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Filosofía y enseñanzas espirituales

Pāramitās

Los Pāramitās son las claves del desarrollo personal. Literalmente significa: “haber alcanzado la otra orilla”. Son las claves de “cómo” actuar, trabajar, ser, para lograr entrar en el camino y descubrirlo por entero. Sin los Pāramitās, sea cual fuere el nombre en cada religión, toda filosofía espiritual es incompleta.

Los valores, tal y como los conocemos en occidente, son aquellos aspectos a los cuales damos “valor” en la vida, pero también son los aspectos valiosos de una persona, o los aspectos que dan valor a una persona.

Posiblemente guiados por nuestra sed de respuestas rápidas, o de un conocimiento claro, olvidamos desarrollar los Pāramitās con plena conciencia de lo que esto significa, para el camino interior y para nosotros mismos.

Los Pāramitās son virtudes, perfeccionamientos. Para que podamos comprender su trascendencia, lo único que diferencia un Bodhisattva de un discípulo, es el desarrollo completo y trascendido de los Pāramitās.

Pero aunque podamos observar los Pāramitās como simples virtudes, también son enseñanzas profundas y completas.

En el budismo Mahayana se concretan Seis Perfecciones:

  • Dāna: generosidad
  • Sīla: virtud, moralidad, honestidad, conducta apropiada
  • Kshanti: paciencia, tolerancia
  • Viriá: voluntad, energía, esfuerzo
  • Dhyana: concentración, contemplación
  • Prajñā: sabiduría
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Tilopa

Dāna o Generosidad

El desarrollo de la generosidad no sólo es un trabajo de aprendizaje del desprendimiento y el desapego, sino sobre todo del amor en la entrega desinteresada.

Desarrollar la correcta generosidad nos ayudará a diferenciar los chantajes, las deudas sociales, la manipulación a través de la falsa generosidad, la vanidad de sentirse humilde, etc.

La correcta generosidad no surge del deseo de ser mejor persona, ni del deseo de querer ayudar, sino del sentimiento de unidad. Uno entrega porque la vida es entrega.

¿Qué podemos ofrecer? ¿Dónde nace la generosidad? Existe generosidad en un nivel material, emocional, mental o incluso espiritual.

En el trabajo muchas veces ofrecemos todos los méritos recibidos, esto se decreta de una forma sincera y clara, y comprendemos que la búsqueda de méritos propios echará por tierra todo el trabajo realizado. Entonces buscaremos realizar un trabajo interior no para nosotros mismos, sino para y por el mundo.

También desarrollaremos la práctica de ser generosos con personas que no estén cerca nuestro, potenciando ese desinterés en los propios logros.

Poco a poco aprenderemos a dar de nosotros: alegría, felicidad, sonrisas, tiempo, Poco a poco aprenderemos a dar de nosotros: alegría, felicidad, sonrisas, tiempo, escucha, etc.

La generosidad también tiene un saber callar, un saber no aconsejar, no ayudar. La generosidad también implica darle al otro el poder de equivocarse, de decidir, de saltarse las reglas y responsabilizarse de sus asuntos.

Una persona generosa permite el espacio para que el otro pregunte, no responde sin que le pregunten, no aconseja a quien no le pide consejo, no envía sanación a quien no lo pide y tampoco entrega “limosnas” a quien no está pidiendo. Es generoso al entregar, pero no obliga a que el otro reciba.

En muchas ocasiones entregamos algo y esperamos que el otro lo reciba con agrado y nos agradezca, más, lo que entregamos con generosidad no tiene por qué tener un retorno. Tenemos que comprender que aquello que entreguemos a algunas personas no les gustará recibirlo.

Imagina un manzano que entrega manzanas, no elige a quien, es generoso, igual que el río con su agua siempre fresca y cambiante. Que a alguien no le gusten las manzanas, pues perfecto, el manzano no obliga a nadie a comerlas.

Generosidad también es saber compartir el silencio, saber decir que no. Generosidad es saber poner límites.

Generosidad nos lleva a saber escuchar sin convertir el dolor del otro en una búsqueda de la propia atención, por ejemplo, contándole cuando nosotros también hemos sufrido. Nos lleva a seber escuchar aprendiendo a callar, sin dar consejos, sin guiar, sin convertir la amistad en terapia gratuita innecesaria. 

