de organización es señal igualmente de favoritismo.

Cuando estas personas se encuentren en unas prácticas más profundas, será normal que se alejen, que se sientan superiores o sientan que no las necesitn. No habrá profunidzación porque toda profundización en una práctica espieitual requiere un esprítitu familiar. Saldrán de3l grupo juzgándolo y analizando sus puntos por desarrollar, sintiendo que les han superado.

Por otro lado algunas personas son saboteadores de las actividades y actitudes grupales actuando con una energía negativa grupal. Tal vez realicen tareas en concreto, cómodas e individualistas. Pero su actitud grupal no es llevadera. Estas personas se muestran especialmente incómodas, desagradables. Critican, comparan e incluso insultan a sus compañeros con desprecios y comentarios dañinos. A diferencia de las personas que interactúan desde la exclusividad, los saboteadores que frenan el trabajo, realmente son visibles y notorios por lo que normalmente no suponen mayor problema. Ellos mismos, según las prácticas les obliguen a abrirse, tenderán a alejarse o a integrarse. Muchas veces necesitarán un fuerte desbloqueo emocional. Aquí tenemos no las personas manipuladores, sino al contrario, aquellas que muy probablemente han sido manipuladas, con buenas formas, con amabilidad, algún familiar desde la niñez, tomaba las decisiones esenciales de su vida hasta lograr una actitud bohemia, desagradable y caprichosa. No se trata de una sensación de superioridad, sino una protección en base a la negación propia y ajena. En casos extremos tendríamos personas iracundas, descontroladas emocionalmente. Con un sentimiento de total desolación y desesperación, actúan más negativamente cuanto más amadas son. Sobre todo cuando ese amor no está sostenido por la obligación de tomar ciertas decisiones.

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En niños o niñas serían aquellos que sus padres o madres les ven como “enfermos” o necesitados de cariño. Son aquellas personas que nunca han recibido un abrazo por amor, sino por pena. Aquellos que son amantados hasta mayores, no porque lo necesiten, sino porque otros piensan que no son capaces, que no podrán salir adelante. Entonces surge un dolor en la forma y conducta grupal que genera no indiferencia, como en el caso anterior de personas que buscan exclusividad, sino desprecio, pues la gente ríe, disfruta, ama, y no lo hace por estar enferma o necesitada.

Gracias a estas personas en un grupo aprendemos la importancia de abrazar y amparar al compañero no porque lo necesite, sino porque eso hace el grupo. No abrazamos desde la pena, ni desde la intención de sanar. Incluso aconsejo alejarse de aquellas personas que necias piensan que sus abrazos sanan, esperando a verte con dolor para abrazarte y sentirse superiores a ti. A veces el amor no es amor, sino una justificación de verse superior. Entonces los abrazos no son apapachos del alma, sino desprecios al otro. “Te abrazo porque lo necesitas” . Tengamos la dignidad de abrazar, a nuestros hermanos, amigos, compañeros, hijos, desde el alma, disfrutando de lo hermoso que es el amor, y no manipulando ni creciendo con el dolor ajeno.

Cuando las actividades grupales, el sentimiento familiar crezca sin interés del dolor ajeno, cuando las prácticas se profundicen hacia la espiritualidad y el grupo se aleje del tan necesario apoyo en la emoción, la actitud y los paramitas, entonces estas personas saboteadores se convertirán en los mejores aliados del grupo y la familia. Su sentimiento probablemente se torne de violento y agresivo a amoroso y tranquilo. Se sentirán protegidas, encontrarán en su familia no sustento y apoyo, sino desinterés y cariño. Al verse útiles y parte de algo que les abraza no por ellos lo necesiten, sino porque hay amor, se abrirán a una experiencia nueva en la relación.

Por último nos encontramos con personas que sabotean el grupo participando de una forma perezosa, sin ánimo, sin gusto por nada. No buscan exclusividad, ni tampoco dañan a otros, simplemente no hay motivación alguna. A veces observamos a la persona y pensamos que le daría lo mismo realizar esa actividad o cualquier otra, no parece que haya ningún interés. Uno incluso se alegra al escuchar que preguntan y recuerdan alguna cosa.

