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Filosofía y enseñanzas espirituales

Gobernando nuestra propia vida

¡Vivamos!

Este tiempo hermoso nos pertenece. La vida nos pertenece. ¡Vivámosla!

A veces no quedan ganas, o las ilusiones se nos han ido en un solo sueño vano.

A veces nos cuesta diferenciar lo necesario de lo absurdo. Pero vivamos y comprometámonos con una sola cosa, con la vida

¿Estás gobernando el presente? ¿Tu vida es tal cual desearías que fuese?

Esas emociones que hoy tienes, gobernarán el futuro, lo diseñarán.

Posiblemente haya fuerzas, potencias, energías o incluso personas que tengan un plan, una agenda, un proyecto nefasto para la humanidad, posiblemente haya quienes digan que somos muchos y tenemos que limpiar la población, o que decidan lo que es mejor para la mayoría. Pero da igual. Realmente da igual lo que unos pocos decidan. Importa si tú gobiernas tu propia vida ahora, porque si es así, también lo harás mañana y pasado mañana.

¿Ahora gobiernas tu vida?

Nadie te puede proteger de tus propias decisiones salvo tú mismo. Nadie te puede defender de tus propias emociones salvo tú mismo. Debes aprender a gobernar tu propia vida y que nadie más lo haga

Consagra tu vida a tu propio ser celestial.

Vendrán muchas voces correctas, maravillosas. Vendrán muchas personas, quienes podrán incluso hacer milagros, o demostrar que saben, pero tu vida es tuya y tú tienes que gobernarla, ¿por qué? Porque si no, cualquier emoción, guía, sentimiento o incluso marea que te gobierne hoy, lo hará mañana, y pasado mañana, entonces la vida no será tuya, será de eso otro que habla y decide por ti.

¿Que te gobierna la ansiedad? Será la ansiedad

¿Que te gobierna el miedo? Será el miedo

¿Que es un ser invisible? También será ese ser invisible

Pueden ser tus padres, tu pareja, tus hijos, las ordenes de otros, la marea de la sociedad, el dinero o lo que sea, si habla y decide por ti, eso también te gobernará mañana.

Este tiempo es importante decidir quién quieres que controle y gobierne tu vida.

El que controla no tiene problema, sabe lo que hace. Pero el pobre iluso que trabaja para el que controla tentándote con el temor, el que sólo quiere estar en una posición de verdad, de autoridad y de poder, donde aprovecha ese lugar, sí, pero no es más que una marioneta. Ese que dice que tan sólo cumple con su trabajo pero obliga, coacciona, manipula, miente para que su trabajo siga en pie, el que trabaja para otro y le da el control, no sólo suyo, sino de toda la sociedad, ese sí tiene un problema. Quien sigue la norma obligando a los demás a seguirla, quien sigue el protocolo obligando a los demás a seguirlo. Porque no sólo entrega su voz y su integridad, sino que entrega su voluntad y sirve como aquellos diablos que surgían en los puentes, asustando a todos los que pasan, obligando a otros a entregar su voluntad en nombre de aquello que él mismo desconoce.

El obliga. Y obligando mata la libertad, la vida, la voluntad personal. ¿Y todo por qué? Por un sueldo, pues ni si quiera sabe lo que está haciendo, ya que trabaja para voces superiores, y como perro fiel, jamás las pone en duda porque son quienes le dan de comer.

En este tiempo, la palabra obligación resonará mucho.

Obligación.

¿Acaso hay algo obligatorio?

¿Acaso hay un solo camino? ¿Una sola elección?

Este tiempo el sol que brilla sobre la Tierra nos hace creer que sólo hay una opción, y que es nuestra obligación. Nos hará creer que estamos en lo correcto o en el error, que hay una única verdad, que a veces la poseemos a veces no. Este sol, de este año, inicia con una fase donde la obligación aparece de formas muy extrañas.

Uno sentirá obligación de hacer, decir, pensar. Uno sentirá que sólo hay ese camino.

El sol brilla más, la sombra brilla más. Entonces todos creerán que sólo hay un camino, el que ellos decidieron.

Y ten cuidado con ello. Tu obligación, tu derecho, sólo es de vivir. Persiste sintiendo que una ley superior a tu piel gobierna tu vida y cada vez más estarás separado del espíritu.

Hoy, una ligera tiniebla no permite comprender que hay muchos caminos. Que uno elige cada instante desde su corazón. Uno olvida que además del sí y el no, existen muchas otras respuestas igualmente válidas.

Camina para reconocerte. Camina para gobernarte.

Si te apartas de algo, bien, si no te apartas, bien, si eliges ir en una dirección, bien está, sino, también bien está. El problema sólo es cuando otro elige por ti, o cuando eliges en base a una suposición, o cuando una verdad acompaña tus pasos. Tus pasos sólo los acompaña la vida. Si otro, sea real o ficticio, gobierna tu vida, este tiempo se complica.

Se complica porque de pronto no hay luz. Como en un sueño se enturbia todo y no hay salida. Se complica porque eliges una luz irreal por encima de la luz de tu corazón, y esa verdad no podrá llevarse por los caminos más oscuros.

No se trata de cuál elección tomar, pero vamos a simularlo con una pequeña historia.

Juan caminaba por la vida despierto, feliz, le gustaban las flores y le gustaba ver a las personas cantar. A veces se detenía aquí, a veces avanzaba en la otra dirección, a veces no caminaba y como todos, a veces lloraba solo. Pero Juan era feliz, en su camino había idas y venidas, pero era feliz.

