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Inteligencia emocional

Abrazando el dolor

Existe en ti un niño triste. Herido. Un niño abandonado o maltrato por ti mismo. Tal vez pienses que las heridas en el pasado, las historias que viviste lo han marcado, pero sobre todo, descubrirás que es tu propio autorrechazo y tu propia falta de autoestima lo que más dañan a tu niño interior.

Cuando el niño interior se disuelve en ti, cuando conectas con tu esencia y el niño y el adulto se hacen uno, surge la verdad en la persona.

Cuando tenemos una herida sin sanar, tan sólo es algo que hemos vivido en lo que nos hayamos quedado enganchados, consciente o inconscientemente. Se trata de un pedacito de ti que se desprendió en un choque de la vida. Tal vez no te diste ni cuenta, tal vez el choque fue una ilusión, o tal vez realmente fue una situación traumática y dolorosa. Entonces el dolor es inevitable. Pues en la vida el dolor existe, es natural y es inevitable. Pero el sufrimiento, si es opcional. El sufrimiento surge cuando sigues agarrado al dolor, cuando ese pedazo de ti continúa atrapado en el pasado.

¿Y porqué cuesta tanto liberarse de aquél dolor? Por que muchas veces nos odiamos, nos maltratamos y nos rechazamos por tener ese dolor. Rechazamos el dolor, incluido la parte de nosotros que lo sufre. Entonces el sufrimiento es mayor.

Cuando tenemos una herida sin sanar, uno no puede avanzar. Y cada paso que da algo duele, algo quedó perdido.

Las siguientes experiencias de vida que tenemos incluso pueden continuar siendo parte de ese dolor. Como una parte de ti quedó en el pasado cada vez que pisas un nuevo suelo, cada vez que vives una nueva experiencia, revives ese dolor. La cicatriz no se sana hasta que no recuperes esa parte de ti que quedó en el pasado. O dicho de otra manera, hasta que no te liberes de aquella experiencia a la que quedaste arraigado.

No es necesario ni si quiera que sepas exactamente qué experiencia fue. Tal vez fue en esta vida o en otras. Tal vez fue una herida que vives en el vientre materno. Es muy probable que no puedas recordarla incluso. Pero sí has de conectar con la emoción para que la puedas soltar. Es necesario que una vez más mires hacia aquella emoción y la liberes, la dejes salir. Entonces todo fluye y puedes avanzar sin más sufrimiento.

Aunque no es un proceso fácil ¿por qué? Pues porque no basta con emocionarse y ya, debes emocionarte “consciente” en todo momento de lo que estás viviendo. Consciente de la emoción o en un estado de consciencia plena.

Para que nuestra vida sea transformadora debe contener emoción y consciencia en igual medida.

De nada sirve actuar sólo con la emoción. Puede parecer un sentimiento dichoso o una liberación, sin embargo, si sólo hay emoción, sin consciencia en dicha emoción. Las emociones te empujarán sin control de un lado a otro haciéndote deambular y perdiéndote en un océano de sensaciones y emociones donde poco a poco sentirás que más te pierdes hasta naufragar.

Tampoco sirve actuar sólo con conciencia. Somos seres sensibles y sólo cuando el sentimiento puro se mezcla en las experiencias de la vida, estas resultan hermosas, transformadoras y sobrecogedoras.

Los actos extraordinarios ocurren cuando unimos conciencia y sentimiento en igual medida.

La aventura de tu vida comienza con abrazar la vida, con conectar con ella. Abrazando de igual forma cada cosa que llega a ti. Verás que hay cosas que no quieres abrazar, cosas que rechazas. Aprender a descubrir que cosas permites que lleguen a tu vida y cuales rechazas, por qué rechazas las cosas que rechazas, o de lo que hay en tu vida qué amas, que aceptas o que rechazas.

Cuando realmente estás en armonía con las cosas que haya, sean buenas o malas, las puedes cambiar, las puedes transformar o apartar de tu lado sin que surja ese apartarlas de tu ego o de tu temor. Pero cuando no hay aceptación, siempre será un rechazo grande a alguna parte de tu vida lo que estarás apartando de ti.

Recuerdo que todo sufrimiento surge siempre del apego o de la aprensión hacia algo.

Tu niño herido te ayuda a conectar con aquella emoción que resultó herida, te ayuda a ver a qué te apegaste o qué rechazas, y te ayudará a conectar con tu herida desde la sabiduría y el amor.

Si acaso te cuesta conectar con tu alma, entonces abraza todo lo que haya en ti, sintiendo que eres un ser inmenso, como una gran madre, que abrazas a un bebé diminuto, un gran ser que abrazas tu propio dolor. Realizas esta meditación con amor, paciencia y sintiendo que tu propio abrazo consciente disuelve poco a poco tu dolor hasta abrir tu corazón y tu mente en una expansión de luz y felicidad plena.

Si este sencillo ejercicio te cuesta, también es hermoso sentir que Dios te abraza. Sentir como Dios está en cada cosa que te rodea. Tomar plena conciencia de que algo divino y hermoso te rodea y lo rodea todo. Una gran inteligencia amorosa que lo gobierna todo y lo rodea todo. Entonces dejarte abrazar por esa inteligencia divina.

Poco a poco sientes un descanso, una tranquilidad, luego una gran liberación.

Cuando hacemos este ejercicio, cuando lo naturalizamos, poco a poco tenemos el deseo de abrazarlo todo. Abrazar al otro, su dolor, su temor, su ignorancia, incluso su soledad. Sientes deseos de abrazar el dolor del mundo y disolverlo en ti. Y de este abrazo surge gran felicidad y dicha que expandes en todas las direcciones alimentando cada ser que te rodea.

Esta hermosa meditación, dicen que es la más antigua que existe. Se llama Tonglen y realmente es transformadora.

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