Chamanísmo

Aliados de poder y el inconsciente colectivo

La mente no es una energía divisible e individual, sino una manifestación esencial indivisible y perfecta que abarca todo el Universo. Todo cuanto te rodea es mente. Todo es mente.

Las montañas, los animales, los humanos, las células de tu cuerpo, el brillo del sol, todo es mente.

Y la mente tiene dos manifestaciones de la consciencia, es consciente de sí misma y del alrededor.

Así, todo cuanto te rodea es consciente de sí mismo y de todo cuanto le rodea. Así funciona esta unidad indivisible e inteligente de la que formamos parte. La ilusión de tener una mente concreta y dividida no nos permitirá comprender la inmensa conexión con todo lo que formamos parte.

Desde un entendimiento pequeño, logramos conectar con la mente inconsciente de la familia. Una psique ajena a un cuerpo concreto, la cual abarca generaciones de experiencias, pensamientos, secretos y voluntades que nos impulsa y nos hace creer que elegimos por nosotros mismos. La psique familiar, el inconsciente familiar, determina nuestro trabajo, nuestro matrimonio, dónde vivimos, nuestras deudas y nuestra salud. Repetimos patrones, nos vemos invadidos por la duda, nos sentimos desamparados, afortunados o arrastrados por este pequeño espacio mental que tantas veces ignoramos o dejamos de comprender su gran fuerza. Como un gran árbol con fuertes raíces, nuestra mente está sujeta a todo aquello que labraron nuestros antepasados y sus antepasados y los antepasados de los antepasados, así hasta el inicio de la creación.

Pero a veces una persona logra conectar con un inconsciente mayor, un inconsciente colectivo como el de una ciudad, una nación. Entonces nos vemos arrastrados por una ética, unas normas, unos recuerdos que golpean nuestra vida impulsándola hacia la consecuencia de aquellas experiencias que nunca vivimos. Guerras, concilios, religiones, política y capitalismo nos manejan por la fuerte inconsciencia de la que también formamos parte. Dejamos de ser lo que somos, pura esencia natural, y nos vemos identificados en patrones de conducta sociales, arrastrados por ellos, conmovidos por ellos. Comportando tal cual se comportaron hace siglos atrás en nuestro país, o tocando el claxon nada más salir a una carretera tan sólo por que “todo el mundo lo hace”.

Los humanos se unen en manadas de individuos que forman una gran mente grupal. ¿Acaso nos damos cuenta de ello? Y aquellos que se dan cuenta, muchas veces aprovechan las circunstancias para manejar dicho enjambre de personas. ¿Cuántos pensamientos podríamos llegar a tener en la vida diferentes del grupo, únicos y valiosos pensamientos que generen algo nuevo y personal? Muchas veces, al descubrir la gran estructura mental inconsciente social, actuamos contra ella, atacándola, intentando ir contracorriente, pero, ¿no es ese camino una forma de más de fortalecer el inconsciente grupal? Cuando a un grupo se le ataca, por el frente que sea, con el arma que sea, el grupo de se une con más fuerza, se identifica con más fuerza y se torna más y más rígido en su unidad.

¿Podemos salir?

El universo entero es una mente inmensa. A lo mejor no se trata de desconectar con el inconsciente familiar, ni con el inconsciente social, ni con el propio inconsciente, sino de iluminarlo.

Pero el humano no sólo interactúa entre sí mismo a través de esa gran psique colectiva, sino que también interactúa con otras mentes, con aspectos inconscientes de la naturaleza.

Desde siempre el humano puede conectar con el inconsciente de los animales, comunicarse con él, en función de la cercanía y afinidad.

Aquellas consciencias animales colectivas, con los cuales un individuo siente más afinidad y conexión, permiten un intercambio. Igual que una persona se siente llena de ira en una revuelta que nada tiene que ver con ella tan sólo por la conexión y afinidad hacia el inconsciente que se ha formado, igual que tantas personas lloran en ese funeral sin razón, sin conocer al fallecido ni a los familiares, arrastrados por una mente grupal poderosa y emotiva, igual que los artistas en un mismo año se levantan y empiezan a crear trazos nuevos de belleza y alegría, o inventores de todos los lugares, sin saber de la existencia de otros, empiezan a tener ideas únicas y arriesgadas, de la misma forma que una mente inconsciente aparentemente ajena a ti te puede conmover, arrastrar o atormentar, de la misma manera el inconsciente grupal animal te conmoverse, arrastrará o atormentará, guiándote, mostrándote o despertando ciertos instintos en ti, en función de tu conexión y afinidad con dicho grupo.