Posiblemente no sea fácil encontrar pasión o alegría cuando esta no la hay en nuestras vidas. Y no creo que sea necesaria la pasión en una búsqueda interior, pero sí una actitud motivada y plena. Ante estas situaciones es bueno también variar la actividad, los trabajos, las enseñanzas a fin de potenciar una actitud de escucha correcta.

De la misma manera que encontramos una disposición incorrecta en la participación de una enseñanza más profunda espiritual, podemos encontrar esa disposición incorrecta en la persona que enseña.

Deberíamos discernir 3 atributos en esta persona: diligencia, bondad y equilibrio.

Una actitud motivada y diligente en el trabajo y en cualquier área. Un guía espiritual no debería tener tantas preferencias en sus gustos como creemos, pues una de las cosas que se desarrollan es una motivación desprovista de ego. Entonces a esa persona no le importará tanto cocinar, barrer, enseñar o ayudar. No hay preferencias. Cuando observamos un guía o compañero que nos enseñe y su principal interés sea la misma enseñanza, entonces estaremos observando una motivación egoísta.

A veces la persona en esta diligencia, en este servicio, se desvive por los demás realizando más tareas de las que debiera, entonces no hay una motivación desprovista de ego pues en ese caso no sabría delegar.

En esta diligencia también esta integrado el sentimiento de entrega de ese servicio. Por ejemplo: una persona que encuentra un camino interior o una práctica en particular del camino interior, tras años de práctica habrá sentido la necesidad de trasmitir lo que aprendió, o tal vez se lo hayan pedido, en cuyo caso empezará una enseñanza basada en el trabajo realizado. A veces, de hecho en la mayoría de los casos, las personas no desean trabajar y enseñar lo que están aprendiendo, simplemente la práctica espiritual es su forma de vida, no necesitan enseñarla ni dedicarse a ello. Pero en algunos casos, esta enseñanza se convierte en el trabajo fundamental de la persona. Dedicarse a un camino espiritual no conlleva ser maestro espiritual. Al contrario, lo normal es que uno sienta la necesidad de refugiarse, entrar en silencio, apartarse del ruido, o sentir a la familia y a todos como iguales, y lo menos que un practicante suele esperar es dedicarse a enseñar lo que con tanto agrado en el silencio y la intimidad siente. Todos los días nos calzamos, nos hacemos expertos en ponernos los calcetines y los zapatos, es algo que hacemos todos, todos los días, y no por ello vamos a dar un “cursillo” a cada persona descalza de cuál es la forma más correcta de calzarse.

Ser guía espiritual, o maestro, no es entregar enseñanzas, sino generar una familia, o reunir a la familia de la humanidad. Un guía, igual que un profesor, no es sólo quien trasmite los conocimientos, sino quien genera el espacio y el grupo adecuado para llegar a ellos. Esto significa que hay que tener no sólo vocación sino un espíritu cooperativo y voluntarioso, amable y motivado.

A veces nos esforzamos en buscar un guía por su sabiduría, pero esto sería como buscar el mejor matemático del mundo para aprender matemáticas. Mucho más importante de que sea bueno en su campo, es que tenga ganas e ilusión por transmitir esos conocimientos, y muchísimo más importante de que tenga ganas e ilusión por transmitir aquello que ya sabe, es que desee generar el camino o el grupo que sean capaces de descubrir por ellos mismos. Si favorecemos el ego espiritual, la persona o personas llegarán lejos, pero estarán solas en ese desarrollo, y allí donde lleguen igual. Si favorecemos el trabajo cooperativo, el reto será mucho mayor pues implicará constantemente tener un reflejo del ego espiritual y no poder crecer por encima de los demás.

Esta noble familia es la Shanga, es un grupo de personas en desarrollo, en el camino. Pueden tener un guía o no, puede ser ese guía el líder o puede ser otra persona con cualidades de liderazgo, la noble familia es el grupo unido por el sentimiento de búsqueda.

Cuando el grupo espiritual está trabajando en un nivel más profundo, la shanga se va expandiendo, pues su corazón y su sentimiento de familia se expande. La compasión y la conciencia abren la experiencia de familia a todo el mundo, entonces la persona concibe la Shanga como un vehículo para aprender a amar a todos los seres.

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