Generoso es quien abraza sin la esperanza de que los demás se sientan bien, sino porque ama sin más.

Generoso es quien también sabe recibir.

Generosidad es aprender a dar, con amor. Pero también es saber escuchar, observar, oler, tocar, percibir y recibir del mundo.

Sīla o Virtud

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Milarepa

Sīla es la clave que representa a la persona en su pureza y transparencia hacia el encuentro consigo mismo. Consiste en la vida en coherencia.

En sus detalles representa el tener una buena voluntad en los actos. Desarrollarlo nos llevaría a no dañar a otros ni si quiera con el pensamiento. Pero en su trascendencia debemos comprender que al desarrollar la coherencia, cuando nuestra mente, nuestra palabra, nuestra acción y nuestro sentir están alineados, una persona empieza a tener una conducta virtuosa y rara vez dañará a otras personas.

A mi parecer este Pāramitā es la clave para seguir a tal o cual maestro o guía.

Cuando encontramos una persona que se muestra tal cuál es, que actúa según siente, con total coherencia. Que habla de lo que practica y que calla lo que siente que ha de callar. Que no da explicaciones ni las pide, que trata a todas las personas por igual, entregando a quien lo necesita y no a quien más reclama, entonces reconozco una persona virtuosa.

El desarrollo de sīla nos llevará a vivir una vida sin remordimientos, de tal forma que ni si quiera lo que otros difamen de nosotros nos perjudique, aunque todo lo que dijesen fuera mentiras.

Es el Pāramitā que nos acerca a vivir desde la verdad e integralidad, apartando adornos, caprichos, autoengaños y disolviendo cualquier actitud hipócrita y lastimera.

Ahora comprendamos que los Pāramitās también son enseñazas profundas, esto nos llevará a que, cuando la virtud externa sea manifiesta, la persona comienza a recorrer un desafiante sendero hacia el desarrollo de la virtud personal. Despejando toda duda mental y emocional sobre uno mismo, aprendiendo a descubrirse sin autoengaños y con atención plena.

Kshanti o Paciencia

El Pāramitā de la paciencia es el Pāramitā que nos llevará a vivir con felicidad. A través del desarrollo de la paciencia uno aprende a ser sin necesidad de avanzar más rápido, sin querer más de lo que posee, aceptando y permitiendo los ciclos perfectos de la vida. Fluyendo y celebrando en cada cambio que se genera sea cual fuere.

Primero uno aprende a aceptar, posteriormente transforma esa aceptación en gratitud, posteriormente transforma esa gratitud en apertura, y esa apertura transforma la mente y genera paz.

Kshanti es la puerta de la elevación hacia el silencio interior. Despeja las brumas del camino intermedio y permite vivir sin juicios y con el corazón abierto.

La prueba de Kshanti se da cuando en los momentos desafiantes nuestra mente se mantiene inalterable y mantenemos un estado de contemplación y atención plena sobre cada uno de los cambios que podamos vivir. Nuestra mente, como un bálsamo de quietud, refleja con detalle cada aspecto de este hermoso sueño, más nuestras aguas no se alteran y permanecen en paz.

Viriá o Voluntad

El Pāramitā de la voluntad nos lleva a mantenernos dirigentes en el camino, abandonando toda duda y pereza.

En la vida serán muchos los temores que nos aflojen y audaces intentarán frenar nuestra capacidad de avanzar. Muchas personas se sienten incapaces de enfrentar los desafíos de la vida, de transformar su vida, o realizan inmensos esfuerzos para que todo siga igual a fin de no tener que cambiar por dentro. El Pāramitā de la voluntad elimina todo temor y ayuda a encontrar la voluntad de un guerrero en el camino.

Por más que creamos que pueda ser contrario, realmente cuando más avanzamos en el camino, más retos aparecen, de formas más intensas aparencen los frenos de la vida, nuestra disciplina requiere más esfuerzo para lograr desarrollar la plena atención.

