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Inteligencia emocional

Aprendiendo a escuchar el silencio con niños

Escuchar el silencio

Es posible escuchar activamente la totalidad, el Universo, las demás personas y todos los seres, eso es escuchar en el silencio. Es un acto que requiere escuchar con el corazón, abiertamente, y experimentar la unión íntima que existe entre todo lo que ES.

Algunas personas nacen con facilidad para empatizar y conectar con aquello que les rodea, por lo que deberían aprender a filtrar y equilibrar, mantener su mente en quietud aun a pesar de los cambios, otras personas deberían desarrollar más la empatía y conexión con todo aquello que les rodea para recuperar la paz, el equilibrio y la armonía.

Escuchar en el silencio requiere respeto, unión, compasión y amor. Se puede trabajar, aprender a reconocer esta cualidad y ayudar a otras personas con ella.

Cuando ante otra persona practicamos la escucha, estamos abriendo nuestro corazón a su experiencia, estamos escuchando su silencio.

La siguiente práctica es interesante realizar con niños y lograr así un acercamiento al niño a su imaginación, conexión y empatía, y a la vez generar un tiempo con los niños de calidad. Como todos los ejercicios, no se trataría de buscar que se haga bien o mal, si el niño no hace caso, si no escucha, si se ríe o se inventa lo que sea, no importa, no es tan importante el resultado final, sino el tiempo de escucha, que cuando es desafiante realizarlo entre las personas, mucho más será con los seres sintientes.

Diferenciación

Muchos niños son capaces de escuchar más allá de lo que se oye, sobre todo con animales y plantas. Parece que tienen una unión especial con ellos, que los entienden. Se puede escuchar un silencio entre ambos, un espacio de sumo respeto y conocimiento.

Algunas veces estos niños, sin venir a cuento, hablan y dicen algo que parece que han «escuchado» del más allá.

También hay quienes cuando pasan entre los árboles, extienden sus brazos acariciando aparentemente el aura del árbol. Suelen entristecerse o ponerse serios ante las heridas y traumas del tronco y buscan el agujero del centenario roble para poder hablar al corazón del viejo árbol. No les duele cuando cortan una rama, les asusta, pero sienten profundamente los cortes grandes, las heridas, la falta de aire puro o de luz solar.

Con los pájaros a veces parece que les siguen o que les hablan y con perros y gatos pueden mostrar un comportamiento parecido.

A veces no soportan ciertos animales, porque no los entienden, puede ser el caso sobretodo de animales domésticos como los perros, los cuales durante generaciones han sido diferenciados artificialmente para crear las razas que conocemos y genéticamente a veces tienen posibilidad de entrar en psicosis o claustrofobia. Los niños sensibles pueden reconocer ese cráneo que sostiene y presiona el cerebro creando irritabilidad, tensión, a veces sumisión, a veces locura.

Ante las personas, los niños que saben escuchar el silencio, no parecen interesados, sin embargo es porque esta cualidad no se utiliza para escuchar el ruido mental, sino para escuchar el corazón. Es irreal que el corazón esté triste o se sienta solo por lo que a veces las personas dicen, los traumas y las verdaderas heridas, en la mayoría de los casos yacen en el subconsciente, otras veces en el alma escondida.

No es necesario escuchar la mente humana, ni contemplar los actos de una persona para entrar en su corazón y abrazar a su ser. Sólo es necesaria la intención de amarla y dejar a un lado nuestras intenciones egoístas.

Pudiera ser que los niños estén imaginando o inventando o accediendo a escuchas que no son reales por somatización de alguna emoción familiar, ante lo cual es preciso actuar y observar con detalle el contexto. Por ejemplo niños que sienten o escuchan a un fallecido contínuamente a quien los padres, consciente o inconscientemente, les llaman con sus oraciones, temores o conflictos personales. Estos niños pueden estar años percibiendo no una entidad ni un ser de luz, sino una proyección de toda la emoción de dolor familiar.

Trabajar con niños que saben escuchar

Este trabajo potenciará la emoción y empatía.

Lo primero es que el niño sepa que realmente el árbol, el ave, la luz, la partícula, todo tiene voz. No tiene una voz como la de un humano ni dirá nada parecido a lo que la mente pueda decir, simplemente es como un susurro, un sentimiento.

Nos podemos tumbar al lado de un árbol y sentir, y nos paramos sólo a sentir. Luego nos llegará ese silencio acompañado de un soplo interior, un sentimiento, una herida, un abrazo, un alivio… así entendemos qué nos dice el árbol. No hace falta poner en palabras, ni en imágenes, consiste en sentir la conexión con el árbol.

También podemos sentarnos en el centro de un prado, y allí, ante nosotros, estará parado el duende jefe del prado, observándonos, lo podemos sentir y al sentirlo sabemos que su voz cuenta por todas las flores que allí habitan. Y nos mostrará si está enfadado porque le han pisado las flores, o porque hay pocas mariposas este año, o porque el viento sopla muy deprisa y muy frio y no es adecuado, o tal vez nos invite a reír en su inmensa alegría, a sentir su libertad.

Los niños han de saber que esto es posible, que es real, no es un juego ni una ilusión. Esto les dará confianza en sí mismos y a partir de esta confianza se puede avanzar.

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Prácticas avanzadas

Igual que podemos sentir un árbol, podemos hablar con las células de una persona, observarlas y sentirlas, podemos hablar con un pelo, con una partícula, podemos entender el firmamento, su origen, su destino.

En la formación de terapeutas este era un ejercicio habitual que ayudaba incluso a que el cuerpo respondiera de una forma física sin necesidad de ningún contacto.

La vida es como una melodía, cada sonido, cada nota musical, tiene correlación con todo el resto. Sintiendo y escuchando el dolor o la luz o el miedo o el amor de un solo cabello de una persona, podemos comprender todos los misterios de esa persona, toda su historia, toda su melodía.

Esto puede parecer un juego, pero a nivel molecular muestra una aventura muy interesante que puede llevarnos a comprender y estudiar los desafíos de los átomos y las moléculas ¿Quiénes somos? ¿De qué estamos formados? ¿Qué se ve desde dentro de las cosas? ¿Dónde se dirige el Universo? Todas estas respuestas están en la partícula.

Por ello sería una práctica hermosa, llegar al centro, a la esencia de algo, y buscar el sentido para ese algo, buscar su energía vital y comprenderla y amarla siendo parte de Todo lo que ES.

Más allá de esto, en silencio, podemos sentir y trabajar con lo que nosotros somos, con nuestro cuerpo material, con un pensamiento nuestro, con una idea o con un sentimiento, y vernos y sentirnos en esa parte de nosotros, pues esa parte es un Todo y nosotros somos ese Todo también. Aceptarnos y amarnos es un camino para llegar a lo que de verdad somos.

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