Entonces, cruzando un puente, encontró un diablo que pareciera que le estaba esperando, y cuando Juan estuvo cerca le dijo:

-¿Dónde caminas tan solo Juan? ¿No te das cuenta que en este tiempo y en este lugar te puedes perder?

-Hola buen hombre – respondió Juan ignorante de que los demonios pudieran existir – pues no me había dado cuenta. No había visto ningún peligro hasta ahora. Dime, ¿es muy peligro el camino de aquí en adelante?

-¡Sí!, ¡mucho! Pero yo puedo ayudarte. Si me dejas te ayudaré.

Juan, que no era tan tan ingenuo y le gustaba mucho su caminar, le dijo:

-No, gracias, no necesito ayuda, además, ¿por qué usted me va a acompañar a mí? ¿No tiene mejor cosa que hacer?

Entonces el diablo se sonrió y se escondió.

Más adelante comenzaron los problemas. Juan ya tenía el miedo en el cuerpo así que vio peligros que antes desconocía.

Primero tubo miedo porque vio que había gente en sus casas que cerraban las puertas al ir al dormir. Ya había visto eso antes pero ahora tenía el miedo dentro de si, así que comprendió que cerraban la puerta porque había peligros de los que se tenían que proteger y se sintió solo porque el no tenía casa, y se sintió desprotegido porque no tenía puerta que cerrar.

Luego caminando caminando vio una mujer llorando en el camino porque había perdido a sus hijos. En otro tiempo eso hubiera sido normal, es algo triste sí, pero es algo que nos puede ocurrir a cualquier persona. Sin embargo, Juan estaba alertado y empezó a pensar que estos eran los peligros que escuchó. Se sintió mucho más triste de lo normal, atemorizado y empezó a pensar que igual que esto había pasado a aquellos niños también le podría pasar a él.

Entonces siguió caminando y ya se sentía solo, desprotegido y asustado. Y justo en medio del camino estaba creciendo una flor, aunque esta flor algo le pasaba, estaba enferma.

Cuando Juan la vio pensó que el también podría enfermar y siguió adelante muy asustado.

Cuando llegó al siguiente puente se encontró nuevamente con el mismo diablo. Y esta vez le dijo:

-Hola Juan, que raro que sigas vivo. Ya te daba por muerto.

Con estas palabras, Juan le pidió protección sin dudarlo.

Juan y el diablo caminaron juntos mucho tiempo. Juan iba asustado, incluso con ese ser enorme que le protegía y le decía todo lo que tenía que hacer. Cada paso le preguntaba y el ser le respondía con el paso que tenía que dar.

-¿Puedo comer del fruto de ese árbol?

-Si claro, ese árbol está sano y no te enfermará

-¿Puedo comer del fruto de ese otro árbol?

-No, ese árbol te enfermará y te morirás.

Muchas veces el diablo le mentía, pero sobre todo le hacía dependiente y le debilitaba más y más la voluntad. Y el diablo estaba cada vez más feliz con ese pobre inocente y Juan estaba más asustado incluso con el diablo a su lado.

Un día ya mayor el diablo le dijo:

-Te dejo Juan, ya no tengo nada más que hacer contigo.

-¡Pero espera! Mi vida no ha acabado. Pueden ocurrir cosas horribles en el camino. Estaré solo, nadie me dirá por donde ir, nadie me protegerá, nadie cuidará de mi salud.

-Claro, y así era cuando te conocía.

-¡Pero no sabré que hacer! – respondió Juan muy asustado

-Eso ya no es asunto mío. Mira, yo te acompañaba porque tú me dabas alegría, vida, energía, voluntad, que era todo lo que tenías cuando eras joven y te conocía. Ahora nada de esas cosas tienes. Sigue tu camino, ya no tienes nada más que darme.

El diablo se fue y el pobre Juan murió de miedo bajo una encina preocupado por el más allá.

Así es la historia. El que te ama te empujará adelante y confiará en tu destino. No confiará en que te irá bien o mal, confiará en que es el destino que tienes que vivir y confiará en que podrás decidir por ti mismo. Quien te ama te dirá “tú puedes” y creerá en tus decisiones.

Ese que te amarra, que decide por ti, que da consejos, que incluso te dice cuáles son tus obligaciones, claramente no te ama, ni te ayuda a crecer, te debilita enfermándote de miedo, aterrorizándote y haciéndote creer que sin él, no podrías llegar a ningún lugar. Te dirá “hago esto por tu bien” mientras toma decisiones por ti.

Este tiempo extraño, deberemos aprender a decidir. Las personas deberán apartarse de ese diablo que les acompaña diciendo que han de hacer en cada momento. ¿No sabrá el pez que agua debe beber? ¿No sabrá la madre qué alimento dar a su bebé? ¿No sabrá la vida que surgió sola cuándo debe terminar?

La dependencia llegó a tal punto que casi cada elección de la mayoría de las personas, las toman los medios de comunicación de masas, los funcionarios, la moda o el flujo del dinero.

La persona temerosa quiere controlar todo, quiere controlar el aire, el alimento e incluso la muerte. Quiere controlar hasta a las demás personas, imponiéndose si es necesario sobre su propia voluntad.

No tienes la obligación de seguir a nadie, no tienes obligación de ninguna promesa, con nada, con nadie, ni si quiera con tus propias decisiones. Sólo tienes una opción cada instante: ¡respirar! Respirar con la mirada, con la boca, con el estómago, respirar con el cuerpo al caminar, respirar con la mente al hablar. ¡Respirar!

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