Es posible que al principio logermos tal estado mental que no nos queden dudas de que hemos alcanzado algo. Observamos nuestra mente y parece estar en paz. Observamos nuestro alrededor y aparecen señales de conciencia clara. Podemos incluso mantener ciertos estados contemplativos y no nos apegamos a ellos.

Es posible que incluso alguna persona haya podido tener algunas experiencias que pueda identificar como satoris o momentos de plena conciencia.

Pero todos sabemos que esto no significa que hayamos “alcanzado la otra orilla”, ni si quiera que estemos cerca. Tal vez sólo señala un inicio vago de un largo camino que posiblemente durará vidas.

En el momento que uno parece que haya alcanzado algo es cuando este Pāramitā debería desarrollarse con más fuerza, primero en la conciencia del vacío para abandonar todo espejismo de posesión de la verdad, y posteriormente para superar todo temor que nos lleva a detenernos, aunque sea en una verdad aparente.

Una persona que ha desarrollado este Pāramitā deja todo juicio, pues comprende que la voluntad tiene muchos aspectos. Algunas personas pueden desarrollar el coraje y la perseverancia a un nivel material, terrenal, físico, otras a un nivel emocional, otras a un nivel mental o espiritual. Es lo mismo. El desarrollo de la perseverancia y la voluntad tiene muchas capaz y poco a poco llevará a una actitud externa e interna de impulso, enérgica y despierta.

Dhyana o Concentración

Comprender el Pāramitā de la contemplación y concentración es clave para comprender la filosofía sobre la que tratamos. Se trata de mantener la mente enfocada y consciente.

Muchos pueden decir que la meditación pudiera parecer una evasión, pero más bien es una búsqueda de la plena atención. Es como ajustar los anteojos, como limpiar los vidrios de unas gafas. Despejamos todas las miserias, todas las superficialidades, enfocamos toda nuestra atención. Pero a diferencia de lo que parece, no estamos enfocando nuestra mente y despejando nuestros pensamientos. Un buen meditador no altera su mente, sino que la contempla igual que contempla el agua de una fuente.

Cuando observas la fuente no intentas parar el agua, no intentas que deje de haber agua, el objetivo de contemplar la fuente no es tampoco imaginar que te conviertes en el agua. Simplemente contemplas el agua. Todas las demás experiencias surgirán solas si han de surgir. La mente recreará millones de situaciones: deyabus, angustia, temor, sinceridad, silencio, calma, amor…. Millones de experiencias surgirán cada instante igual que las gotas de agua cada instante serán nuevas.

Meditar consiste en mantener el observador en plena atención sin intentar variar nada de lo que ocurre, hasta que llega ese momento en que desaparece el observador y surge la conciencia.

Y entonces seguir en plena atención, hasta que desaparece la conciencia y aparece el Ser.

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Y entonces seguir en plena atención, hasta que desaparece el esfuerzo por tener plena atención y da lo mismo tener los ojos abiertos, cerrados, gritar, amar, abrazar, el estado contemplativo parece inalterable.

Y entonces seguir en plena atención, hasta que no haya nada que integrar, nada que desechar, nada más.

Prajñā o Sabiduría

Cuando por primera vez topamos con los Pāramitās puede resultar extraño encontrar un Pāramitā como la sabiduría, la cual pareciera un resultado más que una actitud. Prajñā es la visión y el desarrollo del discernimiento. Nos llevará a actuar con inteligencia y actuar conscientes en cada paso.

Es la actitud correcta que nos llevará a caminar adecuadamente en el camino. Descubrir todas las mentiras, o verdades, que damos por supuestas sin ni si quiera meditar lo más mínimo sobre ellas.

Prajñā nos enseña a esperar, escuchar, observar, meditar, alumbrar y comprender cada detalle, nos guía en la forma de escuchar al otro y nos lleva a iluminar todas las sombras de nuestra mente.

Estos son los Pāramitās que se buscan desarrollar en el budismo Mahayana, en otras tradiciones encontramos más perfecciones, sin embargo en estas claramente ya podemos ver la base para un desarrollo completo e integral del ser.

1 Comment

  • Muchas gracias nuevamente. Me gusta el detalle de haber alcanzado la otra orilla. Parece que al desarrollar los Paramitas uno deja de tener que luchar para no ser arrastrado por la corriente

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