Aquella persona que vibra en una alegría similar a los chimpancés, comenzará de una forma inquietante y hermosa, a conectar con el inconsciente colectivo de los chimpancés. Y a esta unión o conexión se le denomina, aliados de poder.

Un aliado de poder no es un amigo sin más, sino una mente, un aspecto de la mente colectiva con la que uno conecta, a veces nos ayuda y otras veces nos paraliza.

En algunos pueblos, más conectados con la naturaleza, al descubrir esta conexión comprendían los privilegios que esto les ofrecía, y tomamaban una mayor consciencia de lelo iluminando este lazo de amistad. De esta forma, el humano en su trabajo personal podía transformarse en su aliado amigo, podía viajar en él, observar cosas que ocurrían en el otro confín del mundo a través de los ojos de sus amigos, podía recoger dicha sabiduría y utilizarla para sí.

Con el tiempo este trabajo se fue olvidando y pocos quedan que sepan comprender la hermosa conexión y amistad entre la mente de la especie humana y cualquier otra.

No todas las personas conectarán fácilmente con todas los inconscientes grupales o con la gran consciencia universal, pues habría que ser iluminado o plenamente despierto para poder lograr algo así. Tal vez una persona pudiera tener instantes de claridad y luminosidad que le permitan comprender dicha conexión, percibirla, y disolver unos instantes su experiencia individual en la unidad.

Pero sí conectaremos con aquellas mentes colectivas con las que tenemos afinidad.  Y no sólo en el mundo animal sino también en el mundo humano. Científicos entre ellos, profesores, médicos, madres, niños, conductores de autobús, enfermeros… todos formamos colectivos con los que nos identifiquemos o no, forman una mente grupal fuerte y poderosa que muchas veces acaban persuadiendo y dominando nuestra pequeña mente individual.

En el mundo animal, cuando conectamos con un grupo, con una consciencia colectiva, se formarán lazos que pueden abarcar muchas vidas. Cada mente colectiva nos entrega algo. Cada mente colectiva tiene unas cualidades, virtudes y deficiencias que nos pueden afectar.

Cuando entramos en la mente colectiva de una gran institución, sentiremos la fuerza, el orden, la seguridad, la norma, pero también sentiremos la deshumanización y falta de individualidad. Por ello muchas veces al trabajar en una institución, dejamos de ser un mero individuo completo y perfecto, y defendemos, con gran ahínco, valores, normas, y protocolos que nada tienen que ver con nosotros. Porque la mente colectiva se protege, se defiende, y para ello utiliza siempre a todas personas, seres, integrados en dicho conjunto.

Cuando entramos en una mente colectiva animal, las cualidades de dicho animal se manifiestan en nosotros potenciando nuestra intuición y conexión con la naturaleza.

Cada animal, cada conciencia grupal animal, tendrá unas características, y conectaremos con dicho grupo cuando nosotros también tengamos algunas de dichas características.

Por ejemplo, la tortuga de mar es un hermoso ser con una conciencia grupal poderosa, tranquila, sabia. Es monógamo, respeta los ciclos de la vida y permite que sus hijos avancen en su vida con desapego y confianza en su destino. Nunca intenta ir contra corriente, sino que aprovecha todo lo que le rodea para sobrevivir y avanzar.

Una persona que conecta con dicha mente grupal podrá tener alguna o todas de esas características. Tenderá a esa forma de vida, y sentirá una afinidad por ese animal.

A veces admiramos un animal por su majestuosidad y belleza, pero no significa esto que sea un aliado, tal vez simplemente es un ser que nos llama la atención y nos gustaría ser como él.

Y muchas veces, conectamos con mentes colectivas de dolor, enojo, envidia, codicia y odio. Conectamos con animales venenosos, agresivos, descontrolados, dolidos.

Aprender a descubrir estas conexiones, aprender a conectar con nuestros instintos animales y descubrir su potencial o lo que generan en nosotros, es un trabajo divertido, hermoso y profundo que puede cambiar nuestras vidas.

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